El poder y la furia de The Clash


El poder y la furia de The Clash


POR Staff Rolling Stone México  



El poder y la furia de The Clash

Una historia acerca de cómo la furia que propulsó la banda, terminó por despedazarla
Por Mikal Gilmore

El momento que mejor ejemplifica a The Clash no ocurrió en Inglaterra, en donde el grupo ayudó a partir la historia del rock por la mitad. Tampoco en Estados Unidos, en donde tuvieron que luchar por un reconocimiento que, una vez obtenido, no hizo sino separarlos. En realidad, el asunto aconteció en agosto de 1977, en un festival musical en Liège, Bélgica. La banda se encontraba tocando ante 20 mil personas y la lluvia de botellas no remitía.

joe-strummer[1]Pero eso no era lo que molestaba al cantante Joe Strummer. Lo que lo enfurecía era una reja de alambre de casi cuatro metros de altura, sostenida por algunos postes de concreto y que formaba una tremenda barrera entre el grupo y su audiencia –dividiendo, tal y como un periodista dijo, a los privilegiados de los menos favorecidos–. “¿Por qué tenemos esta cosa aquí?”, quiso saber el cantante. Strummer saltó desde el escenario y atacó la reja, tratando de tirarla, mientras el guitarrista Mick Jones, el bajista Paul Simonon y el baterista Topper Headon mantenían cautelosamente el ritmo de la canción. Los guardias del festival jalaron a Strummer, llevándolo de vuelta al escenario, mientras el equipo técnico de The Clash forcejeaba con estos mismos guardias a fin de liberarlo. Más tarde, Simonon le dijo al escritor Chris Salewicz que, “eso no parecía un concierto. Era una especie de guerra”.

london-calling-de-the-clash-tendra-su-peliculaThe Clash fue el único grupo que en esa ocasión intentó hacer algo contra el obstáculo. Estaban mucho más dispuestos a correr el riesgo que suponía enfrentarse al público que a tolerar una malla de alambre, cuya función consistía en mantener acorraladas a miles de personas. Esto, en mayor o menor medida, explica a The Clash: siempre peleando por las causas justas que otros temían defender. Comenzaron a dejar huella en la escena británica desde principios de 1977 con “White Riot”, una polémica canción acerca de lo frustrante que resulta tener que vérselas con la autoridad más brutal. Era la época de The Sex Pistols, el grupo que encabezó el punk, esa especie de levantamiento musical y cultural que ostentaba su disgusto con la sociedad inglesa. The Clash llegaría a durar más que los Pistols e incluso no tardaría en epitomizar el punk, tan sólo para distanciarse del movimiento a través de sus propios sonidos y ambiciones, camino por el que la banda no cesó de enfilar hasta su separación, acaecida en 1983. A lo largo del trayecto, hicieron valer la cosmovisión política más osada de todas las que habían sido esbozadas hasta ese momento por los demás artistas de la música pop, desplazándose desde las estrechas obsesiones de la sedición punk inglesa a la incendiaria realidad del mundo exterior. Durante mi primer encuentro con la banda –en Londres, unos días antes de la Navidad de 1978– Strummer me dijo: “Estamos tratando de hacer algo nuevo; queremos ser el mejor grupo del mundo, y eso significa también ser el más famoso. Pero también queremos ser radicales –es decir, no nos interesa ser respetables– y quizá estos dos puntos no puedan coexistir, pero haremos nuestro mejor esfuerzo”.

Pero la historia de The Clash no se reduce a un puñado de ideales. Tiene que ver, asimismo, con el poder, con quien lo detenta y quien lo anhela –tanto al interior de la banda como en el mundo–. Cuando la misión de The Clash tocó a su fin, ellos habían sido víctimas del escarnio, la pasión y la traición, todo provocado por ellos mismos. “Nos volvíamos cada vez más famosos”, dijo Strummer, años más tarde, “y mi disposición empeoraba. Tenía algo que ver con el mensaje de nuestras canciones”.

the clash arrive by taxiDe joven, Strummer halló algo para levantar su moral en las mismas fuentes que tanto habían inspirado a Jones. Sobre todo en el sencillo “Not Fade Away”, lanzado por The Rolling Stones en 1964. El músico dice que esta canción le cambió la vida. “En ese mismo momento pensé: ‘Esto es lo contrario a todo lo que tenemos que soportar aquí…’. Y me dije: ‘Finalmente, un atisbo del azul entre las nubes’”. Strummer necesitaría este apoyo. Durante el verano de 1970, su hermano –quien, para el horror de Joe, se sentía atraído por los movimientos neofascistas, sobre todo por el infame Frente Nacional– desapareció. Unos cuantos días después, el cuerpo de David fue encontrado bajo unos arbustos del Regent’s Park, en Londres: había ingerido una dosis letal de aspirinas. La noticia de la muerte de su hermano mayor y el impacto que supuso haber tenido que ir a identificar el cadáver, dejaron a Strummer perturbado de una forma que él mismo jamás pudo explicar. Cuando el punk se convirtió en el medio y el fin de Strummer, jamás se sintió atraído por el romántico nihilismo que tanto gustaba a otras personas. Su propia furia, su propia tristeza, eran demasiado profundas como para permitirle una rendición amorosa ante el abismo; y todo a causa de aquél día en el que tuvo que ir a identificar la fría realidad de la nada en una morgue londinense.

The+ClashTras terminar sus estudios, Strummer vivió una vida itinerante, En 1972 comenzó a tocar guitarra acústica y cantar temas folk en las estaciones de metro a cambio de unos cuantos centavos, y en 1974 se unió a un movimiento radical de okupas urbanos, quienes se apropiaron de una casa abandonada en el 101 de Walterton Road, convirtiéndola en un espacio habitable y libre de rentas. El colectivo se convirtió en el fundamento de The 101ers, un grupo que tocaba viejos temas de rock & roll y R&B. En esa época, muchos grupos de rock básico comenzaron a emerger en las escena de los pequeños bares y tabernas de Londres: la escena pubrock, como fue bautizada, incluía a bandas como Dr. Feelgood, Eddie and The Hot Rods y a los flojos y descuidados The 101ers. Joe –quien acababa de adoptar el apellido Strummer (rasgador) para hacer alusión a sus limitaciones como guitarrista– demostró ser un cantante duro: la horrenda forma de sus dientes había convertido toda esa zona en una especie de boquilla para sonidos guturales. Pero su sentido del ritmo era galvánico y su manera de cantar el blues convirtió a The 101ers en toda una atracción. En marzo de 1976, Strumemr compuso y cantó el tema “Keys to Your Heart”, que se convertiría en un sencillo editado por Chiswick Records. Sin embargo, en abril, Strummer comenzó a poner en cuestión el futuro del grupo, luego de ver a The Sex Pistols cuando éstos abrieron un concierto para The 101ers. “En cuanto Johnny Rotten tomó el micrófono… todo el número me pareció una revelación”, Strummer señaló en Redemption Song: The Ballad of Joe Strummer, la biografía escrita por Chris Salewicz en 2006: “Descubrí enseguida que no llegaríamos a ningún lado, y el resto de mi grupo detestó a los Pistols. No querían verlos ni volver a escuchar nada de ellos”.

BANNER CONTINUA mar



comments powered by Disqus