Placebo: Por siempre triste


Brian Molko, líder y voz de Placebo, habla sobre su nuevo blu-ray, We come in pieces, la eterna inseguridad y su aberración por las redes sociales


POR Staff Rolling Stone México  



Brian Molko, líder y voz de Placebo, habla sobre su nuevo blu-ray, We come in pieces, la eterna inseguridad y su aberración por las redes sociales

Brian Molko, líder y voz de Placebo, habla sobre su nuevo blu-ray, We come in pieces, la eterna inseguridad y su aberración por las redes sociales

Por Juan Carlos Villanueva

A Brian Molko le gusta saltar al abismo sin paracaídas. Es como el suicida que se arroja a las vías para ser arrollado por el tren de su propia existencia. Un tipo introspectivo obsesionado por la demencia, los inframundos del ser humano y la tristeza más cruel. Si tuviera que describir con una sola palabra a Molko, sería: vertiginoso. Brian, que cumple 39 años este 10 de diciembre, es un tipo espontáneo, un roedor extraviado en una intensa reflexión sobre el laberinto que es la congoja y la existencia. En las rolas de Placebo, desfilan personajes caóticos que circulan en una periferia gris y neblinosa donde todos los señalamientos rezan: “¿La vida vale la pena de ser vivida?”. Sobre la realidad y el sueño, acerca de la rabia y la felicidad, sobre ese eterno hombre melancólico, un encuentro con
el vocalista y líder de Placebo.

A propósito del nuevo DVD/Blu-ray, We Come in Pieces, estar de gira, tantos hoteles, tantas personas. ¿No te vuelve esquizofrénico?
No, terminas acostumbrándote a esa locura. “¿Dónde está casa?”, me pregunto. Y descubro que la casa es donde está la gente que amas, con los que necesitas estar y que sin ellos no puedes vivir. Ahí es casa, el resto son destinos vacacionales.

¿Cuál fue la condición para seleccionar la lista de canciones?
Decidimos hacer sólo esas canciones que nos hacen estremecer. Tenemos una relación disfuncional con nuestro catálogo, es decir, con esas canciones que te hacer sentir enfermo. Esa es la condición, tocar las rolas que nos hacen sentir emocionalmente miserables.

Cuando terminas un disco, ¿te gusta escucharlo o simplemente cierras el capítulo y te mueves a lo siguiente?
No puedo escuchar un disco cuando ya lo terminé. Quizá lo hago porque tengo que salir de gira y tocar esas canciones. Pero trato de limitar esa sobre exposición a mi propia obra, no me gusta confundirme ni ser aprensivo. Suelo ser muy severo conmigo. Por ejemplo, el dvd ni siquiera lo he visto y, sinceramente, ni quiero hacerlo. Es algo muy doloroso para mi estar viéndome, se me hace una sensación muy extraña. Todo esto es algo positivo, de otra manera te vuelves obsesivo en querer perfeccionar lo que hiciste y terminas por perder el control. También me ayuda a no repetirme.

Has estado con Placebo durante casi 20 años, ¿has pensado en cambiar tu vida?
Claro. He tenido días en que me pregunto lo que me gustaría hacer si no estuviera en la banda. Se me han venido algunas ideas. Me gustaría ser un agente funerario, algo que tenga que ver con un oficio donde pueda hablar con las personas pero que ellas no me hablen. Me resulta muy enfermo relacionarme con la gente, puede ser un desperdicio de tiempo.

Los fans te tienen como un Semidios, cualquiera pensaría que eres un tipo seguro.
No soy una persona segura ni tengo confianza en mí. No es que me vea como un artista insignificante, sino más bien alguien que trata de volverse alguien bueno, alguien reconocido por su trabajo.

¿Se necesita valentía para ser artista y mostrar tu obra?
Superficialmente, se necesita valentía, pero creo que va más allá. Cuando lanzas un disco es una forma de masoquismo, porque te vuelves adicto a ese vértigo de emociones donde puedes ser juzgado y masacrado por la crítica. Cuando pones a la vista del ojo público tus composiciones, me siento  completamente inseguro, pero a la vez soy arrogante y sigo lanzando música. Los artistas son personajes que necesitan reconocimiento y admiración de personas que jamás conocerá.

¿Esa inseguridad se remite a tu infancia?
Desde mi infancia he sido un chico con confl ictos emocionales y de confi anza. Me ha afectado haciéndome un individuo amargo, melancólico e inseguro. Hay muchas emociones que no puedo evitar como el dolor y la rabia. Artística y emocionalmente me siento como un niño. Yo no quiero crecer ni deseo ser un adulto, quizás mi físico envejecerá, pero no mi espíritu.

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