Lewis Hamilton: la naturaleza del guepardo


Tras una década en la Fórmula 1, el triple campeón, no está listo para rendirse.


POR Staff Rolling Stone México  



Foto: Andrés Oyuela

Por Diego Ortiz

El ambiente es clásico. La guitarra de Marley sobresale del resto de la melodía. “Is this Love” suena en el estéreo. Amplificadores y bocinas vintage definen el espacio. El sonido es casi perfecto. Lewis Hamilton, de 32 años, está recostado en una butaca antigua de un showroom de equipos de audio en Brooklyn; mueve las manos al ritmo de la música: un reggae de The Wailers. Lo acompañan varias personas de su equipo, pero él camina por el lugar, solitario. Está disfrutando la música. La siente, la conoce. Luego de algunos intentos logramos reunirnos en Nueva York. Y es que pareciera que Hamilton vive a una velocidad de 400 km/h, ya sea en aviones o en monoplazas, siempre está en un lugar diferente. La agenda de la temporada es implacable, y pasa la mayor parte del tiempo viajando y compitiendo.

El año pasado nos veríamos con el triple campeón de la Fórmula 1 en una de sus ciudades preferidas, la Ciudad de México. En ese momento sólo quedaban tres carreras para el fin de temporada y Hamilton aún tenía posibilidades de remontar. La ciudad azteca pareció el escenario ideal para poder retratar a Lewis en un ambiente diferente, lejos de la sofisticación y elegancia que rodea la máxima categoría. Pero 30 minutos antes de la hora acordada recibimos una llamada: “Lewis no podrá llegar, no se siente bien”. Quedé desconcertado. Habíamos estado coordinando esta entrevista por varios meses.

Además, unas horas más tarde recibí un correo electrónico donde me decían que Lewis quería estar en absoluta concentración para la carrera, pues su único objetivo era ganar las tres faltantes. Lo entendí. Hamilton atravesaba por días de mucha presión, había perdido el liderazgo unos meses antes, y su rival más fuerte, su compañero de equipo, Nico Rosberg, se veía con la confianza suficiente para no mirar por el retrovisor.

Lewis Hamilton nació en Stevenage, Inglaterra, muy cerca de la capital. Creció en un barrio de clase trabajadora en Londres mientras sus padres se divorciaban. Repartía su tiempo entre ambos: entre semana estaba con su madre, proveniente de Birmingham, y los fines de semana los pasaba con su padre, quien emigró al Reino Unido desde Granada. Junto a él nació su afición por las carreras de autos. Desde los cinco años Ayrton Senna ya se perfilaba como su héroe: “Quizá por el color de su casco… mi sueño era ser Superman o Senna. Manejaba carros a control remoto y era muy bueno, le ganaba a gente de nuestra edad”.

Desde muy temprano con la ayuda de su padre logró incursionar en el karting, y allí mostró un talento excepcional. Una vez que dio inicio a la pasión por la velocidad y la competencia, el joven piloto ya tenía decidido cuál sería su futuro: ser piloto de F1.

Hamilton ha estado ligado a las carreras desde muy niño. Lleva más de 25 años compitiendo en coches supersónicos, y su paso por las diferentes categorías, lo han convertido en un experto a su relativamente corta edad. Es un gran conocedor de los aspectos técnicos, de la estrategia, la táctica, e incluso de la política que rodea al gigante corporativo que es este deporte. Se ha sabido llevar por el camino de la no confrontación y jamás ha caído en las absurdas polémicas ni en los enredos de la prensa europea.

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