Steven Wilson: el pop no es como lo pintan


El músico y productor británico desafía cualquier cliché en torno al malentendido concepto Pop con su quinto disco en solitario ‘To the Bone’.


POR Juan Carlos Villanueva  



Foto: Hajo Mueller

En febrero de 2008 –hace poco más de 10 años–, Steven Wilson pasó una semana en México recorriendo lugares como Xochimilco, el espacio escultórico de Ciudad Universitaria, las pirámides de Cholula en Puebla, el cerro del Tepozteco e hizo una parada en Temixco, Morelos, como parte de un safari creativo que lo llevarían a crear su primer disco en solitario: Insurgentes.

Mientras nos encaminábamos rumbo a Tepoztlán, mi copiloto Steven Wilson barajeaba los CDs que traía en la guantera –sí, los días para los Compact Disc estaban contados, pero aún sobrevivían– hasta que encontró el The Seeds of Love, de Tears for Fears, que sería parte del soundtrack de viaje que nos acompañaría hasta nuestro arribo al Tepozteco. “Me hubiera gustado haber escrito esta canción”, me confesaba Steven al mismo tiempo que Oleta Adams y Roland Orzabal se desgarraban con “Woman in Chains” desde los altavoces. “Siempre he amado el pop que hacían bandas como Tears for Fears, Prefab Sprout, The Blue Nile o Thompson Twins, incluso puedo soportar canciones tan cursis como ‘Lady in Red’, de Chris DeBurgh”, revelaba con un tono divertido que más bien parecía confesar un gusto culposo. “Pienso que ‘I Don’t Want to Talk About it’ de Rod Stewart es una de las canciones pop más tristes y hermosas jamás escritas”, me decía.

El pop en Steven Wilson no es algo nuevo como muchos de sus fans suponen e, incluso, a los más radicales les brota sarpullido cada vez que Wilson se refiere a To the Bone como su disco más pop. La carrera de Wilson nació muy cerca de este género, cuando junto a Tim Bowness hizo uno de sus primeros proyectos llamado No-Man, además de consecuentes proyectos como Blackfield, incluso un puñado de canciones de Porcupine Tree como “Lazarus” , “Four Chords That Made a Million” o “The Rest Will Flow” que bien podrían acompañar su repertorio pop que haría retorcer a los más recalcitrantes headbangers. “El pop es parte de mi ADN”, me dice Wilson desde el teléfono en algún lugar de Irlanda. “Recuerdo que fans de Porcupine Tree reaccionaron muy parecido cuando empecé a inyectar elementos de metal extremo en In Absentia. El que los fans se enojen –como sucedió con To the Bone – es algo positivo, porque significa que cambié, que tuve una evolución; es una señal de que he hecho algo a lo que ellos encuentran complejo acostumbrarse. Cuando provienes de una raíz considerada rock siempre existe un peligro. La gente que escucha ese tipo de música siempre tiene la idea de que si empiezas a hacer música más concisa, más directa, es decir, más mainstream, es una forma de traición; eso les sucedió a muchas bandas de los años setenta.



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