Vivir para contarlo


Tras 30 años de provocación una Madonna en llamas explica por qué ni siquiera se ha acercado al límite de lo que es capaz de hacer.


POR Staff Rolling Stone México  



Tras 30 años de provocación una Madonna en llamas explica por qué ni siquiera se ha acercado al límite de lo que es capaz de hacer.

Tras 30 años de provocación una Madonna en llamas explica por qué ni siquiera se ha acercado al límite de lo que es capaz de hacer.

Por Brian Hiatt.

“Está a punto de salir”, dice un coreógrafo. Su tono indica tensión. Un par de noches antes de la entrega de los Premios Grammy, 22 bailarines se alinean en el escenario de un estudio de ensayos en Culver City. Madonna sale pomposamente de un camerino al otro lado del estudio, disfrazada de torero, pero sin pantalones. Observa por lo menos 30 segundos a cada bailarín, sondeando las imperfecciones más pequeñas en la hechura de sus trajes de cuero o sus máscaras. “No quiero aceite en sus cuerpos”, señala.

28 cantantes de un coro intentan acomodarse a lo largo de las gradas. Madonna les dedica una atención aún más pronunciada. Sus batas rojas ostentan el logo de su nuevo álbum, Rebel Heart, un detalle que ni siquiera las cámaras para alta definición conseguirían capturar. Todo esto es para cinco minutos en la televisión, el debut de su nuevo sencillo, “Living for Love”.

Entre tomas, dos niños suben al escenario. Ambos tienen nueve años: El niño, David, viste un traje de reluciente lino blanco; la niña, Mercy, lleva puestos una falda y un suéter azules. “Hola, mamá”, dicen al unísono, y Madonna sonríe, ofreciendo su mano para que sus hijos más jóvenes la besen.

APP 143 abril




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