El onírico mundo de St. Vincent


Un paseo por España con la intérprete indie más interesante del mundo, St. Vincent


POR Staff Rolling Stone México  



Un paseo por España con la intérprete indie más interesante del mundo, St. Vincent

Por Jonah Weiner

Arte, oscuridad y ambigüedades: Pasando el tiempo en España junto a la estrella de indie rock más inteligente de su generación

Cae una tormenta en Barcelona, así que Annie Clark –alias St. Vincent, quien tiene unos deseos enormes de ir a la playa– se ve forzada a hacer otros planes. “Visito muchos museos y acuarios cuando estoy de gira”, me dice al tiempo que cruza la empapada plaza del Museu Blau, un recinto de historia natural con vista a una porción del Mediterráneo que en este momento está desolado y gris, justo como el cielo. Clark es una visión en negro del cuello hacia abajo –botas de ante, jeans ajustados, camiseta y chamarra de piel– pero policromática hacia arriba, con esos enormes ojos verdes y los rizos rubios que escapan de un sombrero azul. Clark ha sugerido que vengamos aquí, pero no conoce el lugar. “¿Qué clase de museo es éste?”, pregunta. “Ah. Ya”. Dice que nunca se ha interesado demasiado por la ciencia: “Sí, me obsesioné con los tiburones por un breve periodo, ¿pero acaso no le sucede a todos?”.

Clark, de 31 años, se encuentra en medio de una gira global que comenzó en febrero, a fin de promover su nuevo álbum, St. Vincent. Hace unos meses, los miembros sobrevivientes de Nirvana la invitaron a subir al escenario en Nueva York –en donde ahora reside– para su presentación durante la ceremonia del Salón de la Fama del Rock & Roll, en la que tocó la guitarra y cantó en “Lithium”. Además, apareció recientemente en Saturday Night Live, marchándose poco después para presentarse en Australia. Este constante cambio trans-hemisférico le ha dejado con un terrible jet lag: “Tengo que serte honesta: Siento como si mi cabeza flotara sobre mi cuerpo, suspendida de un hilo muy delgado. No quiero fingir que estoy viendo todo lo que aquí se exhibe, porque no absorberé nada. Hace rato, estaba escuchando un audiolibro de Proust, y no se me quedó nada”.

Al conversar con ella, Clark es como su música: Sarcástica, erudita y creativa. A lo largo de sus cuatro trabajos solistas y el LP colaborativo que lanzó con David Byrne, ha ido de intérprete prodigiosa (y en ocasiones preciosista en tanto a su manera de combinar géneros musicales) a certera visionaria pop, obteniendo el estatus de una diosa de la guitarra, capaz de generar tanto virtuosas líneas jazz como arriesgadas distorsiones atonales en su instrumento. Ha dicho incluso que St. Vincent, que vendió casi 30 mil copias durante la semana de su lanzamiento, es el primer LP que realmente “suena como yo”. Byrne describe sus canciones de la misma manera en que la gente describe las de Talking Heads: “Me parecen accesibles, pero extrañas cuando las miras de cerca”, dice. “Es una tensión que energiza. Se necesita habilidad para mantener ese balance”.


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