Fall Out Boy: La vida después del Emo


El regreso de Fall Out Boy


POR Staff Rolling Stone México  



El regreso de Fall Out Boy

Por Brian Hiatt

Hoy por hoy, los jeans de Pete Wentz no son más apretados que los de muchas personas de éstas épocas. Ya dejó de lado su delineador, su tinte y plancha para el cabello. Es un papá divorciado de 33 años, golpeado por la vida, más lento para sonreír y todavía cuasi convencido, de que nadie lo quiere. Hubo un tiempo, luego de perder a su banda y a su esposa, en el que el futuro parecía una enorme tobogán de bajada y ni siquiera podía escribir buenas canciones sobre ello. Como lo pone Wentz, “es raro pasar de tener el toque de Midas a lo opuesto del toque Midas”.

Solía ser bueno, Pete Wentz: Bajista, letrista y guapo oficial de Fall Out Boy, el taco de ojo de las adolescentes ansiosas, heraldo de cinturones blancos y peinados caídos. Luego, de repente, era una versión emo de Fred Durst; sobreexpuesto, detestado, obsoleto. La infamia de Wentz ensombreció a Patrick Stump, el vocalista y compositor talentoso, pero extraño del conjunto, lo cual evitó que algunas personas se dieran cuenta que Fall Out Boy en realidad, era genial. Una banda ingeniosa, conocedores de listas de popularidad y que tocan en estadios en una época en la que los éxitos parecen aterrorizar a los conjuntos de guitarras. “Nunca voy a entender”, dice Stump, “porque la gente odia tanto a ese tipo”.

Fall Out Boy se tomó un descanso hace casi cuatro años –lo emo ya había muerto, al igual que su tercer álbum de disquera importante– y su relación laboral, se había deshilachado. Parecían tener las mismas posibilidades de volver a entrar por la puerta grande en 2013 que el Microsoft Zune. Pero a partir de esta noche, la banda reunida tiene un disco en el Número Uno –con el atrevido nombre de Save Rock and Roll–, un sencillo que fue disco de platino (“My Songs Know What You Did in the Dark”, la cual guiña el ojo al hip hop y al metal melenudo) y una gira vendida al 100%.

Wentz tiene motivos para creer que esta vez le será fácil mantener los pies en la tierra.

Hoy más confiado y delgado, Stump se ha puesto realmente al frente de la banda y Wentz y él, incluyeron a su antes excluido guitarrista Joe Trohman a su proceso de composición. “Es que no somos la misma banda”, dice Trohman, quien no quiso volver sin una parte expandida, sobretodo, después de ganarse el respeto de los fans del hard rock con The Damned Things, su segunda agrupación, con el baterista de FOB Andy Hurley y Scott Ian de Anthrax. “La química está cambiando y ya nos parecemos a una banda. Antes parecía que habíamos ganado alguna lotería”.

“Se siente completamente como una segunda oportunidad, ”, agrega Hurley. “Y parece que ya no llevamos el equipaje de antes. Creo que ya estamos más tranquilos ahora, de cierta forma”.

Wentz abusaba de las pastillas –más que nada Alprazolam y Rivotril– cuando la fama de Fall Out Boy estaba al máximo. Pudo bajarle cuando nació su hijo Bronx en el 2008. Una vez empezado su descanso, recayó con fuerza. “Quizá ya era adicto física y mentalmente”, dice. “Empezó como insomnio y ansiedad por volar, luego la situación escaló”.

Se separó de Ashlee Simpson, luego de que la banda quebró y el golpe doble, fue casi insoportable. “Me sentí como un fracaso”, dice. “Había pasado de ser el tipo de Fall Out Boy, a ser el tipo que no hace nada todo el día. No veía cómo iba a salir del otro lado”.

La saturación por la cobertura de los tabloides fue traumática por sí misma. “Me daba miedo todo”, dice Wentz. “Pensé que siempre había gente oyéndome. Hice que buscaran micrófonos ocultos en mi casa. Una locura”.

Wentz no tiene mucho que decir sobre su ex esposa y si las letras nuevas apuntan a ella (“You and me are the difference between real love and the love on TV”), es más sutil que golpes anteriores a otras exes. “Este disco trae mucha rabia”, dice Stump. “Pero Pete tiene una clase caballerosa al respecto, haciendo que parezca Michael Caine el que está enojado”.

Después de su divorcio, Pete volvió a terapia y dejó de mentirle a sus doctores. Y en cierto momento que no puede precisar, Wentz simplemente creció. Compartir la custodia de un niño tuvo mucho que ver. “Te levantas por la mañana y tienes que estar ahí de verdad”, dice. “No es como despertarse para una entrevista de radio. De algunaforma, eso ayudó mucho a aliviarme el alma”.

Solía describirse como Peter Pan, que puede haber sido apropiado cuando vivía en casa de sus papás a sus veintitantos y salía con una chava de 19 años con un piercing en la nariz. Ya dejó atrás todo eso. “Hubo una especie de salto en mi vida”, dice. “Empecé a pensar que ser grande debe ser cool”. A Wentz le gusta verse como un personaje tipo Ziggy Stardust. “Mi nombre y marca eran tóxicos”, dice. “Se volvió una caricatura. Trataba de estar encendido todo el tiempo, como un comediante”.



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