Murmullos del Honky Tonk: Los espejos


Jordi Soler nos habla de ‘La Habana en un espejo’ crónica de Alma Guillermoprieto, los vampiros y las bailarinas.


POR Staff Rolling Stone México  



Jordi Soler nos habla de 'La Habana en un espejo' crónica de Alma Guillermoprieto, los vampiros y las bailarinas.

“Una bailarina no tiene cómo examinar su obra si no es a través de un espejo, porque ella es, en sí, su propio medio e instrumento”

Por Jordi Soler

Ilustración: Jesús Sánchez

La anterior cita la escribe Alma Guillermoprieto en ese libro extraordinario, entre la crónica y el auto reportaje, que se titula La Habana en un espejo (Literatura Mondadori).  La bailarina, de acuerdo con esta idea de Alma, se alimenta de su imagen en
el espejo, justamente al contrario de lo que le sucede a los vampiros, que no pueden verse reflejados porque son tan feos, o tan guapos, o tan nauseabundos, que su imagen resulta inverosímil, ¿y qué hay más desconcertante que verse en un espejo y no creer en lo que se ve?

Me vas a perdonar la obviedad, pero al hablar de espejos hay que traer aquí a Narciso, el hermoso joven de la mitología griega, del que todas las mujeres se enamoraban, que de tanto ver su reflejo en la superficie de un estanque terminó enamorado de sí mismo y arrojándose al estanque detrás de su propia belleza.

Alma Guillermoprieto cuenta en su libro cómo, cuando era bailarina en la academia de Merce Cunningham, en Nueva York, recibió una oferta para dar clases en la Escuela Nacional de Danza, en La Habana, en los años sesenta, en un periodo en el que la Revolución Cubana era todavía muy reciente y el éxito del proyecto de Fidel Castro parecía todavía posible.


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