Gasolina para las masas


Cuando The Prodigy volvió a México y encendió el aire.


POR Valeria Villegas  



Con las fauces de un rabioso “Rok-Weiler”, con la contundencia de un maldito “Firestarter”, cuando el sol se esconde, los diablos salen a retozar y la furia se adueña de la noche. Ahí mismo es donde ocurre The Day is My Enemy. Un arranque de amenazadora tersura con voces femeninas en el track homónimo da pie a un apabullante ataque de beats industriales en temas como “Nasty”, para descender con los teclados en el impasse con tintes atmosféricos “Beyond the Deathray”.

Con invitados como Sleaford Mods (“Ibiza”) y Flux Pavilion (“Rhythm Bomb”), The Prodigy ofreció un LP que parece conjurar el espíritu salvaje del underground, las entrañas del monstruo que vieron a la banda consolidarse.

En esa esfera es donde The Prodigy habita, en una selva caótica, una rebelión permanente de máquinas y humanos que se proyecta sobre el escenario con un espectáculo machacante. Perpetuamente hambrienta de energía, la banda es una fuerza electrónica que sigue siendo capaz de revivir la rabia y el abandono del punk.

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