Los inimaginables héroes del rock


Cómo Portugal. The Man logró uno de los éxitos más grandes.


POR Joe Levy  



Foto: Maclay Heriot

La amistad entre John Gourley y Zach Carothers de Portugal. The Man se remonta a dos décadas atrás, cuando asistieron a la preparatoria juntos en Alaska. John es el guitarrista y cantante, Zach toca el bajo. Son el centro de la banda, ambos han estado trabajando en ella desde hace 13 años. Nos reunimos con Manville y el tecladista de PTM, Kyle O’Quin, además de Krule y otros amigos en un restaurante tailandés. El baterista Jason Sechrist, quien se acaba de convertir en padre hace 12 días, también se encuentra aquí. El guitarrista Eric Howk está en una boda. (Howk es parapléjico a causa de un accidente que sucedió 10 años atrás. Creció con Carothers y Gourley y empezó a tocar en Portugal. The Man desde 2015).

La comida y las cervezas llegan. Después más comida y más cerveza. En una noche parecida a esta —hace tres años durante un after que PTM organizó para Arcade Fire en Australia— la fiesta evolucionó a tal grado que la fiebre de la noche provocó que el mánager de la gira de Portugal. The Man los proclamara “Los Señores de Portland”. El nombre se quedó y tanto la banda como su equipo, ahora tienen tatuajes con esas mismas palabras. De hecho, la banda a veces toca pequeños shows bajo ese seudónimo. “Creímos que sería divertido crear una mentalidad como de pandilla, Portland es una ciudad tan pacífica que podemos conquistarla”, dice Carothers.

Los señores de Portland son una pandilla benéfica. De pronto la plática envuelve un viaje en el tiempo y recuerda una gira en la que los integrantes de la banda fueron testigos de la destrucción de los vestidores del recinto, no provocada por ellos, claro está. Gourley recuerda haber visto al guitarrista de una banda correr con una botella de vino, a punto de estrellarla contra la pared. El músico le sugirió cautela: “Me vio y dijo: ‘¡Rock & roll!’ y la rompió contra la pared. Yo sólo pensaba: ‘Alguien va a tener que limpiar eso'”.

La mañana siguiente, después de desayunar tarde, Carothers y Gourley se cortan el pelo. En un día se van a España, en donde tocarán en una noche de premios organizada por la estación de radio más grande de habla hispana en Europa. En una de las tantas barberías retro de Portland, los músicos tratan de no cruzar miradas mientras están en las sillas.

Ya tienen experiencia en eso. Los dos de 36 años, han pasado prácticamente la mitad de sus vidas juntos. Carothers era uno de los chicos populares en la preparatoria, mientras que Gourley era sumamente tímido. Incluso, tuvo que ser educado en casa por medio año debido al bullying que sus compañeros le hicieron en secundaria. Hablan de Alaska con una mezcla de respeto y alivio, por haberse cambiado a un lugar menos aislado en el mundo.

Gourley creció mudándose de un lugar remoto a otro, su padre manejaba compañías de construcción y construía hoteles para una compañía de cruceros. “Vivíamos tan lejos de las personas como podíamos”, recuerda. Usa la frase: “Tenía ansiedad social”, para describirse al crecer.

El padre de Carothers trabajaba para Pepsi. “Era el chico de la ciudad porque vivía cerca de Wasilla”. Comenzó a tocar guitarra al descubrir Nirvana, Beastie Boys y Rage Against the Machine. “Todas al mismo tiempo, fue como descubrir El Mago de Oz, comencé a ver en color”.

Carothers se mudó a Oregon en las primeras etapas de la universidad, después dejó la escuela para crear una banda en Portland, reclutando a Gourley en 2002. Cuando esa banda se desintegró llegó Portugal. The Man y salieron de gira implacablemente.

Hicieron cinco discos desde 2006 hasta 2010, tratando de hacer lo mejor posible descubriendo qué paso tomar en el transcurso del viaje. En 2010, firmaron con Atlantic, y comenzaron a grabar In the Mountain in the Cloud con el productor John Hill, quien había trabajado con Santigold y M.I.A. El hecho de colaborar con una disquera grande casi los destruye. Acostumbrados a hacer álbumes en 10 días, comenzaron a tener demasiado tiempo y las canciones eran revisadas millones de veces. “Ese fue el momento más oscuro de la banda”, relata Carothers.



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