El largo adiós de Little Richard


Menos música y más tiempo para crear atuendos. La primer fuerza imparable del rock de 80 años.


POR Staff Rolling Stone México  



Menos música y más tiempo para crear atuendos. La primer fuerza imparable del rock de 80 años.

Por Neil Strauss

“Sólo le agradezco a dios por estar vivo”, dice Little Richard. “Nunca creí que llegaría a los 80 años. Soy el único en mi familia que ha llegado a esta edad”.Hace un año parecía que Little Richard, uno de los primeros y más influyentes –sino es que el de mayor influencia– de los cantautores y pianistas en la historia del rock & roll, no llegaría vivo a los 80 años. Se encontraba en el Howard Theatre en Washington, D.C., en uno de los pocos conciertos que ha dado en los últimos cinco años.

Con un traje azul de lentejuelas que ya no le queda, fue llevado al escenario en una especie de mezcla entre trono, banco de piano y mueble de patio, para bajarlo justo enfrente del piano y que proclamara: “Está bien damas y caballeros”, comenzando el discurso con el que ha empezado sus shows en más de medio siglo. “Soy el bello Little Richard de Macon, Georgia”, pero esta vez, su introducción se tornó de grandiosa a fatalista cuando comentó acerca de su cirugía de reemplazo de cadera en 2009 y cómo los cirujanos fueron incapaces de retirar el hueso roto.

“Tengo dolor las 24 horas del día”, concluyó, e inmediatamente comenzó a tocar “Blueberry Hill”, hecha famosa por un amigo al cual aún visita, Fats Domino. En lo sucesivo, cada canción que tocó vino de un aún más profundo lugar de dolor; no emocional sino físico. Hasta que, finalmente a mitad de “Tutti Frutti”, justo después del primer “aw rooty”, imploró: “Jesús por favor ayúdame, no puedo respirar”.

Pero continuó determinado a darle a la audiencia por lo que vinieron, luchando por entonar “Long Tally Sally”, por un momento parecía como si el bello Little Richard fuera a actuar hasta la muerte, hasta que finalmente, fue evacuado del escenario. 15 minutos después estaba sentado solo en su silla de ruedas: “Estoy enfermo”, decía excusándose, como si estuviera decepcionado de que su cuerpo no pudiera seguirle el paso a su espíritu. “Manténganse cercanos a Jesús”, aconsejaba limpiándose la sangre de su nariz y boca con un pañuelo. “El mundo se está acercando a su final. Necesito un pocillo”.

Mientras escupía más sangre en el pocillo, dos fans entraron, con la esperanza de tomarse una foto con él. A pesar de su estado, los complació. Viendo la imagen les dijo: “Tengo una cabeza grande, tomen otra foto”.

Hace 70 años, cuando era simplemente Richard Penniman, los niños lo apodaban Big Head y evidentemente, los ecos de esas burlas permanecen ahí. Desde su niñez, ya sea insistiendo en ser la mamá al jugar a la casita o ganando unas monedas como un curandero, Penniman ha vivido en su propia realidad, con los elementos de su extravagante personalidad sellados en su lugar. Se llama a sí mismo el Arquitecto y Creador del rock, aunque en realidad es uno de los muchos padres fundadores del rock & roll. Cuando se le pregunta sobre sus afirmaciones, responde que también es llamado el “quásar del rock & roll” y reflexiona: “Había otro tipo en Atlanta, Billy Wright, pero yo lo inicié”.



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