La voz que transformó el dolor en esperanza


La Reina del Soul, Aretha Franklin, construyó un legado que trascendió al mundo de la música y la llevó a convertirse en la inspiración de múltiples generaciones.


POR Jonathan Matamoros  



Foto: cortesía Atlantic Records

Aretha Franklin fue una mujer que, con gracia, estilo y mucho soul, convirtió su voz y su pasión al cantar en el reflejo de los sentimientos de toda una nación. En palabras de Luther Vandross: “La vocera de muchas personas y de cómo se sienten”. Y es que su espíritu y su voz eran tan inmensos que no podían ser encerrados en un solo género. Franklin conquistó desde el góspel hasta el rock & roll.

“Nadie encarna más plenamente la conexión entre el espíritu afroamericano, el blues, el R&B y el rock and roll —la forma en que las dificultades y el dolor se transformaron en algo lleno de belleza, vitalidad y esperanza. La historia de Estados Unidos surge cuando Aretha canta”, comentó Barack Obama en 2015, quien nunca fue tímido al expresar su admiración por la Reina del Soul. “A través de sus composiciones y musicalidad inigualables, Aretha ayudó a definir la experiencia estadounidense. En su voz, podíamos sentir nuestra historia. Ella nos ayudó a sentirnos más conectados el uno con el otro, más esperanzados y humanos”, escribió el expresidente de Estados Unidos para despedirse de la cantante.

Es y seguirá siendo una de las figuras más icónicas e influyentes en el mundo de la música contemporánea. Con una titánica voz y una pasión destacada, la intérprete se abrió paso en la industria musical en una época donde las barreras raciales y de género aún eran muy abrumadoras. Franklin se convirtió en la Reina del Soul y en la voz de movimientos liberadores justo cuando hacía falta alguien que hablara por todos aquellos que no podían hacerlo abiertamente.

Aretha Louise Franklin nació en 1942 en Memphis, como la cuarta de cinco hijos que tuvo su madre Barbara Siggers Franklin. Creció en Detroit, en el mismo barrio donde vivían Diana Ross y Smokey Robinson. Se mudaron a ese lugar antes de que Aretha cumpliera los seis años para que su padre, Clarence LeVaughn Franklin, un carismático y polémico reverendo estuviera al frente de una iglesia bautista. El hogar de los Franklin siempre fue inestable, los rumores de la excesiva promiscuidad e infidelidad de Clarence finalmente obligaron a Barbara a mudarse de vuelta a Búfalo en 1948. Muchos vieron esto como abandono, pero Aretha siempre lo negó. Cuatro años más tarde y antes del décimo cumpleaños de la cantante, su madre perdió la vida víctima de un ataque cardíaco.



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