Con hambre y tenacidad


Juanes ve hacia sus memorias y su actual vida en Estados Unidos.


POR Staff Rolling Stone México  



Foto: Cortesía Universal Music
Foto: Cortesía Universal Music

Por Diego Ortiz

¿Qué recuerdos tienes de tu niñez?

Recuerdo la casa de mis papás. Vivimos toda la vida en el centro de Medellín y yo, por vivir en el centro, no salía de la casa. Iba al colegio y volvía. Siempre cuando llegaba a la casa después del colegio había dos o tres guitarras puestas. Y lo que más recuerdo es ver a mis hermanos tocar música popular. Los Visconti, Los Chachaleros, Gardel. Así me conecté con la música. Aprender más o menos a tocar la guitarra me dio demasiada alegría. Me sentaba en mi casa a tratar de cantar con la guitarra acústica y música popular. Nunca supe de rock ni nada de eso hasta los 12 o 13 años. Antes de eso era pura música popular.

Mi hermano fue el que me enseñó a tocar la guitarra y a cantar. Me metió en clases. Recuerdo que me iba a la clase con un casete con una canción, digamos, de Los Visconti. Entonces le decía al profesor: “Quiero que me enseñes esta canción”. Me la enseñaba. Ya en el bachillerato empecé a escuchar del rock. Mis amigos me hablaban, entonces empecé a escuchar algunas bandas. Y ahí empezó todo como a cambiar. Me volví loco con el rock, me parecía lo máximo. Como no sabía tocar guitarra eléctrica conseguí una en una tienda de cosas usadas, conocí a Andrés García con el que hicimos Ekhymosis. Él me enseñó a tocar la guitarra.

Nací en Medellín en 1972, pero mis papás son de un pueblo que se llama Carolina del Príncipe, que queda como a dos horas de la ciudad. En vacaciones siempre íbamos allá. Siempre. Fue una época cheverísima, porque crecí escuchando esta música. Mi papá tenía la casa en la plaza del pueblo. En el primer piso había una cantina, y cuando me acostaba a dormir a los siete u ocho años, lo que me retumbaba era el bajo. Allá los borrachos gritando y peleando. Y en el colegio, muy tímido, muy callado, no hablaba con nadie. Era gordito [risas]. Buen estudiante. En el colegio comenzó cuando estaba en primaria en los actos cívicos ahí empecé a meterme con el tema. Por ahí a los 10 años cantábamos música vieja. Luego un amigo me dijo: “¿Has escuchado a Bon Jovi? Bon Jovi es una nota” [risas]. Imagínate es que estamos hablando de hace 30 años, 35. No tenía ni idea de quién era Bon Jovi. Después que Iron Maiden, que Kiss, que Metallica. Creo que era el más fan de Metallica. Me sabía todas las canciones en la guitarra, tenía todo mi cuarto lleno de los afiches de Metallica, no podía permitir que nadie hablara mal de la banda. Pero intenso, intenso. Obsesivo.

¿Por qué vives en Miami?

Desde el 2003, cuando trabajaba con Fernán Martínez, estar aquí era importante. Aquí está el network de la música latina, todas las cadenas, la radio. Cuando viví en Los Ángeles me di cuenta de que quedaba muy lejos de Colombia: ocho horas. Era muy complicado. Acá un viaje a Medellín te dura tres horas, además esto está lleno de colombianos. Vas al supermercado y están todos los productos. Lo hice inicialmente por la carrera, para proyectarme. Nació Luna, nació Paloma, las metimos al colegio. Nos fuimos adaptando a esta ciudad. Hubo una época en que nos fuimos a vivir a Medellín, que fue la época de La vida es un ratico. Era complicada la promoción, los viajes. Tenía dos días libres y muchas veces perdía la conexión de Bogotá a Medellín. Me fui a vivir a Bogotá y allá se me dañó la familia, me separé de Karen. Y después dije: “Me voy a regresar a Miami, me voy a concentrar en el trabajo y mi familia”.
Pero hermano amo Colombia, estamos siempre allá. En diciembre, en Semana Santa… Los pelaos tienen pasaporte colombiano, aman la selección y se ponen la camiseta. Les encanta Cartagena, Medellín. Hablan en inglés con los amiguitos, pero en la casa hablamos en español. Cuando hablamos en inglés se ríen de nosotros [risas]. Me gusta vivir acá. Acá haces lo que quieras, y lo consigues. Ayer fuimos a una convención de creadores de contenido con Netflix, Amazon, todo el mundo reunido. Tienes dos reuniones de dos horas y de repente terminas metido en dos proyectos chéveres.

¿Y cómo ha sido tu conexión con el mercado anglo?

Nunca he sacado una canción en inglés hasta este nuevo disco. Porque no era capaz, es muy difícil. Me quito el sombrero a Shakira y la gente que lo ha hecho. Yo me demoré como cinco años más o menos tratando, haciendo experimentos. Pero la pronunciación es muy “hijueputa”. Tomó tiempo que me sintiera más cómodo. Los americanos me han tratado muy bien. La prensa… me han invitado a muchos eventos, muy respetuosos. En general se siente un buen ambiente. Cuando hacemos las giras te das cuenta por el público. La mayoría son latinos, pero siempre hay un 20 o 30% de monos [risas].

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