El rey del mambo y yo


Murmullos del Honky Tonk, por Jordi Soler


POR Staff Rolling Stone México  



Murmullos del Honky Tonk, por Jordi Soler

Con ritmo al caminar, Dámaso Pérez Prado se dibujó por las calles del Distrito Federal

Por @Jordi Soler
Ilustración de Jesús Sánchez

Un día vi caminando por la avenida Insurgentes a Dámaso Pérez Prado, el rey del mambo. Iba con un trajecito rojo, brillante, apretado y zancón para que se le vieran bien los botines, que tenían un tacón desmesurado y una punta decididamente asesina. Iba caminando muy campante, a la altura de la avenida San Antonio, y al rojo estentóreo, y a los botines, se añadía su piocha loca y un exagerado tupé que provocaba todo tipo de gestos en las personas con las que se cruzaba. Me he acordado últimamente de aquella visión porque en Barcelona, la ciudad en donde vivo, es común decir de quien tiene mucho éxito, que es “El rey del mambo”. Desde luego que quienes sueltan este falso piropo nunca tuvieron la oportunidad de ver de cerca al auténtico rey del mambo, que parecía un diablo de cuento, o más bien un diablito, porque era bajo de estatura. Eran los años ochenta y Pérez Prado ya había visto pasar sus mejores momentos, ya eran historia su bullanguero “Mambo número ocho”, y aquellos que habían sudado bailando en su juventud “El mambo del Politécnico” y “El mambo Universitario”, ya habían virado hacia Diego Verdaguer o Camilo Sesto, dos opciones más tristonas que no imponían ese sofoco característico de las creaciones de Pérez Prado.

Dámaso vivió muchos años en México, quizá la mitad de su vida, y a mí lo que más me impresionaba de su biografía era que Federico Fellini había puesto una de sus piezas musicales en la banda sonora de La Dolce Vita (1960). De manera que, mientras la gente que caminaba por Insurgentes le hacía gestos o de plano se iba hasta el otro extremo de la banqueta al verlo venir, yo me puse a seguirlo para ver si había oportunidad de preguntarle por su relación con Fellini, de la que no se sabía entonces nada, y me parece que hoy tampoco.



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