La pasión de Dave Grohl


Cómo el Foo Fighter dejó de preocuparse y comenzó a amar la tierra de la oportunidad


POR Staff Rolling Stone México  



Cómo el Foo Fighter dejó de preocuparse y comenzó a amar la tierra de la oportunidad

Por David Fricke

Dave Grohl está a punto de cantar la última canción de la noche en el lugar donde presenció su primer concierto, en 1982: El bar Cubby Bear en Chicago. El grupo que tocaba eran los punks locales Naked Raygun. Grohl tenía 13 años, uno de sus primos lo llevó al concierto. En ese momento, todo cambió. Todo lo salvaje y bueno de su vida –dejar la preparatoria para irse de gira con una banda de hardcore; tocar la batería en Nirvana; escribir hits y vender múltiples fechas al lado de Foo Fighters; hacer cine–, todo comenzó aquí.

“Sólo recuerden: Todo es cosa de impulsar a alguien hacia aquello que le cambiará la vida por completo”, dice Grohl a la audiencia, efiriéndose al concierto de Naked Raygun durante un concierto celebratorio de la premier de Sonic Highways, serie documental de Grohl en HBO. “Imagínate todo lo que puedes presentarle a tus amigos para cambiar su…”.

Grohl voltea hacia alguien que hace una seña entre la gente. Su sonrisa se convierte en una mirada de encono. “¡Es en serio!”, dice en un raro momento de enojo. Poco después, Grohl recuerda el momento, aún molesto: “Una chica de las primeras filas hizo así” –apunta un dedo hacia la sien, imitando un disparo– “como diciendo: ‘Guau, me volaste la cabeza’”. (Tal vez se trataba de otro tipo de ironía: Hace 20 años, Kurt Cobain se quitó la vida de ese modo).

En el Cubby Bear, Grohl ha recuperado su buen humor. “Tal vez sea un tipo honesto y simple”, dice, “pero me ha funcionado durante los últimos 20 años”. Entonces, Grohl, los guitarristas Pat Smear y Chris Shiflett, el bajista Nate Mendel y el baterista Taylor Hawkins arremeten contra “Everlong”, clásico de Foo Fighters lanzad0 en 1997: “And I wonder/When I sing along with you/If everything could ever feel this real forever/If anything could ever be this good again”, canta Grohl, a un esperanzador unísono con sus fans.

“La gente no se imagina ser tan real, tan simple y honesta”, dice Grohl, de 45 años, unos cuantos días después en su casa de Los Ángeles, donde vive con su segunda esposa, Jordyn, y sus tres hijas pequeñas. Sacude la cabeza sorprendido, apartando el abundante y negro cabello de su cara. “Es importante para mí que las historias que me inspiraron puedan inspirar a otros. No siento estar en una misión, pero tengo la oportunidad y los recursos”.

Ha invertido dos años y su propio dinero –incluyendo la ganancia de los Foo por dos shows enormes el año pasado en México– en Sonic Highways, que comparte título con el álbum que resultó del proyecto. La serie es un seguimiento a Sound City, documental de Grohl sobre el legendario estudio angelino, y estará dividida en ocho capítulos que recorren ciudades icónicas de la música estadunidense, tales como Chicago, Austin, Nueva Orleans y Seattle. Grohl concibió y dirigió el proyecto, realizando entrevistas con una gran variedad de compañeros y mentores, incluyendo al bluesero Buddy Guy, Gibby Haynes de Butthole Surfers, la cantante country Carrie Underwood y el presidente Obama. Grohl es “muy pinche presidencial”, dice Hawkins, de 42 años. “Dave siempre ha dicho: ‘Tengo unas canciones. Sé cómo quiero que sean. Hagamos esto’. Nunca se ha sentado a decir: ‘Carajo, ¿qué vamos a hacer?’. Jamás”.





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