Entrevista Rolling Stone con Bruno Mars


El origen secreto de Bruno Mars, estrella pop por naturaleza.


POR Staff Rolling Stone México  



El origen secreto de Bruno Mars, estrella pop por naturaleza.

Por Brian Hiatt

Tiene 27 años y ha estado en el mundo del espectáculo desde que empezó a imitar a Elvis Presley, con la banda de su familia, cuando tenía dos años. Eso es un cuarto de siglo de hacer espectáculos, lo que significa que tiene más experiencia que, por ejemplo, Justin Timberlake. Sus padres que sabían de artes teatrales, lo educaron literalmente desde que nació, para tener encanto al estilo Motown en una versión casera. Su papá, Peter “Dr. Doo-Wop” Hernández, recuerda haber bajado las luces en la sala de parto mientras su esposa lo estaba teniendo, así que fue “casi como un antro” y tocaba “canciones viejitas” en una casetera, para recibir a Bruno –nacido con el nombre de Peter G. Hernández– al mundo.

A los cuatro años, Mars apareció como un pequeño Elvis en Honeymoon in Vegas y fue entrevistado por Pauly Shore en MTV. A la edad de seis años, ya había aparecido en The Arsenio Hall Show. A lo largo de la primaria, cantaba con la banda de su familia en un club nocturno lleno de gente, dos veces por noche, con lo que extendió su repertorio a Frankie Lymon y Little Anthony. Pero, alrededor de los 11 años, como él explica, todo desapareció. No es una exageración decir que ha pasado los últimos 16 años tratando de recuperarlo.

Cuando el aplomo que Mars tiene sobre el escenario es derramado en su vida real, puede resultar encantadoramente engreído: El más trabajador del medio del espectáculo. Pero también puede parecer impresionantemente inseguro, ya que busca aprobación de una forma que quizá no sea sorprendente para alguien que creció esperando dos dosis de aplauso cada noche. Llevamos horas hablando en Soho House, cuando de repente, me pregunta con su suave voz, “¿te gusta el álbum?”.

Le digo que sí y es verdad. Su segundo álbum, Unorthodox Jukebox, es un gran paso de su disco debut, Doo Wops & Hooligans, donde pesaban las baladas pastosas. Pero él no está satisfecho: “¿Sí? ¿Qué canciones?”. No se tranquiliza hasta que nombro cuatro o cinco. Cuando menciono “Gorilla”, me pone su puño para que lo choque. Hoy en día no es fácil encontrar músicos jóvenes armoniosos con las dinámicas de cambios repentinos y de zapatos boleados, al estilo de The Famous Flames, pero muchos de los integrantes de la banda de ocho músicos con los que Mars sale de gira, se criaron tocando en iglesias gospel, donde esas habilidades siguen siendo forzosas.

Horas antes de nuestra cena, Mars pone a prueba a sus muchachos en un estudio de ensayo en Hollywood al trabajar buena parte de sus canciones, para su próxima gira. “Don’t it feel good, baby”, canta Mars en su sedoso tenor, mientras tocan una improvisada introducción. Empieza a alentar al público que no está: “¿Se siente bien a la izquierda? Y ahora, ¿qué tal la derecha?”.

El llamativo baterista de la banda, un tipo robusto llamado Eric Hernández, está listo para chocar un platillo o cortar a silencio ante el más leve movimiento de brazos de Mars –además él fue el recluta más fácil de Mars: Ya que es su hermano mayor– quien dejó su carrera de 10 años como oficial de policía, para unirse a la tradición musical de la familia. “Yo sabía y pensaba, ‘Si no dejo esto y veo a alguien más tocar la batería para mi hermano, me va a comer por dentro’”, dice Eric. Bruno, mide casi 1.70 metros, unos 15 cm. menos que él. “Pero en serio, ojalá tuviera su meneo”, añade Eric. “De hecho tomo consejos de ese chaparro”.

Por más relajado que sea, Mars espera perfección. “Nunca he visto a alguien tan meticuloso en mi vida, en ningún aspecto”, dice Ari Levine, quien, junto con Phil Lawrence y Mars, formó el equipo de composición y producción conocido como The Smeezingtons. “Incluso cuando remodelamos nuestro estudio, si algo estaba fuera de lugar un centímetro, lo volvía loco. Es casi una neurosis, pero de la mejor forma posible”. Por ejemplo, se pasaron tres meses pensando en un segundo verso para “Moonshine”.

Mars reconoce que grita durante los ensayos. “Siempre les digo a todos que vamos a poder disfrutar del trabajo que hemos hecho cuando toquemos y cantemos. Así que no hay que estropear nuestro rato ameno”.

Como Alvy Singer, Bruno Mars nunca tuvo un periodo de latencia: Siempre le gustaron las mujeres. En el kínder, le fascinaban las cantantes bonitas en vestidos brillantes que veía detrás de los escenarios. “Pensaba: ‘Estas chicas no se parecen a las niñas con las que yo voy a la escuela’”, recuerda con ojos iluminados.

Desde el principio, le encantó todo lo que tenía que ver con tocar con su familia, The Love Notes. “Ya quería salir de la escuela”, dice. “Sólo ver el reloj y esperar a que dieran las 14:15 hrs.”. Mars se memorizaba videocasettes de Elvis, James Brown y Michael Jackson y hasta hoy, antes de salir al escenario, toca la presentación T.A.M.I. de Brown, Hendrix en Woodstock o Prince cantando “Purple Rain”.

Una noche, cuando Mars tenía cinco años, olvidó ir al baño antes del show y terminó orinándose encima del mameluco, mientras interpretaba “Can’t Help Falling in Love”. El público trató de no reírse y su mamá lloró, luego sus padres se preguntaron por un tiempo si no estarían cometiendo un error. Mars nunca flaqueó.



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