La emancipación de Steven Tyler


Tras años de adicción, periodos de rehabilitación y problemas de salud, Steven Tyler, de Aerosmith, ha renacido en ‘American Idol’.


POR Staff Rolling Stone México  



Tras años de adicción, periodos de rehabilitación y problemas de salud, Steven Tyler, de Aerosmith, ha renacido en ‘American Idol’.

Tras años de adicción, periodos de rehabilitación y problemas de salud, el cantante de Aerosmith ha renacido en el sitio más extraño: el panel del jurado de ‘American Idol’

Por Brian Hiatt

steven-tyler-600x400Durante un segundo, a Steven Tyler se le acaban las palabras. Se encuentra de pie muy cerca del borde de un risco de Laurel Canyon, sintiéndose muy alegre ante el panorama de Los Ángeles que se extiende a sus pies. Tyler está en un trance místico y maniaco, en un estado de asombro y gratitud, vibrando con una dulce emoción. “No tengo idea si seré un brujo a los 80 años, o si podré arrojar fuego”, dice mientras pasea por la cima, “pero me la he pasado caminando todo el día y sólo miré mi reloj a las 11:11 hrs., 14:22 hrs. y 15:33 hrs. –el resto de bloques de 60 minutos pasaron inadvertidamente– Quizá la vida es puro azar, pero lo dudo”. Menea la cabeza. “En estos momentos mi suerte es excelente”, dice. “Estoy en la cima del mundo. Básicamente me he convertido en la jodida novia de Hollywood”.

Hace cuatro meses, el cantante de Aerosmith tuvo que mudarse de Boston a Los Ángeles, a fin de honrar el contrato que lo convertiría en jurado de American Idol. Así que rentó una casa en el escalonado barrio de Hollywood Hills, con su seductora fusión de belleza natural e historia rocanrolera. “Ahí fue donde The Byrds ensambló ‘Mr. Tambourine Man’”, dice señalando una casa al azar, mientras realizamos nuestro ascenso. ¿En serio? Se encoge de hombros. “¡Puede ser!”.

Casi todas las mañanas, Tyler asciende hasta esta cumbre para encontrarse con su entrenador. Ya en la cima se coloca sus guantes de box e intenta golpear con toda su fuerza. “El mundo me ha noqueado demasiadas veces”, dice. “Así que esta actividad me satisface espiritualmente. Sigo de pie; pude levantarme una vez más. Ahora tengo que aprender a pelear”.

steven-tyler-biografiaAerosmith no ha lanzado un álbum con temas originales desde hace 10 años –su último éxito auténtico, “Jaded” (2001), tiene ya tanto tiempo que en el video promocional aparece Mila Kunis, adolescente–. El único álbum en estudio que lograron grabar desde entonces incluía solamente covers de blues, Honkin’ on Bobo, de 2004. Entretanto, Tyler padeció un golpe tras otro: En 2002 descubrió que tenía Hepatitis C, y luego su sistema inmunológico fue devastado por el tratamiento; un diagnóstico equivocado señaló que un tumor había crecido en su cerebro; se enteró de que padecía otra enfermedad (ahora curada) que se niega a nombrar; se sometió a una operación con láser para acabar con un problema en la garganta que amenazaba su voz; lidió con un problema en los pies que a la larga le impediría subir a los escenarios; se volvió adicto a las drogas una vez más –sobre todo a las que requieren receta–; intentó desintoxicarse e incluso pasó un par de temporadas en un centro de rehabilitación; cayó del escenario frente a miles de fans en Sturgis, Dakota del Sur, durante el tema “Love in an Elevator”. Sus compañeros de banda le advertían con frecuencia que estaba a punto de ser despedido. La mujer con la que compartió su vida durante 17 años lo abandonó. Su madre murió. Sus propios hijos pensaban que él mismo estaba a punto de expirar. “Mi vida era un desastre”, dice Tyler. “Mi depresión era un asunto clínico”.

20110112164115-Steven-TylerPero al parecer, su último periodo de rehabilitación funcionó; la relación con su novia (Erin Brady, de 35 años de edad; una belleza castaña maliciosa y de largas piernas que solía trabajar para Clear Channel) va en serio; y tiene un buen puesto en Idol –y vaya, tocar fondo le ha permitido saborear este momento, justo ahora que se encuentra en la cima del mundo–. “Cuando has pasado las últimas dos décadas sobrio, es fácil olvidar las recompensas que acompañan esos primeros momentos de sobriedad”, dice. “Al principio, la sobriedad es emocionante y uno está en llamas. Es un auténtico renacimiento. Pero en la vida, ¿qué es un sí sin un no? ¿Qué sería del invierno sin el verano? Si no conoces los inviernos gélidos y mortíferos y los veranos de 37 grados, lo siento, pero no has vivido, y así soy yo –bueno, ¡algo así!–”.

Las malas épocas no han dejado huella en Tyler, y es que, al fin y al cabo, ya se sabe que las estrellas de rock son alienígenas; no es un joven, pero tampoco se ve viejo. Resulta imposible imaginar a Tyler dedicándose a otra cosa, o imaginarlo con el pelo corto y corbata; es lo que es, en todos los universos posibles. Sus rasgos vívidamente exagerados son plásticos, proteicos, como si todavía no hallaran su forma definitiva –justo a la medida de su hiperactividad–. “Soy un monstruo”, dice. “Nada más que un monstruo”.

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