La pequeña señorita brillante


Dentro del mundo fluorescente y azucarado de Katy Perry, la imparable princesa del pop


POR Staff Rolling Stone México  



Dentro del mundo fluorescente y azucarado de Katy Perry, la imparable princesa del pop

Dentro del mundo fluorescente y azucarado de Katy Perry, la imparable princesa del pop.

Por Erik Hedegaard

Katy PerryEn el backstage, en la Arena Gwinett, muy cerca de Atlanta, Katy Perry abre la puerta de su camerino y permanece ahí de pie, irreconocible. “Adelante”, dice. “Estoy medio vestida –tengo puesto un sarong–. Pero pasa, pasa”. Sus ojos son pequeños, sus mejillas pálidas. No es ni lustrosa ni elegante y sus famosos y tumultuosos pechos son aún menos notorios. Parece de 17, no de 26. No puede tratarse de la misma persona. Esto no tiene sentido. Como si hubiese enviado a una doble adolescente a fin de jugarnos una broma. Unos minutos después, su personal la atavía con disfraces para la gira que ha bautizado como California Dreams, con 50 fechas en total y la mayoría de las entradas agotadas, incluyendo las de esta noche, el muy importante debut.

De pronto, es hora de ponerse a estudiar el video de su éxito “Last Friday Night (T.G.I.F.)”. Es el quinto sencillo que se desprende de Teenage Dream, su segundo álbum en tres años y que, tal y como ocurrió con One of the Boys, ha logrado convertirse en multiplatino. Las estadísticas concernientes al éxito de Katy Perry constituyen algo francamente increíble. Los sencillos que se desprendieron de One of the Boys, de los cuales los más destacados son “Hot N Cold” y “I Kissed a Girl”, han vendido más de 20 millones de archivos digitales. En agosto del año pasado apareció el disco sucesor y enseguida consiguió posicionarse en el primer lugar, al igual que todos sus sencillos –“California Gurls”, “Teenage Dream”, “Firework”, “E.T.”–. Katy Perry es la primera cantante de la historia que ha conseguido mantener una canción en los primeros 10 lugares del Billborad 100 durante un año entero. Ha sido nominada para cinco Grammys. Ha aparecido como estrella invitada en How I Met Your Mother. Se casó con el enloquecido comediante y antiguo adicto al sexo Russell Brand, y al parecer ella lo mantiene feliz y él a ella. Sus letras –o, cuando menos, las ocho palabras de una de sus canciones (“I kissed a girl and I liked it”)– han ofendido tanto a la derecha conservadora como a muchos simpatizantes altivos de la propia izquierda. Ha sido considerada una vulgaridad comercial, así como una maestra de la manipulación cultural, a pesar de que siempre ha mantenido su inocencia, incluso mientras se despotrica en canciones como “Waking Up in Vegas” y “Peacock”, o cuando profiere versos como: “Infect me with your love and fill me with your poison”. En resumen, ella es la princesa actual del pop dulzón, y le gusta reinar con un guiño perspicaz y una sonrisa amplia y sabrosa. Si Lady Gaga te resulta incomprensible, Katy Perry está hecha a tu medida.

Katy PerryO detestas su música más que ninguna otra cosa, o la adoras sin recato. O piensas que su voz puede elevarse hasta los cielos, o estás convencido de que no es más que el producto de una máquina automática de afinación. O bien sientes que tienes que denunciarla por ser una mercachifle corporativa, o bien la alabas por no tener comparación. Su manera de vestir te hace cosquillas o te excita, toda retro, con ese toque burlesque. Casi todo lo que hace, dice o se pone, o no se pone, fomenta reacciones extremas. Ella polariza y esto le hace muy bien a las ventas de sus discos, y le permite declarar cosas como: “Cuando la gente me pregunta acerca de las malas reseñas que obtengo, les digo: ‘¿Estás al tanto de mi éxito sostenido?, ¿Conoces las cifras de mis ganancias? ¡Los números no mienten!’”, lo que podría hacer que los críticos cuestionen si ella conoce la diferencia entre calidad y cantidad. Y esto jamás cesa. Alguien logra filtrar información acerca de lo que pide en sus contratos, en donde ordena por escrito que los choferes no tengan contacto visual con ella o le pidan autógrafos, y esto estimula una tremenda desaprobación general, como si Katy Perry hubiera tenido que ver directamente con semejantes decisiones. Un escándalo tras otro. Cuando, en realidad, lo único que ella anhela es cantar.

“Desde los nueve años”, comenta cierto día durante una pausa entre ensayos, “lo único que he deseado hacer es compartir mi perspectiva y, con un poco de suerte, ayudar a los demás a través de mi música, independientemente de si ésta hace sonreír a una persona, o incluso logra convertirse en un mantra o lema para su vida. Quiero hacer música divertida y a la vez emotiva. Por ejemplo, si voy a componer una canción para bailar, como ‘Firework’, quiero que tenga un propósito, para que tu baile tenga un sentido, para que no sea una cosa meramente materialista y estéril y que así puedas sentirte inspirado y no vacío. No soy un maniquí. Sé muy bien que ‘California Gurls’ no salvará al mundo, pero mi crianza fue apasionada y amorosa y yo quiero imprimirle esa misma pasión a mis canciones”.

Sus palabras parecen falsas. Pero busca de nuevo entre sus primeros videos, cuando ella no era más que una rubia con coleta rebosante de una curiosidad seria e ingenua, o incluso entre los más recientes, luego de que se pintara el pelo de negro y se esforzaba por conquistar L.A., pareciéndose bastante a Chrissie Hynde y tocando su guitarra acústica en antros semivacíos en los que los parroquianos sólo deseaban que se callara para poder seguir charlando. Su determinación es enorme. Y nunca ha dejado de irradiar sinceridad, incluso en las ocasiones en las que dicha sinceridad no le permitió ser escuchada como ella quería serlo, cosa que sólo ocurriría más tarde, una vez que hubiera aprendido a subir todos los volúmenes más allá del 10. Así que resulta fácil creerle cuando dice: “Me pongo sentimental sobre el escenario. A veces lloro cuando canto mis canciones porque son tan… ‘Pearl’ es un tema realmente honesto. La gente cree que es acerca de terceros, pero estoy hablando de mí misma” –la canción aborda la sensación de anquilosamiento en una relación, pero también la posibilidad de una liberación– “y la necesidad de mostrar dichas emociones puede tornarte realmente vulnerable”.

Katy PerryDeja de hablar y permanece sentada y en silencio. Aparentemente se siente invadida por todos esos sentimientos tan crudos. Sería sencillo burlarse de todo ello, entornar los ojos y soltar una carcajada, pero lo más decente es dejarla ser.

Katy  Perry habla un poco acerca de lo que se siente ser ella misma hoy por hoy. Dice que siempre sonríe para los fans y que se coloca una máscara de felicidad para no defraudarlos, incluso durante los días libres o cuando no tiene ganas de ser amable. “Recuerdo que cuando fui a Los Ángeles por primera vez, conocí a Gwen Stefani, que me pareció graciosa y maravillosa. Más tarde conocí a otra de mis artistas favoritas y se comportó como una auténtica mierda. Arruinó mis sueños, maldita perra, pero por siempre admiraré a aquella que se portó graciosamente”.

Dice que echa de menos la sencillez de su vida pasada, poder ir de compras, salir a bailar. A veces esta nueva vida le parece excesiva; entonces le da por escabullirse del guardaespaldas, a fin de ir en pos de “la vida real”.

Comenta que últimamente no se ha perdido el programa Ancient Aliens. “¡Dios!”, exclama. “Cuando habla acerca de la gente celeste, de cómo todos provenimos del cielo y de cómo las pirámides servían como observatorios, para mí es demasiado. Toda esta información sirve para armar el rompecabezas. Me está volando los sesos”. Los documentales también le vuelan los sesos, sobre todo Gasland, que gira en torno a las horrorosas consecuencias de la extracción de gas natural, e Inside Job, acerca de la crisis financiera. “Creo que el único motor de Estados Unidos es el dinero, lo bancario. Sé que mi punto de vista puede ser muy intenso, pero poco a poco voy dejando atrás mi ceguera. De niña hacía preguntas acerca de mi fe. Ahora me gusta cuestionarme lo que ocurre alrededor del mundo”. Ella prosigue: “Pienso que lo que necesitamos por encima de todo es un cambio revolucionario en el plano de nuestra mentalidad. Nuestra prioridad es la fama, mientras que el bienestar de los demás se encuentra al final de la lista. Lo digo a sabiendas de que yo soy parte del problema. Estoy dentro del juego, pero busco rutas nuevas. No quiero ponerme toda introspectiva y política, pero el hecho de que Estados Unidos no tenga servicios gratuitos de salud me está volviendo completamente loca, y es que esto es algo muy jodido”. Lo anterior lo ha proferido con cierto enojo, y constituye el primer momento emotivo del día.

discos.233.IMAGEN7También le pone mal hablar de las libertades que cierta publicación se tomó cuando dio a conocer que “ella sólo ha tenido cinco relaciones serias en su vida”. “Por lo general, nadie me inventa cosas, así que los periodistas tienen que buscar y desenterrar algo para poder comentar, ‘Esto quiere decir que sólo se ha acostado con cinco personas’. Pues no necesariamente significa que me he acostado con cinco personas, ¡sólo he dicho que me he involucrado en cinco relaciones amorosas!”. Ella no abunda, quizá por necesidad.

Katy Perry dice que si los reporteros del chisme continúan acosando a su familia, pronto se arrepentirán. “Los tomaré por asalto con fuego y furia”, afirma, “y ya nunca más seré la linda Katy”. Confiesa que: “Ya no puedo seguir haciendo malabares. Si intento mantener el equilibrio con una pelotita más, ¡moriré!”. Y, “¡Ya no quiero ser una niñita!”. Y “¡Buuaaaaaahhhhh!”. Dice que a veces siente que un ataque de ansiedad se acerca. Entonces tiene que repetirse, una y otra vez, “respira, respira profundamente, respira pausadamente”.

ROLLING STONE AGOSTO



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