El hombre más peligroso del ciberespacio


Jacob Appelbaum –el ‘hacker’ estadounidense detrás de los Wikileaks– lucha contra los regímenes represivos del mundo.


POR Staff Rolling Stone México  



Jacob Appelbaum –el ‘hacker’ estadounidense detrás de los Wikileaks– lucha contra los regímenes represivos del mundo.

Jacob Appelbaum –el ‘hacker’ estadounidense detrás de los Wikileaks– lucha contra los regímenes represivos del mundo. Actualmente se encuentra prófugo de su propio gobierno

Por Nathaniel Rich

Jacob_Appelbaum_4227El 29 de julio, cuando volvía de un viaje por europa, Jacob Appelbaum, un larguirucho y modesto chico de 27 años, enfundado en una camiseta negra con el eslogan “Sé el problema que quieres ver en el mundo”, fue detenido en la aduana por un grupo de agentes federales. En una sala de interrogatorio del aeropuerto Newark Liberty, fue cuestionado incesantemente acerca de su papel con respecto a los Wikileaks, el grupo delator que ha expuesto los reportes de inteligencia más celosamente guardados sobre la guerra en Afganistán. Los agentes fotocopiaron sus recibos, decomisaron tres de sus teléfonos celulares –tiene más de una docena– y también confiscaron su computadora. Le informaron que se encontraba bajo vigilancia del gobierno. Lo interrogaron acerca del botín compuesto por 91 mil documentos militares clasificados que Wikileaks dio a conocer una semana antes, fuga de información que el activista de la era de Vietnam, Daniel Ellsberg, calificó como “la revelación ilegal de información más grande desde que se dieran a conocer los documentos del Pentágono”. Le exigieron dar a conocer el paradero de Julian Assange, el fundador de Wikileaks. Lo presionaron para dar sus opiniones acerca de las guerras en Afganistán e Irak. Appelbaum se negó a contestar. Finalmente, tras tres horas de interrogatorio, fue puesto en libertad.

Appelbaum es el único miembro americano conocido de Wikileaks, además de ser el evangelista para el programa computacional que hizo posible la fuga de información. De alguna manera, se trata de una versión bizarra de Mark Zuckerberg (creador de Facebook): si la intención de Facebook es hacer del mundo un lugar “más abierto y conectado”, Appelbaum ha dedicado su vida a pelear en pro del anonimato y la privacidad. Tras ser un anarquista chico, criado por un padre adicto a la heroína, dejó la escuela preparatoria y aprendió por sí mismo a escribir códigos mientras desarrollaba una saludable paranoia durante el proceso. “No quiero vivir en un mundo donde todos son observados todo el tiempo”, afirma. “Quiero que me dejen estar solo. No quiero que un rastro de datos cuente una historia que no es cierta”. Hemos transferido nuestra información más íntima y personal –cuentas de banco, e-mails, fotografías, conversaciones de teléfono, registros médicos– a redes digitales, confiando en que todo se encuentra guardado, encriptado de un modo secreto. Pero Appelbaum sabe que esta información no es segura: lo sabe, porque él puede encontrarla.

Nadie ha hecho lo que Appelbaum para dar a conocer el evangelio del anonimato, cuyo trabajo de día es servir como el rostro que representa el Tor Project, un grupo que promueve la privacidad de Internet a través de un programa computacional inventado hace 15 años por el Laboratorio de Investigación Naval de EE UU. Viaja por el mundo enseñando a varias personas –entre ellos, disidentes políticos y activistas de los derechos humanos– cómo usar Tor para evitar que algunos de los regímenes más opresores del mundo rastreen sus movimientos en línea. Él mismo se considera un absolutista de la libertad de expresión. “La única manera de hacer progresar a la raza humana es ejercer el diálogo”, afirma. “Todos deberían honrar el Acta de Derechos Humanos de la ONU, que considera el acceso a la libertad como un derecho fundamental. La comunicación anónima es una buena manera para que esto suceda. Tor es sólo una herramienta que ayuda a difundir esta idea”.

Sólo en el último año, Tor ha sido descargado más de 36 millones de veces. Un presunto miembro de alto nivel de la milicia en Irán usó Tor para filtrar información acerca del aparato de censura en Teherán. Un blogger tunecino exiliado que vive en Holanda confía en Tor para burlar a censuradores estatales. Durante los Juegos Olímpicos de Beijing, los manifestantes chinos utilizaron Tor para esconder sus identidades del gobierno.

knuthismyhomeboyCuando Appelbaum fue detenido en Newark, los periódicos reportaban que los documentos de la guerra identificaban a docenas de informantes afganos y potenciales desertores que estaban cooperando con las tropas estadounidenses. (Cuando se pregunta sobre la razón por la cual los documentos no fueron redactados antes de ser publicados, un vocero de la organización culpa a la enorme cantidad de información: “No puedo imaginarme que alguien pudiera revisar 76 mil documentos”).

Marc Thiessen, escritor de discursos para el ex presidente Bush, calificó al grupo como una “empresa criminal”, incitando al ejército estadounidense a perseguirlos como a Al Qaeda. Mientras Mike Rogers, republicano, afirma que el soldado que supuestamente proveyó de los documentos para Wikileaks debería ser ejecutado.

Dos días después, tras dar un discurso en una conferencia de hackers en Las Vegas, Appelbaum fue abordado por un par de agentes del FBI encubiertos. “Nos gustaría platicar contigo por unos minutos”, le dijo uno de ellos. “Pensamos que no querrías hacerlo. Pero algunas veces es mejor tener una conversación para aclarar las cosas”.

Appelbaum ha sido imposible de localizar desde entonces –evita aeropuertos, amigos, extraños y lugares inseguros; viaja dentro del país en auto–. Ha pasado los últimos cinco años de su vida trabajando para proteger a activistas de sus gobiernos opresores alrededor del mundo. Ahora se encuentra huyendo del suyo.

Dadas sus preocupaciones sobre la privacidad, es fácil adivinar cómo es que Appelbaum se orientó al Tor Project. Se ofreció voluntariamente como programador, pero pronto se esclareció que su más grande habilidad consistía en hacer proselitismo: él personifica la mezcla perfecta entre el ánimo y el temor. “No hay nadie como Jake para defender el proyecto”, dice Roger Dingledine, uno de los fundadores de Tor. “Te dice, ‘si alguien quisiera rastrearte, haría esto’, y luego les muestra. Asusta a la gente”.

El Internet, después de ser aclamado como una fuerza implacable de liberalización y democratización, se ha convertido en la herramienta definitiva para vigilar y reprimir. “No puedes recuperar la información una vez que se encuentra ahí”, dice Appelbaum. “Y arruinar la vida de una persona toma muy poca información”. Los peligros de la red pueden ser sólo un manojo de nociones abstractas para la mayoría de la gente, pero para una gran parte del mundo, visitar sitios restringidos o decir algo comprometedor en un e-mail puede llevar al encarcelamiento, la tortura o incluso la muerte.

El año pasado, alrededor de 60 gobiernos advirtieron a sus ciudadanos no acceder libremente a Internet. Se rumora que China tiene un equipo de más de 30 mil censores que han borrado centenas de millones de sitios de Internet y bloqueado un excéntrico rango de términos para su búsqueda.

294290Tor trabaja de la siguiente forma: cuando se usa Internet, la computadora se conecta a un servidor esperado. Este servidor reconoce la computadora, registra la dirección IP y manda de vuelta la página solicitada. No es algo complejo, sin embargo, es fácil para una agencia gubernamental o un hacker malicioso observar la transacción: pueden así monitorear tu computadora y saber a quién quieres contactar. Tor previene dicho espionaje en línea al introducir intermediarios entre tu computadora y el sistema que se trata de localizar. Digamos, por ejemplo, que alguien vive en San Francisco y quiere mandar un e-mail a un amigo, un infiltrado de alto nivel en la Guardia Revolucionaria Iraní. Si uno manda un correo directamente a un amigo, la red de la Guardia podría fácilmente ver la dirección IP de la computadora y descubrir el nombre e información personal que envió el correo. Pero si se instala Tor, el e-mail es enrutado a una de los 2 mil relevos –computadoras usando Tor– regadas por todo el mundo. Así que el mensaje salta de un relevo en París, que lo rebota a otro relevo en Tokio, que lo manda a un tercero en Ámsterdam, donde es finalmente transmitido a un amigo en Teherán.

La Guardia Iraní sólo puede ver que el correo ha sido mandado desde Ámsterdam. Cualquiera que fisgonee en la computadora sólo verá que se mandó un e-mail a alguien en París. No existe contacto directo alguno entre San Francisco y Teherán. El contenido del e-mail no se encuentra escondido –para eso se necesitaría encriptarlo– pero la ubicación está segura.

Appelbaum pasa gran parte del año dirigiendo sesiones de entrenamiento de Tor alrededor del mundo, con frecuencia celebradas secretamente con el fin de proteger la identidad de activistas cuyas vidas se encuentran en peligro. Algunos, como los defensores de trabajadores sexuales en el sureste de Asia a los que dio asesoría, tienen un conocimiento limitado sobre computadoras. Otros, como un grupo de estudiantes que Appelbaum entrenó durante un seminario en Qatar, son altamente sofisticados: uno de ellos trabajaba con la red de censores del gobierno, otro trabaja para una compañía petrolera nacional y un tercero creó un foro de Al-Jazeera que permite a los ciudadanos publicar comentarios de manera anónima. En Mauritania, el régimen militar fue obligado a abandonar sus esfuerzos de censurar el Internet después de que un disidente llamado Nasser Weddady escribiera una guía para Tor en árabe y la distribuyera a grupos de la oposición. “Tor hizo que los esfuerzos del gobiernos fueran totalmente inútiles”, comenta Weddady. “Simplemente no supieron cómo contraatacar”.

appelbaum_wikileaksAl momento de distribuir Tor, Appelbaum no distingue entre buenos y malos. “No conozco las diferencias entre una y otra creencia teocrática en Irán”, dice. “Lo que me importa es que la gente pueda tener una comunicación libre de vigilancia. Tor no debería ser visto como subversivo. Debería ser considerado, mejor, como una necesidad. Todos, en todas partes, deberíamos ser libres de hablar y leer y tener nuestras propias creencias sin ser monitoreados. Deberíamos llegar al punto en que Tor no sea visto como una amenaza, un momento en que todos los niveles de la sociedad confíen en él. Cuando eso suceda, habremos ganado”.

Siendo la cara de una organización dedicada a proteger el anonimato, Appelbaum se encuentra en una posición precaria. El interés de Tor es generar la mayor cantidad de difusión como sea posible, pero mientras más gente permita que sus computadoras funcionen como relevos, mejor será.

También vive en un constante estado de vigilancia, preocupado de que sus enemigos –hackers envidiosos, regímenes opresores extranjeros, su propio gobierno– traten de atacarlo. Su compromiso es lograr un sistema de dos niveles. Tiene una cuenta de Twitter y ha subido miles de fotos a Flickr. Aún así, toma medidas extensivas para prevenir que cualquier tipo de información privada sea dada a conocer, tal como nombres de amigos, números telefónicos o direcciones de correo electrónico.

“Hay varios grados de privacidad”, dice. “Hoy en día es normal que la gente espíe a otros de un modo impresionante, ni la Stasi
pudo haberlo hecho mejor. Yo no hago eso. No me meto a redes para hackear cualquier computadora. Pago mi renta en efectivo. Para todas mis cuentas en línea, genero contraseñas aleatorias y creo nuevas cuentas de correo. Nunca escribo cheques, porque son inseguros: todo lo
que se necesita para vaciar tu cuenta bancaria es tu número de registro y número de cuenta. No entiendo por qué la gente sigue usando cheques, es algo muy loco”.

Cuando viaja, si su laptop está fuera de vista por un tiempo determinado, la destruye y tira a la basura; por la sospecha de que alguien haya fisgoneado en ella. Con frecuencia toma medidas extremas para hacer que las copias de Tor pasen por las aduanas de países extranjeros. “Estudié lo que hacen los traficantes de drogas”, confiesa. “Quería vencerlos en su propio juego”. Me muestra una moneda de cinco centavos. La estrella contra el suelo de su apartamento. Se abre: dentro hay una minúscula tarjeta de memoria de ocho GB que contiene una copia de Tor.

A medida que la adquisición de Tor ha aumentado, la vigilancia gubernamental en Internet se ha expandido. “Es increíble el poder que alguien puede tener al gozar de acceso ilimitado a las bases de Google”, dice Appelbaum.

Ahora, en medio de la controversia de Wikileaks, Appelbaum se ha refugiado escondiendo su ubicación, incluso sin darla a conocer a sus amigos más cercanos. Sospecha que sus teléfonos están intervenidos y que está siendo seguido. Una semana después de ser interrogado en Newark, me llama desde una ubicación sin revelar. Mi petición de contactarlo ha pasado ya por una serie de intermediarios. La ironía de la situación no se termina aquí.

“Estaré usando Tor mucho más de lo que ya lo había hecho…”, comenta. “Me he convertido en una de esas personas que he pasado protegiendo durante los últimos años. Es mejor que tome en serio mis propios consejos”.

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