Los hermanos golpeados


Kings of Leon era la banda más grande en el mundo, luego cayó al fondo.


POR Staff Rolling Stone México  



Kings of Leon era la banda más grande en el mundo, luego cayó al fondo.

¿Podrán los nuevos desamparados del rock luchar de regreso?

Por Patrick Doyle

“Necesito algunos anargésicos ahora”, murmura con una ronca voz Caleb Followill, recientemente durante una lluviosa tarde en Londres. El líder de Kings of Leon se sienta en la esquina del bar art-deco del hotel de cinco estrellas donde se hospeda la banda; con una cara de leñador cansado iluminada por la luz de una vela, mientras se escucha jazz al fondo. “Volví a saltar de la parte superior de ese maldito yate”. El accidente ocurrió hace un par de semanas durante un descanso entre shows, cuando la banda lanzó bolas de golf al Mediterráneo y dio una fiesta de togas. “Eran las 02:00 hrs., todo estaba completamente oscuro y yo ebrio. Caí en el agua con el trasero. Desde hace una semana, apenas puedo sentarme y pararme. Toca nerviosamente su pierna mientras habla acerca de las opciones de almohada para el vuelo de regreso a casa, en Nashville. “¿La cosa esa cómo dona? Me sentaré en ella, no me importa. Tal vez tenga que tomarme un Vicodin. No me puedo sentar por tanto tiempo, me mata”. Un amigo en la mesa señala que este es el segundo accidente en un yate de Followill…

En el 2010 se lastimó en un bote en Italia. Las lesiones en las fiestas del jet set son un riesgo laboral para los Kings, que luego de dos años –su pausa más larga en una década– están de nuevo de gira. La última vez que comenzaron un tour, podría decirse que eran la banda más grande del mundo llenando estadios con la fuerza de sus éxitos de radio: “Use Somebody” y “Sex on Fire”, extraídos del álbum ganador de un Grammy, Only by the Night de 2008. Muchos esperaban que su siguiente disco, Come Around Sundown, del 2010, los llevará aún más lejos. En su lugar y a comparación, se vendió pobremente (con 731 mil copias), cerca de un tercio de lo que Night vendió. “Básicamente yo me deslindé de ese disco”, dice ahora Caleb. La banda terminó antes su gira por Estados Unidos, cancelando 26 fechas luego de un desastroso concierto en Dallas en julio de 2011.

Ahora, los Kings están de regreso con una gira en apoyo de su nuevo álbum Mechanical Bull, el cual toca todas las identidades del grupo en la última década: Rockeros de garage acelerado , discípulos del southern soul y maestros de la pomposidad de estadio. “Se siente bien ser el más débil”, dice el bajista Jared Followill. “Somos un equipo de remontada. Me alegra que nos tomáramos ese tiempo. Toda esta controversia nos pone contra la pared y trabajamos mejor así”.

Caleb, quien es un poco más reservado, me dice que por primera vez acaba de escuchar el nuevo álbum secuenciado. “De hecho me gustó”, afirma. Esa noche, tras un día de sesiones de foto y entrevistas con la prensa inglesa, los Followill se relajan en uno de sus restaurantes favoritos favoritos, un popular lugar de mariscos en Londres, Scotts. “No tienes que ordenar nada”, dice el baterista de cabello largo, Nathan Followill, escogiendo dos piezas grandes de lenguado con guarniciones de pulpo y calabacines; y la primera de dos botellas de un Chardonnay australiano de 178 libras. “No está mal para una entrevista”, dice Caleb.

Los hermanos Followill son aficionados a la comida; este mes curarán un festival de alimentos en Nashville –su hogar desde hace más de una década– en donde ambos han terminado las remodelaciones de sus casas para acomodar a sus bebitas. Nathan describe su casa como “un ovni de madera suspendido en los árboles”. (Dice que su esposa, la cantante Jessie Baylin, quiere que salga en una revista de arquitectura). Pero con toda la actividad reciente, sólo ha pasado nueve días ahí.

Caleb ha vivido un mal rato conduciéndose entre las habitaciones a prueba de bebés de la casa que comparte con su esposa, la modelo Lily Aldridge y su hija de 15 meses, Dixie Pearl. “No podía entrar al baño, no podía entrar a la cocina”, dice mientras cuenta acerca de una noche reciente en la que llegó tarde a su casa, borracho. “Ella puso trabas dobles a todo. Ellas simplemente se van a los extremos”. Los hermanos rememoran Inglaterra, en donde han sido muy exitosos desde que su manager les consiguió participaciones en festivales junto a Interpol y My Morning Jacket en el 2003. “Nos paramos ahí y tocamos; y estas bandas más experimentadas nos veían como una amenaza; amábamos esa rivalidad”, cuenta Caleb mientras Nathan añade: “Y fue nuestra primer experiencia con el libertinaje del estilo de vida del rock & roll”.

En los años siguientes se ganaron una reputación como la banda más fiestera. “Por un tiempo estuve en el ojo del huracán”, relata Nathan, recordando una depresiva víspera de Año Nuevo a mediados de la década del 2000. “Caleb, Nacho y yo” –el primo de los hermanos y técnico de las guitarras–, “Fuimos a Nueva York y decíamos, ‘Nos meteremos suficiente cocaína como para matarnos, o si logramos sobrevivir este fin de semana, no lo volveremos a hacer’. Nos encerramos en un departamento en Union Square y el repartidor venía tres veces al día. Regresamos a casa y cuando nuestra madre nos vio, de inmediato comenzó a llorar porque estábamos flacos y pálidos”. Caleb deja de masticar lanzándole a su hermano una mirada inquietante. “Aligeremos el ambiente aquí”, dice. Los Kings no se convirtieron en superestrellas en Estados Unidos hasta cinco años después de que alcanzaron fama en Europa, cuando cambiaron el garage rock por un sonido más pulido y con más reverberación; el cual encontraron luego de ser teloneros de U2.

El disco del 2007 Because of the Times, no fue un gran éxito, pero Only By The Night, que salió el año siguiente, fue un monstruo.



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