Los caballeros de la mesa redonda del siglo XXI


El incitador Matthew Vaughn nos ofrece una historia de espías contemporáneos muy británicos en ‘Kingsman’


POR Staff Rolling Stone México  



El incitador Matthew Vaughn nos ofrece una historia de espías contemporáneos muy británicos en 'Kingsman'

El incitador Matthew Vaugh nos ofrece una historia de espías contemporáneos muy británicos en ‘Kingsman’

Por Óscar Uriel

El excéntrico y pintoresco universo de los espías. Un ámbito algo particular. Desde James Bond hasta Jason Bourne, pasando por Simon Templar, el personaje del informador internacional se ha convertido en una misteriosa figura a indagar en la ficción. Ahora llega a cines una reinterpretación más basada en un aclamado cómic y dirigida por Matthew Vaughn, uno de los realizadores
más audaces de exitosas franquicias. Kingsman: El Servicio Secreto no es más que una versión renovada de la clásica anécdota en donde un sofisticado tutor instruye a su pupilo en un enigmático entorno del cual el alumno saldrá convertido en un experto. Podemos decir que esta película trastoca de forma irónica las concepciones del género de espías.

Fue precisamente en el set de Kick-Ass cuando Vaughn decidió aproximarse a la historia debido a su fanatismo por James Bond; sin embargo, el realizador quería hacer algo totalmente distinto e irrespetuoso, por lo que se acercó al afamado novelista gráfico Mark Millar para concebir lo que finalmente resultó Kingsman: El Servicio Secreto.

UN PREÁMBULO A PARTIR DE ‘DR. NO’
Mark Millar
había leído, años atrás, un reportaje en una revista que le causó gran impresión. La crónica aseguraba que Ian Fleming, creador del Agente 007, no quería al actor Sean Connery en el rol estelar de la primera película del 007 titulada Dr. No por considerarlo un intérprete un tanto ordinario. Terence Young, realizador de la cinta, insistía que Connery era la persona ideal para dar vida al espía, por lo que llevó al histrión a una sastrería para que le confeccionaran elegantes trajes a su medida y de esta forma convencer al caprichoso escritor. Este acontecimiento intrigó a Millar de tal manera que propuso a Vaugh este relato a manera de principio para la historia. “Young se percató que tenía que convertir a Connery, este rudo tipo de Edimburgo, en un caballero, y antes de haber comenzado a filmar la película lo invitó a visitar a un exclusivo sastre, a sus restaurantes favoritos y, básicamente, le enseñó a comer, hablar y vestirse como un espía caballero”, dice Millar al referirse a este capítulo que finalmente transformó primero en una novela gráfica en donde colaboró con el célebre dibujante Dave Gibbons (famoso por su labor en Watchmen), misma que sirvió de cimiento para la película.

CONTENIDO 1 marzo




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