La sensual reina sombría


La constante y ambigua tristeza de Lana Del Rey


POR Staff Rolling Stone México  



La constante y ambigua tristeza de Lana Del Rey

Por Brian Hiatt

“No estoy segura si debas escribir este artículo”, dice Lana Del Rey, sentada en el sofá. Para este momento, hemos pasado ya unas siete horas hablando, y todo parecía ir bien.

“Creo que tal vez deberíamos esperar a que algo bueno salga en la plática”, continúa, en un tono que parece suplicante. “Desearía que pudieras escribir sobre otra cosa. Debe haber otra persona para la portada, tiene que haber alguien. Quien sea”.

Tal vez no debería resultarme tan sorprendente. El tipo de fama pop que rodea a Del Rey es ambivalente: Bajo el considerable glamour que la envuelve, Lana es más como Cat Power o Kurt Cobain que como Rihanna o Katy Perry, además de padecer un misterioso dolor de estómago similar al de Kurt.

Lana del Rey estrenó el video de “Ultraviolence”

Sin embargo, todo parecía diferente un día antes. Durante una tarde calurosa en Nueva York, el día del lanzamiento de su segundo disco, titulado Ultraviolence, me encuentro con Del Rey en la casa donde se hospeda, ubicada en Greenwich Village. Me da un suave apretón de manos y una enorme y esperanzadora sonrisa, lo cual podría sugerir que todo lo que nos imaginamos de ella es una equivocación: Que hemos tomado demasiado a pecho canciones como “Sad Girl” y “Pretty When You Cry” del nuevo disco; que nos hemos concentrado demasiado en sus entrevistas recientes (sobre todo aquella en la que dijo: “Desearía haber muerto ya”, lo cual le hizo acreedora a un regaño público por parte de Frances Bean Cobain); que resulta erróneo asumir que su manera de conducirse en público se apega a su personalidad real.

Deja escapar algunas risas suaves y cándidas. Pero aún no cae en cuenta del lanzamiento de su disco de obsesionantes acordes y abundantes guitarras: “Es justo lo que quería”.

Parece tan relajada –incluso entusiasta– durante los primeros 10 minutos, que parece pertinente romper el hielo: “En una escala del uno al 10, ¿qué tanto desearías estar muerta?”. Suelta una risita. “¿10?”, dice. “¡Eres gracioso! Hoy es un buen día”. ¿Elegirá vivir por hoy? “Sí, hoy elijo vivir”. “Así que como, digamos, ¿uno?” “10. ¡10!”, dice con un infantil sonsonete. “Siete. ¡12!” Echa la cabeza hacia atrás y ríe, parece que comienza a divertirse.

Lana Del Rey en el Auditorio Nacional de la Ciudad de México

Pero al hablar de Lana Del Rey, ¿qué certeza podemos tener? Es un cúmulo de contradicciones, un misterio que nadie ha podido resolver. David Nichtern, quien la firmó con su pequeño sello independiente durante sus días de universidad, la describía como alguien “con el exterior de Marilyn Monroe y el interior de Leonard Cohen”. Podrá verse como Nico, pero por dentro es más como Lou Reed.

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