Las numerosas vidas de Adam Yauch


Adam Yauch: De cómo el Beastie Boy más salvaje tomó un sendero que lo llevó de las calles de Nueva York a la Iluminación


POR Staff Rolling Stone México  



Adam Yauch: De cómo el Beastie Boy más salvaje tomó un sendero que lo llevó de las calles de Nueva York a la Iluminación

De cómo el Beastie Boy más salvaje tomó un sendero que lo llevó de las calles de Nueva York a la Iluminación

Por Brian Hiatt

Había llegado tan lejos, hizo tantas cosas, desempeñó tantos papeles a lo largo del camino, pero incluso durante los últimos meses de su muy corta vida, Adam Yauch siguió moviéndose con el ímpetu de una locomotora. Punk adolescente, bromista un tanto malicioso; bajista poco valorado; el primer rapero blanco legítimo; borracho desmadroso; budista; feminista vociferante; activista a favor del Tíbet; director de videos. “La palabra para describir a Adam es ‘evolucionado’”, dice Matthew Allison, uno de sus amigos más antiguos. “Siempre le gustó llevar las cosas más lejos, a niveles nunca antes imaginados”.

Podría bastar con ser MCA, el más propositivo y musicalmente hábil de Beastie Boys –el trío de Nueva York que alteró la marcha de la música popular y definió lo realmente cool para una o incluso dos generaciones de jóvenes. “Yauch era el director”, dice su antiguo compañero de banda Adam “Ad-Rock” Horovitz, tal vez por primera vez en su vida. “Gozaba de un ímpetu extra que le permitía ver el fondo de las cosas”.

A lo largo de los últimos dos años, entre tratamientos para el cáncer en las glándulas salivales –que tras un gran despliegue acabó con su vida el 4 de mayo– Yauch decidió que quería ser jinete. Si estás buscando una imagen final de Adam Yauch, ésta podría servir más que otras: Delgado, de barba blanca, un sombrero de vaquero sobre su nívea cabellera, sus botas tejanas en las espuelas, las riendas en las manos y el caballo con Yauch encima atravesando los campos verdes, apacibles y vastísimos de Tennessee. La propiedad era de Sheryl Crow, una sobreviviente del cáncer que logró entablar una incongruente amistad con Yauch cuando él comenzó a llamarle para pedirle consejos para su enfermedad (se conocieron durante la gira realizada en 2008 a fin de impulsar el voto). Él encontró en Nashville un centro para el tratamiento de cáncer avanzado. En esa clínica pudieron apuntalar genéticamente su cáncer y, mientras tanto, él le preguntó a Crow dónde podía hospedarse. Con su esposa Dechen y su hija Losel, siempre a su lado, Yauch utilizó el rancho de Crow como un refugio.

En noviembre del año pasado, Yauch comenzó a sentirse débil: Tenía tiempo de no actualizar a sus fans en lo referente a los avances de su enfermedad, y algunos amigos no sabían nada de él. Pero llamó a Horovitz y Diamond, a quienes pidió que lo acompañaran en el estudio para grabar las últimas sesiones de Beastie Boys. “Fue algo muy bueno para él”, dice Mike D. “Seguramente su tratamiento le hacía sentirse del carajo, y el hecho de poder involucrarse en algo le mejoró el ánimo; pudo rodearse de gente con la que no le apenaba verse o sentirse realmente mal”. “Lo único que anhelaba era pasar un buen rato”, dijo Horovitz (quien dice que sólo grabaron “cosas estúpidas, algunas canciones de rap, un poco de hardcore”). Licensed to Ill, lanzado en noviembre de 1986, fue el primer disco de hip hop en llegar al primer lugar de las listas, vendiendo cuatro millones de copias en un año, mucho más de lo que cualquier disco de punk o rap había logrado hasta entonces. Sus videos eran inescapables, sobre todo “(You Gotta) Fight for Your Right (To Party)”.

Tras la gira, el éxito hizo que Yauch comenzara a sentirse como si estuviese atrapado en una jaula. Un video oficial con escenas en el backstage, capturadas durante esa gira, muestra la clase de comportamiento que Yauch tardaría años en olvidar: Estrella latas de cerveza contra las paredes del camerino y se pone a toquetear a una fan que le ha pedido una firma en el torso. No es su mejor momento. Pero para 1987, los Beastie Boys se sentían tan perdidos en sus nuevas caretas que su decisión consistió en inmortalizar el incidente –junto con las imágenes de decenas de chicas cubiertas de miel, crema batida o cerveza. “Todo mundo atraviesa esas fases como de universitario, y todo mundo actúa como un estúpido borracho”, declaró Yauch en 1997. “Pero dio la casualidad de que nuestras estupideces podías conseguirlas en las tiendas de video”. Yauch sólo disfrutó de todo esto al principio. “Puede que en cinco años tenga que vender autos usados”, le dijo a un entrevistador. “En realidad me importa un carajo, porque en este momento me estoy divirtiendo como nunca”. Pero no por mucho tiempo. “Lo que la sociedad occidental nos enseña”, dijo Yauch en entrevista con Rolling Stone, en 1998, “es que si logras generar una cantidad suficiente de dinero y de poder, y si puedes tener sexo con la gente más hermosa, la felicidad es tuya. Esto es lo que cada comercial, cada revista, cada película nos enseña. Pero es una falacia. Y creo que nos dimos cuenta de ello durante el periodo de Licensed to Ill”.

Poco después de mudarse a Los Ángeles, Yauch consiguió una cantidad apreciable de ácido líquido. Se puso a consumirlo, sobre todo cuando salía a esquiar, y lo combinaba con marihuana. Durante un tiempo, los viajes intergalácticos de Yauch trabajaban a favor del músico. Para empezar, su expansión mental lo mantuvo atento a la potencialidad psicodélica de las múltiples capas de sampleos y esto definió el sonido de su sorprendente segundo álbum, Paul’s Boutique. En palabras de Mike D: “La experiencia con el ácido le confirió la capacidad de decirse: ‘Increíble, puedo oprimir todos los botones de play al mismo tiempo’. El cambio mental le permitió ver esa clase de cosas y eso fue una influencia muy fuerte durante la grabación del álbum, sin duda”. Asimismo comenzó a leer la Biblia y a tomarse en serio la espiritualidad. Yauch impulsó a la banda hacia un costado mucho más positivo. “Ni Adam Horovitz ni yo nos sentíamos muy cómodos con todo esto”, dice Mike D acerca de la nueva misión de Yauch. “Tardamos un poco en acostumbrarnos”, añade Mike. “Pero nosotros también sentíamos algo parecido. Jamás lo dejamos solo”.

Cuando Beastie Boys se convirtieron en uno de los dos platos principales Lollapalooza, Yauch decidió hacerse acompañar a lo largo de los dos meses por un grupo de monjes tibetanos. Según Billy Corgan, líder de The Smashing Pumpkins, el grupo coestelar de la gira, “la vibra inicial iba por el lado de, ya sabes, ‘esos son los monjes de Yauch, ¿qué pretende?’. Pero en verdad los veneraba”.

Corgan fue de los pocos que se atrevieron a charlar con los monjes y, según su versión, las conversaciones le condujeron a un despertar espiritual que tiempo después le salvaría de la zozobra suicida.

Yauch había sampleado las voces de otros monjes tibetanos a fin de incluir los resultados en Ill Communication y las regalías de las canciones en cuestión fueron destinadas a la causa tibetana, pero todo esto se transformó en algo mucho más significativo. Poco después, Yauch organizó una serie de Conciertos para la Libertad Tibetana, con lo que pretendía informar a las masas acerca de la represiva ocupación china de esta nación. Yauch realizó las llamadas personalmente a fin de reclutar a una cierta cantidad de artistas, y las alineaciones a lo largo de siete años son, de alguna manera, una especie de tributo a su influencia, con cabezas de cartel de la talla de U2, Pearl Jam, Red Hot Chili Peppers, Radiohead y The Smashing Pumpkins.

Beastie Boys dieron su último concierto el 12 de junio de 2009, frente a decenas de miles de fans en Bonnaroo. Su último tema fue una versión alegre y descuidada de “Sabotage”. De camino al festival, la garganta le molestaba a Yauch, pero todo mundo pensó que se debía al polvoso terreno del festival. Un mes después, durante una junta telefónica con Diamond y Horovitz, les dijo que le habían diagnosticado cáncer en las glándulas salivales. “Pero estaré bien”, les aseguró.

Horovitz y Diamond no tienen ni idea de lo que harán musicalmente en el futuro. “Estoy muy confundido”, dice Horovitz. “Estoy como en un trance, dormido. Cuando paseo a mi perro me pongo a llorar. No sé qué hacer. Esta situación es una mierda”.

Pero Mike D puede imaginar a su viejo amigo espoleándoles una última vez. “Creo de verdad que Yauch quiere que intentemos una cosa muy loca que desde hace tiempo deseábamos hacer”, dice sentado en su casa en Brooklyn, a seis cuadras de la casa de los padres de Yauch. La cara se le ilumina, como si estuviese escuchando esa voz tan familiar: “Él nos diría: ‘Eso es exactamente en lo que ustedes deben ponerse a trabajar en este momento’”.



comments powered by Disqus