George Clooney, confesiones de una mente siniestra


George Clooney platica con Rolling Stone acerca de lo que hay debajo de su cama y algunos otros de sus secretos


POR Staff Rolling Stone México  



George Clooney platica con Rolling Stone acerca de lo que hay debajo de su cama y algunos otros de sus secretos

¿Qué hay debajo de la cama de George Clooney? Y otros secretos del hombre más ‘cool’ de Hollywood

Por Erik Hedegaard

George-Clooney¿Habrá existido otra estrella más perfecta que George Clooney en la historia del cine? Míralo ahora, sentado en su casa, en la parte más elevada de las colinas de Hollywood, pantalones caqui color hueso, calcetines que combinan, lustrosas botas para el desierto, camisa polo azul, soñadores ojos café-chocolate, espalda amplia, una fila muy pareja de dientes blancos (pero no demasiado blancos), una cabellera distinguidamente encanecida, piernas cruzadas con aplomo y seguridad, una sonrisa despreocupada y un aura tranquila que emana confianza en sí mismo.

Habla sobre una cosa u otra, quizá acerca del fracaso de los políticos actuales, “Nuestra época es una jodida locura; estamos demasiado polarizados”, quizá acerca de las atrocidades cometidas en Darfur, quizá comentando brevemente sus dos cintas más recientes: un drama político llamado The Ides of March, “No es para todo público, pero me importa un carajo. No tengo necesidad de crecer mi fama y el rodaje costó $12 millones de dólares, así que cualquier ganancia está bien” y un oscuro drama familiar intitulado The Descendants, “Si no lo nominan para Mejor Película me traumaré. Es buenísima”. Sin embargo, a decir verdad, no es cosa fácil escuchar sus palabras por encima del escándalo de la absoluta perfección de su persona y su entorno. Esta casa, por ejemplo, no es sólo una casa: es como la de los Tudor, con todo y canchas para baloncesto y tenis, una alberca con bar, cascadas, asadores de acero inoxidable, “¡Soy un maestro de la parrilla! ¡Mi cordero es el mejor del mundo!”, una sala para proyecciones en 3-D y un bate de béisbol Louisville Slugger C271, oculto bajo la cama de la suite principal, pensado por Clooney para los intrusos (hasta el momento, nadie ha osado meterse a robar). Pero no debemos olvidar su chalet en el lago Como, en Italia, en donde a los famosos les da por reunirse, enfiestarse y tirarse al agua desde una parded, “Logré que Charlie Rose la hiciera hace dos semanas, luego de nadar tranquilamente con Marisa Tomei y Evan Rachel Wood”. Tampoco debemos hacer caso omiso de sus amiguitas, siempre de hermosas piernas (“Siempre he sido un obsesivo de las piernas”): cuando es hora de marcharse, lo hacen sin armar alharaca. En serio, esto es prácticamente increíble y casi demasiado.

getY aquí lo tenemos, sentado, a gusto, acariciando los pliegues de su pantalón, diciendo, “Creo que una de las peores lecturas que se han hecho de mi persona es que yo vivo como otros creen que lo hago, acompañado de bebidas frías y calientes todo el tiempo, de fiesta en fiesta. La gente lo piensa de acuerdo con criterios excesivos que en realidad no existen. Las cosas son mucho más sencillas”. Por ejemplo, el comienzo de este día, “Veamos”, dice “fuera de la cama a las 7:30 hrs. gracias a mi perro Einstein; viene de una perrera, su nombre tendría que ser Lotería. Bueno, me puse la bata, bajé y le di de comer. Me cepillé los dientes e hice del baño; hacerlo simultáneamente sería lo mejor, pero me parece que mis bolas terminarían ardiendo bajo una capa de pasta de dientes. Luego me bañé, anduve en bicicleta hasta sudar y me bañé otra vez. Más tarde vino un doctor que me revisa cada seis meses; se llevó muestras de mi sangre, litros de sangre, me tomó la presión, que estaba muy baja, por cierto: 98 por 68”.

Por supuesto que era baja, ¿de qué otra manera podría ser? Su rostro, su apariencia, el dinero, la fama, el encanto, las mujeres, la auténtica decencia del buen hombre, el doctor que le visita; él posee todo lo que se te pueda ocurrir, incluyendo una baja presión arterial. No es justo que todo esto le ocurra a una sola persona. ¿Qué hay del resto de nosotros?, estornudos, malos momentos, ¿nada más? Por lo menos tuvo que haber pagado caro todo este lujo.

Se le compara todo el tiempo con los mejores –Steve McQueen, Cary Grant, Gregory Peck– y al parecer cada segundo aparece una nueva teoría acerca del actor. Él es la última estrella de cine verdadera. El último norteamericano. El bromista perennemente soltero de Hollywood, así como su embajador más poderoso y elegante. Es de los pocos que pueden hacer comedia (O Brother, Where Art Thou?, Intolerable Cruelty), acción (Three Kings, The Perfect Storm), drama (Up in the Air, Michael Clayton), doblajes de voz (Fantastic Mr. Fox), servicios públicos (Syriana, Good Night and Good Luck), proyectos para levantar el ánimo (la serie The Ocean) o para sentirse mal (The American). Además ha logrado dar el salto desde el mundo de la televisión (cinco temporadas en ER) a la pantalla grande, sin morir en el intento a causa de toda una serie de fracasos (Batman & Robin, One Fine Day). Más aún, se le considera el rey del chismorreo y la definición misma del estilo y la clase. A la izquierda, él es una especie de ángel; pero por la derecha, Clooney semeja un idiota. Y sin duda es alguien que jamás te dejará en la estacada. “Una cualidad que realmente lo diferencia del resto”, explica Steven Soderbergh, quien lo ha dirigido en seis cintas, “es que sólo se pelea con los que son tan poderosos como él, y eso es algo muy extraño en este negocio”. Así que él es todo esto y más. Pero el elemento unificador que todo mundo le atribuye a Clooney no es otra cosa que su fidelidad a sí mismo. El Clooney que ves en las películas es idéntico al de los artículos y notas periodísticas, es el mismo que va a Darfur y el mismo que tengo ahora frente a mí diciendo, “En gran medida soy lo que los demás asumen”. No hay separación y no le gusta ocultar nada.

6-Jobs¿Deseas saber si este bebedor reconocido es en realidad un alcohólico? Acercando su noble cabeza, el actor responde encantado, “No acostumbro a beber solo, pero sí tomo muchísimo”, dice, “lo disfruto. He atravesado fases en las que bebo tanto que me tengo que decir, ‘Muy bien, ya son demasiadas crudas seguidas, tengo que calmarme’. La última vez que me puse realmente loco fue tras la herida que sufrió mi cuello durante la filmación de Syriana. La borrachera me permitió lidiar con el dolor, así que a lo largo de tres meses no hice nada más que beber noche tras noche”.

¿Deseas mirar hacia el pasado y charlar acerca de las circunstancias alrededor de su primer orgasmo? No hay problema. De hecho, Clooney se muestra entusiasmado, “Me parece que ocurrió mientras trepaba una cuerda, a los seis o siete años”, dice elevando la voz. “Vamos, claro que no eyaculé, pero todo lo demás estaba ahí. Recuerdo que ahí colgado, en las alturas, pensé, ‘¡Dios! ¡Qué sensación maravillosa!’”.

¿Quieres saber si Max, el cerdo vietnamita color negro que el actor cuidó y amó a lo largo de 18 años, tenía derecho a compartir la cama? Sólo pregunta; “Claro que sí, y lo hizo durante un buen rato, pero de pronto engordó demasiado”.

To-look-all_info-000195¿Quieres saber si tiene novia? Eh, vaya… esa pregunta no obtendrá respuesta, “Puede que tenga novia, pero no hablaré al respecto. Esa información me la guardaré”. Y digamos que la visita guiada termina en su habitación, en cuyo vestidor Clooney guarda docenas de camisas blancas detrás de una vitrina, como si fuesen vinos caros. Digamos asimismo que miras debajo de su cama y encuentras el bate de béisbol, lo que te compele a preguntar si habrá algo interesante en los cajones del taburete nocturno. Lo que el actor te responderá mientras, con toda gentileza, te saca de ahí es lo siguiente: “Seguramente, no”, es decir, sí. Pero más allá de estas nimiedades, él siempre estará dispuesto a revelarlo todo.

Sin embargo, al mismo tiempo, lo anterior no quiere decir que todas sus peculiaridades han sido expuestas. No es que guarde secretos, es sólo que algunas partes de su vida nunca han sido examinadas. Por ejemplo, su periodo furibundo, lo padeció como pocas otras cosas en su vida: Fue la década de los noventa, su carrera no iba mal pero él se sentía furioso. Se enojaba con los conductores que lo rebasaban o le impedían aumentar la velocidad, “Los muy idiotas”, y bajaba el cristal de su ventana para espetarles, “¡Pendejos!”. Rompía sus palos de golf y los arrojaba al lago. Destruyó su raqueta de tenis. Se ponía mal; “completamente fuera de mí, daba vueltas alrededor del departamento de mi novia, pensando, ‘Claro que está con el otro’”. Si alguna amistad lo ofendía, bosquejaba una carta con palabras como “chupavergas” e “imbécil flamante”. Una situación terrible y no fue algo detonado por el asco que desde siempre ha sentido por los bravucones prepotentes, lo que le condujo a estrangular al abusivo director David O. Russell en 1999, durante el rodaje de Three Kings (otros miembros del equipo tuvieron que separarlos a la fuerza). Ese enojo, sin embargo, tuvo una justifcación. Pero la furia que lo poseía siempre carecía de ella.

“Hace años que no exploto de esa forma”, dice Clooney esta mañana. “Pero, sí, es cierto, atravesé por ese periodo. Me gustaría saber qué demonios me pasaba, de dónde salía ese sentimiento. Pero no tengo ni las más puta idea, ¿sabes?”.

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