Escenas de la vida de una leyenda que no se puede quedar quieta


La vida cotidiana del ex Beatle, el lanzamiento de ‘New’, su relación con Yoko Ono y su familia


POR Staff Rolling Stone México  



La vida cotidiana del ex Beatle, el lanzamiento de 'New', su relación con Yoko Ono y su familia

Por Jonah Weiner

Si te da curiosidad saber cómo es la Beatlemania en el 2013 puedes ver lo que sucede cuando Paul McCartney realiza un concierto gratuito en las calles de Los Ángeles. Horas antes de que se suba al escenario, echa un vistazo al tumulto de gente sudada, pegada hombro con hombro en el balcón del segundo piso de Sun Taco, en Hollywood Boulevard. Alza un poco la mirada, y verás cabezas en todas las azoteas y ventanas de la zona. Sube la mirada un poco más y verás los helicópteros de noticias circulando el área. Aún más arriba podrás ver tres pequeños aviones: Mirones con licencia de piloto viéndolo todo desde arriba. En la calle observarás vallas de malla ciclónica forradas de vinil negro en las banquetas que marcan un perímetro de dos cuadras, donde gritarán 10,000 personas esta noche. McCartney tocará afuera del teatro El Capitan, como parte del estreno de la temporada del show de Jimmy Kimmel. McCartney está aquí para promover su álbum número 24 (sin contar los de The Beatles), New. Cuando Jimmy Kimmel Live! contactó a la ciudad de Los Ángeles para pedir cerrar Hollywood Boulevard para el estreno, el músico previsto era Justin Timberlake y el permiso fue negado. Cuando lo pidieron de nuevo, esta vez para Paul McCartney, la respuesta fue sí. (Timberlake terminó tocando la noche siguiente). Pero aún hay muchas regulaciones que cumplir. El booker de bandas de Kimmel, Scott Igoe, se encuentra frente al escenario esperando al jefe del cuerpo de bomberos, que necesita dar el visto bueno para las pirotecnias del show. Igoe se acerca al production manager de McCartney, Mark Spring, para recordarle de la visita de los bomberos. “Está bien”, dice Spring. “Aunque no creo que usemos pirotecnia esta noche. Lo hacemos en caso de que Paul quiera usarlas de repente”.

Pasando las 15:00 hrs., McCartney sale de un coche detrás del teatro y camina acompañado de su equipo de seguridad liderado por Mike, un cincuentón con pecho de roble que podría confundirse con alguno de Los indestructibles. McCartney viste un saco azul índigo hecho a la medi medida y unos jeans entubados, que porta con más estilo del que cualquier otro Ser Humano de 71 años sería capaz. Su físico es vibrante y pulcro, el resultado de décadas de vegetarianismo y un régimen de yoga, así como rutinas de entrenamiento que realiza hasta cuando sale de gira; parándose de manos en los gimnasios de distintos hoteles, con su equipo de seguridad cerciorándose de que ningún curioso lo vea.

Su pelo, teñido de castaño intenso, cae naturalmente sobre su cuello. Su edad no cuadra con su apariencia ni su vitalidad, esa pícara personalidad es posible porque él es Paul McCartney. Nota que hay fans acampando de ambos lados de la acera, los voltea a ver y hace como que toca una guitarra invisible para ellos. Se desliza hasta el pasillo del backstage en el sótano, acumulando un séquito de staff en el camino y pasa a través de un cuarto, donde hay sándwiches de tofu y wraps de quinoa de Whole Foods, marcados con el nombre “Paul McCrew”. En sus conciertos, los empleados son libres de comer todo el tocino y las hamburguesas que quieran, pero no es él quien los provee.

Toma una escalera y regresa al nivel de la calle, sube al escenario y saluda a la gente que le grita desde Sun Taco. “Les da a todos su momento”, dice Chris Holmes, su DJ en los tours. “Cuando estamos de gira, baila con el stage manager en turno. Ese hombre puede decir que bailó con Paul McCartney. Así es Paul, esa es su personalidad y no lo hace sólo cuando hay cámaras grabando”.

En el escenario, la banda toca los primeros acordes de “Matchbox”; una fuerte canción de blues que McCartney ha covereado desde 1962. Hace unas semanas le dio gripa y estaba nervioso por su voz, pero tomó mucha vitamina C y un remedio que le enseñó Little Richard hace mucho tiempo. “Hierves agua y le pones aceite Olbas (parecido al Vick VapoRub) y lo inhalas. ¡Ah! Te penetra en el cerebro”, dice McCartney. “Primero lo vi hacerlo en Hamburgo, después de inhalarlo se vio en el espejo y dijo: ‘¡Richard, eres tan hermoso!’”. Hoy, el barítono de McCartney suena curtido pero fuerte, su alarido continúa siendo intenso. Sigue temiendo el día en que su arsenal vocal se termine “pero aún no sucede. Hace poco vi a Billy Joel. Me dijo: ‘¿Sigues cantando en el mismo tono?’ Le dije que sí. Me respondió: ‘Yo tuve que bajar medio tono’”.



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