El poder crudo está de regreso


James Williamson, de Iggy & The Stooges, presenta ‘Ready to Die’.


POR Staff Rolling Stone México  



James Williamson, de Iggy & The Stooges, presenta 'Ready to Die'.

Por @Verónica Galicia

Como leyendas del punk se pueden citar muchas bandas; esa sola palabra, punk, nos remite inmediatamente a un sinfín de personajes y lugares emblemáticos: The Ramones, Patti Smith, Nueva York, Malcolm McLaren, Joe Strummer, Londres. Pero en este caso, como en muchos otros géneros, quienes siembran camino y marcan pauta, no suelen gozar inmediatamente de protagonismo ni de días de gloria (si es que los llegan a tener).

Hay grandes bandas con poco material de estudio, con una precipitada carrera que coquetea por igual con las drogas que con la fama, con un sonido que se balancea entre lo poco valorado y lo diferente. Bandas llenas de actitud, cuyas increíbles presentaciones se vuelven de culto cuando el público corre la voz. Bandas que se juegan el 100 por 100 en cada decisión con tal de cambiarlo todo, bandas que entran de lleno como un tren bala, trazando el camino a su paso; bandas sin miedo, que con su ejemplo, reescriben la historia de la música aún sin tener la intención de hacerlo. Ese es el caso de The Stooges, una de las bandas más rudas y fundamentales del punk estadounidense.

Hace más de 40 años, James Newell Osterberg tenía la fiel vocación de ser un baterista de blues en el poco favorecedor entorno musical de Detroit. Ni él mismo imaginaba, que unos años después estaría sobre un escenario untando crema de cacahuate sobre su pecho, lanzándose desde las tarimas para que el público lo cargara, cambiando su nombre a Iggy Pop y convirtiéndose en una leyenda, en una piedra angular de la música contemporánea.

Si bien uno de los aciertos más grandes de Iggy fue hacerse amigo de David Bowie (quien le ayudó a reconstruir la banda y conseguir un nuevo contrato discográfico en 1971), no podemos dejar de lado otra de las mejores decisiones de la carrera de The Stooges, un cambio en la alineación que llevó su sonido a un nuevo nivel: Ese segundo acierto se llama James Williamson; quien junto con Iggy Pop, es autor del tercer álbum de estudio de la banda, Raw Power (1973). Su sonido de guitarra rápido y agresivo lo ha llevado a ser considerado por la crítica como uno de los guitarristas pioneros del punk.

“Mi guitarra favorita es una Gibson Les Paul Custom de 1969”, confiesa Williamson en una charla donde la discusión se centra en cómo su primer guitarra (una Fender Jaguar) no era el instrumento para el sonido que estaba buscando. “La manera en que logro mi sonido en particular se debe a las pastillas de la guitarra; en esos días, el hilo de cobre que las recubría era bobinado a mano, así era como cada quien lograba su propio sonido, algo único y característico. Combino esto con un amplificador Vox AC30, que es lo que técnicamente define mi

Pero no fue únicamente la muerte de Ron lo que trajo de vuelta al último de The Stooges: “Este período coincide con mi decisión de jubilarme antes de tiempo en Sony. Fue ahí, cuando Iggy me ofreció regresar con The Stooges. En un principio me negué, pues no tenía ningún interés en regresar a la escena musical, pero después lo pensé con más detenimiento. Pensé en Iggy, Ron y yo, como éramos cuando teníamos 20 años. En ese momento entendí que de alguna forma yo le debía una a mis amigos y que ellos, me necesitaban. Lo que más admiro de Iggy Pop, es cómo nunca se dio por vencido y logró reunir a The Stooges”.



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