La nueva armonía de Fleet Foxes


Robin Pecknold compuso dos grandes álbumes de folk rock y después desapareció. Ahora, regresa con un sonido ambicioso.


POR Staff Rolling Stone México  



Por Jonah Weiner

Robin Pecknold admira la belleza de un póster en Los Ángeles, en Chinatown. “Este ya es un lugar para artistas”, dice el líder de Fleet Foxes. El año pasado, Pecknold –quien vive en Nueva York– fantaseaba con convertir Los Ángeles en su hogar musical, pero simplemente no se dio. “Traté de mudarme para acá, ya tenía un departamento pero se lo quedó alguien más. Tuve un problema con unas bienes raíces de dudosa procedencia”. Pecknold, de 31 años, pasó un mes en varios sitios antes de arrepentirse y naturalmente regresar al este. “Fue algo decepcionante”, asevera el músico.

Si algo han probado los años desde que Fleet Foxes lanzó su estelar álbum debut en 2008, es que Pecknold está listo para removerse las raíces y explorar territorio desconocido. Ese LP que influenció el género, lleno de riffs que parecen rayar el cielo y armonías góspel, actualizó el rock estilo Laurel Canyon para el nuevo milenio y ayudó a sumergir al mundo en una ola de folk rock.

En 2012, después de vender cientos de miles de discos y tocar en los mejores lugares, para su segundo LP, Helplessness Blues, Pecknold puso a la banda en espera. “Todo se sentía unilateral. No había razón para exprimirlo”. Se mudó de Portland a Manhattan y se inscribió a Columbia. “Tuve una crisis de identidad”, advierte. Después de seis años, Fleet Foxes regresará con un excelente tercer álbum, Crack-Up.



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