Manson hoy


Charles Manson: Las últimas confesiones del psicópata más famoso de Estados Unidos.


POR Staff Rolling Stone México  



Charles Manson: Las últimas confesiones del psicópata más famoso de Estados Unidos.

Por Erik Hedegard
Foto: MansonDirect.com

En el valle de San Joaquín, a las afueras de Corcoran en California, se encuentra la Prisión Estatal de Corcoran, donde Charles Manson cumple su cadena perpetua por las masacres de Tate-LaBianca en 1969. Acaba de entrar al área de visitas. Su apariencia no es la de antes con su piocha y su penetrante mirada que recuerda a Rasputin. Ahora tiene 79 años, es un hombre viejo con el pelo gris. Ya no escucha bien, sus pulmones, al igual que sus dientes, están dañados. Camina con la ayuda de un bastón y lo levanta para saludar a sus visitas, entre ellas, una esbelta mujer de pelo oscuro a quien llama Star.

“No es una mujer, ¡es una estrella de la Vía Láctea!”, dice Manson mientras le da un fuerte abrazo. Manson es posiblemente el asesino más famoso de todos los tiempos. Ha pasado 44 años en esta prisión y 60 años encarcelado; es decir, pasó menos de dos décadas de su vida como un hombre libre. Nunca saldrá de prisión. Star tiene 25 años, lleva 7 años viviendo en Corcoran y se ha vuelto la más ferviente defensora de Manson creando, inclusive, páginas web para él (mansondirect.com, atwaearth.com, además de páginas en Facebook y Tumblr.)

Lo visita sábados y domingos, siempre y cuando no se encuentre castigado en una celda solitaria. “La gente cree que está loco, pero ellos no saben. Yo nací para ayudarlo,” comenta Star.

Manson aún tiene la X (que después convirtió en swastika) que se hizo en la frente a modo de protesta por ser enjuiciado. Star también se hizo una cruz en la frente. Su forma de hablar es muy distinta a la de antes, cuando parecía un loco, casi una persona poseída. Charlie se sienta con la mirada perdida. De la nada hace un movimiento rápido y me toca la nariz. Se me acerca y puedo sentir su respiración en mi oído. “He tocado a todos en la nariz”, me dice en un suspiro. “No hay nadie a quien no pueda tocar en la nariz. Si puedo tocarte, puedo matarte”.

Lo que la mayoría de la gente conoce sobre Manson es a través del libro Helter Skelter, que escribió el fiscal Vincent Bugliosi. Este libro es un recuento del crimen, la investigación y el juicio de Manson y compañía. Vendió más de 7 millones de copias volviéndose el libro más vendido de su género en toda la historia.

El relato de Bugliosi va más o menos así: El 21 de marzo de 1967, Charles Manson sale libre después de 6 años de estar en la cárcel por violar su libertad condicional. Sale en la cúspide del movimiento hippie en San Francisco, el famoso “verano del amor”. Va en busca de mujeres y ellas se sienten atraídas a él: tocaba la guitarra, tenía ese aire misterioso de ex convicto y estaba metido en ideas metafísicas. Las mujeres gravitaban alrededor de él, empezando por Mary Brunner, seguida de Lynette Fromme y más adelante, Susan Atkins y Sandra Good. Éste fue el principio de lo que el fiscal nombró como “La Familia”. Éste fue el principio del fin para Manson.

Llegaron a Los Ángeles. El sueño de Manson –según Bugliosi- era ser un rockstar. Se hizo amigo de Dennis Wilson de The Beach Boys, quien le vio mucho potencial. Vivían en el Spahn Ranch, donde Manson hizo entrever que él podría ser el próximo Mesías, y lo trataban como tal. Al principio todo iba bien pues jóvenes que nunca tuvieron una casa encontraron un hogar, pero algo cambió en 1969. The Beatles acababan de lanzar el White Album y Manson se obsesionó con la canción “Helter Skelter”. La interpretó como una guerra apocalíptica entre blancos y negros, durante la cual su grupo viviría en el desierto, en una especie de bunker. Terminada dicha guerra, que sería ganada por la raza negra, él regresaría a la tierra y se convertiría en su líder, pues ellos no podrían liderar solos.

A los ojos de Bugliosi, Manson se cansó de que la guerra no iniciara, así que el 9 de agosto de 1969 decidió acelerar las cosas mandando a Tex Watson, Patricia Krenwinkel, Susan Atkins y la recién llegada Linda Kasabian a una casa en Cielo Drive con la orden de “destruir a todos los que estén ahí de la manera más horrible posible”. Además debían dejar “símbolos de brujería” para que pareciera un acto de los Black Panthers (un grupo militante de afroamericanos). Nadie dijo que no.

“Soy el diablo y vengo a hacer cosas diabólicas”, dijo Watson al entrar a la casa. 25 minutos y 102 puñaladas después, todo había terminado, al menos por esa noche. Entre los masacrados se encontraba Sharon Tate, la esposa embarazada de Roman Polanski. Tenía 26 años. También fueron víctimas el estilista Jay Sebring, el guionista Voytek Frykowski y Abigail Folger.

Al día siguiente los asesinos atacaron de nuevo bajo la dirección de Manson, ahora también con Leslie Van Houten. Esta vez fueron 67 puñaladas a Leno y Rosemary LaBianca en su casa. En ambos casos dejaron palabras como “puerco” y “muerte a los cerdos” con sangre en paredes, puertas y refrigeradores.

Según Bugliosi, los asesinatos fueron realizados de tal forma que pareciera que lo hicieron personas afroamericanas. Entonces los blancos perseguirían a los negros y la revolución empezaría. Bugliosi le dio inmunidad a Kasabian, argumentando que ella no estuvo presente en ningún crimen y usándola como su testigo clave. En 1971, el veredicto para el resto fue de culpables y fueron sentenciados a muerte. Más tarde se convirtió en cadena perpetua cuando el estado de California vetó la pena de muerte.

Atkins murió de cáncer hace cuatro años. Krenwinkel y Van Houten están en el Instituto Para Mujeres de California, en Chino y Watson se encuentra en la Prisión Mule Creek State en Ione, California. Confesó que él perpetró todos los asesinatos, mientras que las mujeres sólo apuñalaban cadáveres.

Todos repudian a Manson. Mientras tanto, Bugliosi pasa sus tardes descansando y luchando contra el cáncer, además de dar entrevistas esporádicas.



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