Entre letras y rock


Platicamos con Thurston Moore, miembro fundador de Sonic Youth, sobre sus orígenes en la música, la poesía y su nuevo álbum ‘Rock N Roll Consciousness’.




Relajado, con una margarita congelada en mano, Thurston confesó: “¡Hace años no tomo una de estas!” y comenzó la charla animado. Considerado uno de los mejores guitarristas de las últimas décadas, Moore se ha mantenido versátil en los años recientes, incursionando en distintas actividades como la poesía, la docencia y el activismo político. En esta ocasión, visitó México para presentarse en el pasado Festival Poesía en Voz Alta y nos contó un poco sobre su nuevo disco.

De joven querías ser escritor y ejercer periodismo musical, ¿cómo te convertiste en músico?
Siempre creí que las dos cosas estaban unidas: cuando conocí el rock & roll, parecía que ser músico era algo muy distante, algo de lo que nunca podría formar parte. Conforme fui creciendo, pude comprar revistas de rock & roll y las leía religiosamente, página por página. En ese entonces los escritores eran tan interesantes como los mismos músicos. Patti Smith era una crítica de discos, Lester Bangs tenía una especia de “guerra” con Lou Reed y me parecía muy fascinante. Pensé que podías ser escritor y estar involucrado en el rock & roll. Estaba interesado en la poesía de la generación beat: Lou Reed hablaba de William S. Burroughs, Bob Dylan sobre Allen Ginsberg, Patti Smith sobre Gregory Corso y eso era mi cosmovisión cuando tenía 12 años, así que pensé que podía ser escritor y a lo mejor tocar rock & roll, pero el rock pa- recía muy caro entonces. Ver a Yes, The Allman Brothers Band, Emerson, Lake & Palmer, todo lo que hacían esos artistas parecía demasiado costoso. Hasta que escuché que Patti Smith lanzó un cover de “Hey Joe” con Tom Verlaine de Television (banda muy importante para mí) fue cuando todo cambió. Lo primero que conocí de este grupo fue un artículo de Patti y todo acerca de ellos me impulsó. Cuando los vi tocar en un pequeño club de Nueva York –donde también vi a Ramones, Blondie y Talking Heads– me di cuenta que no eran ricos, no eran rockstars, eran pobres como yo y estaban haciendo música. Ahí supe de inmediato que me tenía que mudar a Nueva York y vivir como ellos.

¿Cómo percibes el periodismo musical actualmente?
Creo que antes el periodismo era más selecto, podías ver a escritores más locos que tomaban más riesgos. Ahora es como la música actual: masivo y muy variado. Hay muchísima escritura, muy creativa en su mayoría. Todo el tiempo puedes encontrar re- vistas en línea, blogs y páginas especializadas, pero tienes que buscarlo, tienes que encontrar las voces que te interesen. Mucho periodismo musical es sólo un servicio para la música, te dicen que un disco acaba de salir, pero pocos escriben seriamente sobre los mismos, aunque sea de Beyoncé o sobre un tipo en un sótano haciendo noise. Siempre me ha interesado saber cómo la música le afecta a cada quien, cuál es lugar en la historia de acuerdo a su género. Estoy interesado en textos estudiados, pero también en textos arriesgados. Creo que es diferente, ni mejor o peor.

Es inevitable hablar contigo sobre Bob Dylan y el Premio Nobel de Literatura. Tú que también haces poesía, ¿cómo reaccionaste ante este nombramiento?
Siempre he creído que la música y la poesía se llevan muy bien porque la segunda puede modificarse para servir a una canción. Bob Dylan hace eso, creo que escribe poemas y puede convertir esa poesía en una canción. El hecho de que Dylan reciba este premio es una validación a la lírica del rock & roll como literatura seria.

¿Qué necesita el arte para hacer a la gente reaccionar? Muchas voces importantes se levantaron en las elecciones pasadas y parece que no surtieron efecto.
Creo que sirve para concienciar. Hay mucha gente que está en contra de las políticas de demonización y de las políticas separatistas que crean miedo y paranoia como herramientas. Su ambición no tiene límites y buscan más riqueza. Creo que la música y el arte continúan expresando una oposición honorable, ¿que si tienen fuerza para detener esto? No creo que tengan un efecto tangible, pero como voz siem- pre es bueno escucharlo en las calles. Estas cabezas ambiciosas de poder siempre lo escuchan, no son sordos, sí saben que son idiotas, así que es importante. Lo único que podemos hacer es ruido, y eso es lo que yo seguiré haciendo. Si Donald Trump empieza a construir un muro entre Estados Unidos y México, yo querré estar con la gente que lo va tirar. Por cada ladrillo que se suba, bajaremos dos.

¿Qué papel toma el arte en estos tiempos?
Creo que es importante que los artistas continúen haciendo trabajos y sigan siendo modelos para las nuevas generaciones; es fundamental que vean que hay mucho valor en trabajar. Muchos artistas y músicos trabajan fuertemente todo el día para lograr un cambio. Para que la gente reaccione puedes hacer muchas cosas: puedes gritar en una banda de punk rock o puedes expresar algo muy inteligente con una obra, lo primordial es plasmarlo.

¿Qué significará Rock N Roll Consciousness en tu carrera? ¿Qué buscabas hacer o qué esperas expresar en este nuevo material?
Bueno, primero tuve el título y este definió lo que quería hacer: un disco con música más espiritual, más profunda. Al principio tenía algunas canciones de protesta pero las quité porque quería que tuviera otra vibra. Tenía como nueve canciones largas y quedó sólo con cinco canciones largas… siento que estoy en una etapa de componer masivamente. Quiero hacer música que no debe encajar en los estándares de estos tiempos y quiero estar más allá del tiempo, sin que me encasillen.

¿Algún día Thurston Moore dejará de explorar y experimentar para echar una mirada a su pasado?
No soy entusiasta de la nostalgia, pero me gustaría escribir sobre mi experiencia y contar lo que he aprendido como músico experimental (risas). Nunca tuve la gran experiencia de rock & roll como Led Zeppelin, Foo Fighters o algo como Red Hot Chili Peppers. No sé cómo es ese mundo de jets privados y en realidad no me interesa, es la última de mis preocupaciones o ambiciones, prefiero estar aquí, en una tienda de libros, tomando una margarita congelada y hablando.



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