Foo Fighters sigue luchando


Con los ‘riffs’ a máximo volumen y el drama al mínimo. La dulce vida y la fe en el rock and roll de la banda más grande de Estados Unidos.


POR Staff Rolling Stone México  



Por Josh Eells

“Este es mi primer día libre en semanas” dice Dave Grohl descalzo en su cocina, portando jeans y playera –y su ya clásica sonrisa boba. El líder de Foo Fighters de 48 años, no tiene muchos días tranquilos: terminar discos, salir de gira, dirigir documentales y tocar con casi cualquiera que se lo pide. (“Me gusta tocar, ¿ok?”). Hoy no está ocupado. Ya dejó a dos de sus hijas en un campamento de efectos especiales. Ophelia, la más pequeña, está en el kínder, por lo que tiene todo el día para él. Muy pronto Foo Fighters se alistará para salir de gira con su noveno álbum, Concrete and Gold, por lo que Grohl podría tomarse aunque sea un día libre para relajarse. Pero como dice Pat Smear, guitarrista de Foo Fighters: “Los bateristas son como tiburones. Tienen que moverse todo el tiempo o se mueren”. Así que tacharemos algunos pendientes de su lista. La casa de Grohl se extiende por casi dos hectáreas en el resplandeciente Encino, California. Nos subimos al Tesla del músico, una nave espacial de 140 mil dólares con Sonic Youth en el estéreo. Mientras avanzamos, Grohl simula tocar la batería en el volante. Aplaude, sacude los pies, se pega en los muslos. Es tanto inconsciente como compulsivo, como si fuera a explotar si no saca el ritmo de su ser. “Siempre tiene la energía a tope”, dice su amigo Paul McCartney. “Yo soy una persona entusiasta, pero yo creo que él es el doble”, asevera.

Grohl se incorpora a la avenida 101 y dirige el camino hacia Amoeba Records, la legendaria tienda de discos en Hollywood. Su hija de en medio, Harper de 8 años, acaba de empezar con sus clases de batería, por lo que quiere comprarle algunos discos para tocar al unísono. (Ya le enseñó “We Will Rock You” de Queen). Harper pidió un LP de Imagine Dragons. Las niñas se acostumbraron a los vinilos desde que Grohl les regaló un box set de The Beatles para “asegurar que tuvieran una base musical antes de que se fueran directo a la pinche Iggy Azalea”, de igual forma “voy a contrarrestar eso con un poco de AC/DC”. “No puedes equivocarte con ‘Highway to Hell</strong>’”, incluso si es una niña de 8 años.

En la entrada una mujer nos saluda y nos pregunta si venimos al show de Lana Del Rey. “No. Vengo a comprar un disco para mi hija”, dice el cantante. Grohl “es una persona que puede hacer que todo un estadio sienta que ya se ha tomado una cerveza con él en algún momento”, dice Taylor Hawkins. Es para el rock lo que Tom Hanks es para Hollywood: la porrista principal, la piedra angular y el tipo del que todos quieren hacerse amigo. ¿Los premios Grammy necesitan alguien que toque la guitarra en lo que Deadmau5 se pelea con su computadora? Llamen a Grohl. ¿Los Óscares quiere un rockstar que toque un set acústico durante su segmento In Memoriam? Sólo dile a Grohl dónde poner su banco. ¿Tu primo y su banda tributo a Black Sabbath tocan esta noche y su baterista no puede llegar? Mándale un mensaje a Grohl y llegará en 20 minutos.

Posiblemente Foo Fighters es la banda de rock estadounidense más importante de las últimas dos décadas, a pesar de que la balanza no está precisamente de su lado. “Ya no hay rock. El rock alternativo de la radio suena como Men at Work”, dice Hawkins quien recientemente le preguntó a su hijo Shane, de 10, si a alguno de sus amigos les gustaba el rock. Dijo que sólo Drake y Lil Yachty. Hawkins de 45, siendo el más joven dela banda entiende: “¿Me hubiera gustado escuchar una banda de cincuentones a los 17? Probablemente no”.

Grohl también lo asimila. “Recuerdo que cuando tenía 26 decía que no iba a seguir haciendo esto después de los 33. En medio año cumplo 50 y mira. Nunca pensé que terminaría en un festival de rock con canas en la barba, pero sucedió y ya hice mi paz con eso”, relata.

Cuando hablamos de rock, Dave es un portador del estandarte, un evangelista. “Todavía disfruto ir a ver nuevas bandas. Creo que hay toda una nueva generación esperando para salir a la luz y probablemente piensa que nosotros somos Gandalf ”. Todavía le importa hacer discos, y hacerlos bien. “Siempre he tenido miedo de convertirnos en un patrimonio. Siento que tenemos que probar que somos una banda digna de seguir una y otra vez”.

La formula es sencilla. “Juntos sonamos como una banda, el reto es descubrir de qué manera evoluciona”. Al mismo tiempo Hawkins sugiere que su confiabilidad “es una de las razones por las que seguimos aquí y haciéndolo al nivel que queremos. Creo que le otorgamos a la gente algo en lo que pueden confiar: grandes coros, guitarras y un poco de gritos”.

Al salir de la tienda de discos Grohl me dice: “De hecho el estudio donde grabamos el nuevo disco está muy cerca”, me sugiere. Llegamos a un grupo de estudios que fueron construidos por Frank Sinatra. “Aquí mezclamos el Unplugged de Nirvana hace años”, relata Grohl mientras nos adentramos en el recinto. Abre la gloriosa puerta de lo que es Studio 3 y susurra: “Este es el cuarto de Pet Sounds. ¿No es increíble?”.

Para coordinar Concrete and Gold, la banda eligió al productor Greg Kurstin, un mago del pop que ha trabajado con Sia y quien además produjo y co escribió “Hello” de Adele. Grohl es un gran fan de la banda de Kurstin, The Bird and The Bee y esperaba que el productor pudiera brindarle sus armonías y arreglos al proyecto.

Hay cosas en este disco que habían habitado la cabeza de Dave por mucho tiempo, las capas de voces y los contrapuntos, por ejemplo”, dice el guitarrista Chris Shiflett. “Fue genial ver a Dave dejar que alguien más produjera el disco. Usualmente es difícil que suelte las riendas”, añade el bajista Nate Mendel. Hawkins por su parte asevera que “es nuestro disco más psicodélico”.

Los integrantes del grupo no habían grabado un álbum completo en un estudio tan grande y comercial desde el 2002 (One by One), por lo que habían olvidado los aleatorios y divertidos encuentros. “Salíamos al pasillo y ahí estaba Lady Gaga”, recuerda Grohl.

Últimamente se ha introducido al arte de cocinar, por lo que dejó su parrilla en el patio y se designó como el encargado de las parrilladas del edificio. “A veces cocinaba para 40 personas por noche”, confiesa orgulloso. “Estábamos grabando y yo estaba a la mitad de una nota y me acordaba: ‘Carajo, tengo que ir a checar la 
carne’”. Pero socializar les trajo grandes beneficios, trayendo todo tipo de invitados a sus sesiones. Como 
el cantante de Boyz II Men, Shawn Stockman, a quien Grohl se encontró en el estacionamiento. Después llegó el día en el que Justin Timberlake llegó a su puerta. Había escuchado lo que Foo Fighters estaba haciendo y le gustó. Tarde
que temprano comenzaron a pasar tiempo juntos. “Bebíamos whiskey”, dice Grohl. “Es una gran persona. Su
penúltima noche en el estudio nos dijo: ‘¿Puedo cantar en su disco? Me encantaría poder decirle a mis amigos’”.


La banda le permitió añadir algunos coros a una de las canciones del LP. “Lo hizo increíble. El chico va a llegar
lejos”, asegura. Sin embargo, ese no fue el invitado más emocionante de la banda. Ese honor le pertenece a Sir Paul McCartney. Él y Dave son amigos, sus familias se llevan bien y han tocado juntos un par de veces. Así que cuando McCartney tuvo que tomar prestado a Kurstin a la mitad de la grabación de Foo Fighters, Grohl decidió cobrar un favor. Le mandó un mensaje a McCartney. “¿Te gustaría tocar la batería en alguna de nuestras canciones nuevas?”. ¿Cuál fue la respuesta de McCartney?: “¡Estás loco!”. Para fortuna de la banda, Paul dijo que sí. Como era de suponerse, Paul McCartney es un buen baterista. “No necesariamente piensas en él en la batería, pero lo hizo sin esfuerzo desde la primera vez. Ni siquiera había escuchado la canción. Dave le explicó cómo era con una guitarra acústica y de pronto dijo: ‘Ah claro, sé lo que están haciendo’”.

McCartney grabó dos tomas; se quedaron con la primera. “Es estúpidamente bueno”, asegura Grohl. “Tocamos por casi una hora y nos tomamos un descanso. Fuimos por bagels y té. Pensé que ya había sido todo, salí por un cigarro y alguien me dijo: ‘¡Oye, que Paul quiere tocar un poco más!’ Nos reunió a todos de nuevo: “¡Hay que escribir canciones!”. Cuando terminó el tiempo en el estudio, Grohl hizo lo que siempre hace y se dedicó a ponerle letra a las canciones. Se encerró en un Airbnb a las afueras de L.A y dentro de cinco días convivió únicamente con las pistas instrumentales y una caja de vino. Una semana antes de que se fuera, Donald Trump ganó la candidatura representando al Partido Republicano. “No soy una persona particularmente política, pero es fácil adivinar en qué parte del mapa estoy”. Pronto Grohl se encontró a si mismo en calzones, borracho y gritándole cosas a un micrófono. Subconscientemente, muchas de sus ansiedades políticas salieron a la luz. Una canción en particular, “La Dee Da”, evocó los sentimientos de su yo adolescente, un chico de los suburbios de Virginia solo y loco por el punk rock. El primer track del disco, “T-Shirt”, llegó después de la toma de protesta de Trump.“Toda esa ambición y poder me asustaron. Pensé:‘Esto es en lo que nos hemos convertido’”.

Dicho lo anterior, si no sabes el contexto, no hay nada explícitamente político en el LP. “Cuando salimos a tocar lo hacemos para todos. La música es algo que puede unir dos lados opuestos del espectro para que se liberen por tres horas. Una parte de mí piensa que soy mejor en darle esperanza a la gente. Eso es lo que intento hacer”.

En nuestra siguiente parada está la casa de la madre de Grohl. Si crees que Dave es cool, Virgina Hanlon Grohl es aproximadamente 37 veces más. Crió a sus hijos después de que se divorciara del padre de Dave (un republicano que manejaba campañas). Recientemente publicó su primer libro a los 79, una colección de entrevistas que hizo con las madres de otros músicos famosos (Pharrell Williams, Adam Levine, Dr.Dre) que se titula From Cradle to Stage. “Cuando David nació, estaba en el hospital y había muchísima gente alrededor. Aparentemente los residentes necesitaban ver su primer parto. Así que cuando Dave nació todos aplaudieron. Nunca lo pensé hasta mucho tiempo después, pero fue como una epifanía. Un aplauso fue el primer sonido que escuchó”.

Grohl decide que vayamos a Studio 606, el estudio principal de la banda desde 2005. Caminamos por el inmenso lugar, lleno de docenas de guitarras. Las paredes están cubiertas de 25 años de memorias, posters de Foo Fighters y Nirvana.


En retrospectiva, es fácil olvidar que era improbable que Foo Fighters se convirtiera en lo que es. Después de la disolución de Nirvana, parecía que el baterista no saldría de la sombra. Pero el tiempo que estuvo en Nirvana lo hizo el exitoso líder que es hoy. “Aprendió tanto que le funcionó para saber qué errores evitar y qué virtudes aprovechar”, dice Smear, compañero de Dave en ambas bandas.

Grohl le llama a los tres años que transcurrieron de 1991 a 1994 “el peligroso caos que enfrenta una banda al volverse tan popular en poco tiempo”. “Cuando empezó Foo Fighters teníamos una idea clara de qué buscábamos hacer. En la lista de cosas por hacer estaba tocar muchos shows, empezar de cero. En la de cosas por evitar… ¿la heroína?, supongo”.

Con una trayectoria de casi un cuarto de siglo, tienen sus secretos para estar donde están. Nunca se han separado ni han cambiado su sonido drásticamente. “De hecho ninguno de nuestros discos es tan popular”, dice Mendel.

En sus primeros años juntos hubo divorcios, cambios en la alineación y la sobredosis de Hawkins que lo puso en coma por dos semanas. “Pasamos por periodos difíciles al inicio, pero a partir de ahí todo comenzó a fluir. No estoy diciendo que no nos peleemos, de hecho Dave es la persona que más me puede lastimar en el mundo. Pero no es con mala intención, son peleas como de hermanos”, asegura Hawkins, ahora sobrio.

Grohl también se ha asegurado que el resto de la banda no se sienta como su acompañamiento. De hecho todos los miembros del grupo se llevan los mismos ingresos de las publicaciones. (En contraste a lo que hacía Kurt Cobain, quien renegoció los contratos de Nirvana a su beneficio). “¡Dave era el pinche baterista! Estuvo en el asiento trasero, sabe cómo tratarnos”, detalla Hawkins. De igual forma eso no niega de quién es la banda. “Foo Fighters funciona porque no es una democracia, esa es una de las razones por las que no se ha desecho”, asegura Shiflett.

“Es una dictadura benigna”, complementa Taylor. Grohl prefiere pensar en el grupo como una familia. “Sé que soy la cabeza de todo, pero cada uno tiene sus responsabilidades para que esto fluya”. Todos los Foo Fighters tienen proyectos en solitario, sin embargo, de todos estos, el de Dave es el mejor. ¿Los demás no se molestan cuando está con miembros de Led Zeppelin?

“Algunas veces sí te molesta”, confiesa Hawkins. “Te preguntas por que tú no estás involucrado en eso, pero el exbaterista de Police, Stewart Copeland, uno de mis héroes, una vez me dijo algo increíble. Yo estaba molesto por algo, no te voy a decir por que pero le hablé y me dijo: ‘Taylor. Vives en una casa bonita, haces las cosas que te gustan, haces discos en solitario, ¿no? No llames a nadie. Dave es un buen hombre. Tienes algo increíble. Ve a dar un paseo en tu moto y todo parecerá mejor cuando vuelvas’”, Hawkins sonríe: “Excelente consejo”.

De vuelta en casa de Grohl nos sentamos con su familia. Este mes la banda se concentrará en Cal Jam’ 17. “Soundgarden ya había confirmado su participación… Pero no pasó”. Chris Cornell había sido amigo de Grohl desde sus días de grunge en Seattle. “Lo adoraba. Tenía tanto que ofrecer”, dice a punto de las lágrimas. “Con el paso del tiempo agradeces haber sobrevivido pero después ves a otro caer. Y este dolió. Lo importante es llegar a casa y estar a salvo. Siempre seguir adelante”. Grohl sonríe, feliz de tener casa llena.



comments powered by Disqus