¿Qué es eso que llaman “rock”?


Interpol es un referente musical de este milenio gracias a su carrera y a ‘Marauder’, su más reciente álbum.




Foto: Chucho Contreras

En 2018 es difícil saber la respuesta. Si le hacemos esa consulta a alguien que nació en este milenio nos llevaríamos grandes sorpresas. Preguntémonos, cuando estos jóvenes vivían su temprana adolescencia —2012, 2013, 2014— ¿qué “rock” les tocó? ¿Se sigue llamando “rock”?

Aunque existamos algunos fósiles que mantenemos a bandas como The Rolling Stones, Led Zeppelin o AC/DC como las descripciones del “rock”, la realidad es que en este milenio el “rock” sólo es para aferrados y necios. Entonces, el tipo que tiene 18 años en este momento no creció escuchando “Smells Like Teen Spirit” en la radio, si bien le fue, le tocaron los rezagos de “Last Nite” (que también son los restos de un par de géneros). Esto no está mal, el problema radica en que a muchos nos cuesta trabajo entender que los tiempos cambian y que no todos deben crecer escuchando el “rock” que nos mostraron nuestros padres o tíos.

¿Interpol es rock? ¡Claro que lo es! No suena a Pearl Jam y eso nos causa conflicto, pero su sonido —bastante singular— es una de las miles de corrientes del llamado “rock” que nacieron con este milenio y que al parecer pretenden permanecer, por lo menos un par de años más. Es difícil percibirlo, la verdad, porque no son masivos como Foo Fighters y son más complicados de digerir. La sombra que dejaron los grandes a veces opaca nuestro juicio para encontrar a los nuevos guardianes, aquellos que durante años han construido una carrera sólida y buscan convertirse en los próximos referentes. Interpol es uno de esos casos nos guste o no.

Desde el lanzamiento de Turn on the Bright Lights en 2002, la banda se ha mantenido fiel a su estilo, con altibajos, pero siempre congruentes. Ahora, 16 años después de su primera declaración sonora, Interpol busca hacer una nueva afirmación en 2018 con Marauder, su sexto álbum de estudio. Platicamos con Paul Banks. Un tipo serio, pero educado y amable. Nos dijo cómo siente los años vividos con la banda, el presente de la misma y la historia detrás de su nuevo LP. Aunque habla español bastante bien, prefirió hacerlo en inglés para estar más cómodo.

¿Estás contento de regresar a México?
Sí, siempre es un gran placer estar en México, es una ciudad increíble, la verdad. Tengo una historia personal aquí, tengo amigos. El tiempo que viví aquí tuvo mucha influencia en mí. Sólo viví un año, pero los amigos que tuve en esa época se mantuvieron y son gente muy importante en mi vida y cuando regreso, no sé, hay algo muy especial en esta ciudad.

Sólo han pasado algunos meses desde que salieron de gira para promocionar ‘Turn on the Bright Lights’. Al tocar este álbum y recordar sus inicios con presentaciones de gran carga emocional, ¿cambió su perspectiva sobre lo que han logrado?
Yo creo que sí, pero eso pasa inevitablemente con el paso del tiempo. Tu perspectiva sobre lo que has hecho cambia, la perspectiva que tienes de ti cambia. Más que mi percepción sobre nuestra trayectoria, estoy muy orgulloso y me siento muy afortunado de lo que hemos hecho en este periodo. Es asombroso que la gente quiera seguir compartiendo con nosotros. Me siento muy privilegiado.

¿Recuerdas algún momento en especial del que te sientas particularmente orgulloso mientras tocaste en esta gira?
Probablemente México haya sido el lugar donde dimos los mejores conciertos, pero hay diferentes casos. En ciudades grandes como Nueva York o Los Ángeles tenemos muchos amigos que nos fueron a ver y se generó mucha expectativa; entre más conocidos haya, hay más presión porque no quieres cagarla [risas], por lo que tocar en ciudades como Wyoming donde no conoces a nadie es más fácil porque no sabes qué esperar y la reacción del público te sorprende. Pero fuimos muy afortunados de que toda la gira fue muy buena. Como banda tocamos muy bien y nosotros nos divertimos mucho. Fue una gran celebración.

¿Cómo definirías estos 20 años de trayectoria?
Supongo que se siente como un avión en el cielo que todavía no ha aterrizado y que sigue llevándonos hacia algún lugar y en el camino la vista ha sido muy bella y variada.

Dos décadas después de su formación, lanzan su sexto disco de estudio, ¿cómo describirías el presente de la banda? ¿Cómo se encuentran como personas y como músicos?
Creo que como personas hemos tenido etapas complicadas en nuestra relación, eso es un hecho. Lo que pasa con las bandas es que existen diferentes egos, visiones artísticas distintas y hay muchos sentimientos todo el tiempo. Cuando la comunicación se rompe y la sensibilidades crecen, las cosas se pueden ir a la mierda. Eso es por lo que muchas bandas se separan y no duran. Creo que nosotros hemos tenido mucha suerte y seguimos juntos porque Sam, Daniel y yo queremos hacer música, queremos hacer esto y fuimos afortunados de encontrarnos. La música nos mantiene juntos y cuando se vuelve muy jodido, en lugar de decir, “vete a la chingada”, “jódete”, tratamos de reconciliarnos como familia y creo que pocas bandas llegan hasta estos lugares.

Estamos aquí por ‘Marauder’, ¿cuál fue la principal razón o motivación por la que empezaron a trabajar en este disco?
Siempre estoy trabajando, lo último que hice antes de esto fue el disco con RZA [Banks & Steelz, Anything But Words de 2016], siempre estoy escribiendo música para mi proyecto como solista y tengo otro proyecto… Daniel escribe para Interpol y cuando tiene una colección de canciones que quiere presentarnos a Sam y a mí es cuando comenzamos un disco de Interpol. No sé cuál haya sido la clave por la que empezamos, más bien es Daniel diciendo: “Tengo unas cuantas canciones” y empezamos a trabajar.

Anteriormente han comentado que grabaron el disco como tocan las canciones en vivo, no graban por partes. Se escucha un sonido sólido en ‘Marauder’, ¿podrías decir que están en su mejor momento? ¿Se sienten cómodos?
Sí. Siempre lo hemos hecho así y creo que parte de nuestro sonido es por eso. Admiro bandas que lo hacen diferente, toma RZA por ejemplo, con él escribimos en el estudio. Con Interpol es muy diferente, la precisión que se puede escuchar es porque no vamos al estudio hasta que Daniel dice que estamos listos para tocar un concierto, así que pulimos todo. Todos saben todo lo que van a hacer antes de ir a grabar. A lo mejor después cambiamos un par de cosas, como lo hicimos con Dave Fridmann [productor]. Tal vez una línea de bajo o metemos unas capas de audio sobre otras, pero nuestra música es muy construida desde que entramos al estudio.

¿Cómo prepararon y visualizaron el álbum?
Escribimos canción por canción, no es como que tenemos un concepto en general y escribimos a partir de eso. Sólo escribimos las canciones y en este caso teníamos como 16 o 17 temas para Marauder. Escogimos cuáles quedaban mejor entre sí y las acomodamos en orden. Creo que dependiendo de lo que esté pasando en mi vida o el lugar en el que esté espiritual e intelectualmente es lo que impactará las letras y el cuerpo de las canciones. Así que hay temas que se relacionan, hay cohesión en el álbum, pero no es porque hayamos dicho “vamos a hacer un álbum sobre esto” o “vamos a llamar el disco Marauder” por un concepto o idea en general.

La definición de “marauder” [merodeador] es alguien que vaga por lugares, generalmente con malos fines y vive de lo que coge o roba, ¿se relacionan con esta definición? ¿Qué buscan en este momento?
Yo definiría a un merodeador como Gengis Khan: ese que llega y toma. Estaba puliendo mi mentalidad freudiana para responder esta pregunta y creo que el merodeador representa nuestro lado más animal. Las normas de la sociedad y el comportamiento nos dicen que no podemos tomar lo que queramos, pero el merodeador dice lo contrario, lo toma y no le importa una mierda lo que pase. Hay un parte de mi personalidad, hay una parte de la personalidad de todos que es animal y se representa con este personaje del merodeador, así que a lo mejor es alguna parte de mi pasado de la cual no estoy orgulloso, tal vez una parte de mi presente, pero también es esa parte salvaje de mi interior que no le responde a nadie y tal vez dañe relaciones. Es egoísmo, es “dame, dame, dame”. El merodeador es un personaje que yo he sido. En el pasado he sido ese sujeto, pero creo que ahora soy más consciente de lo que hago y trato de hacer cosas para no lastimar a la gente pero tal vez hay fases en las que me importa un bledo a quien lastime. Sólo hago lo que quiero.

¿Estás consciente del impacto que tuvo la música de Interpol en los comienzos de este milenio? Retrocediendo a esas épocas, ¿cómo crees que la música de Interpol cambió el curso del rock en estos últimos años?
Escucho la influencia que tuvieron otras bandas en otros artistas. Por ejemplo, la influencia que tuvo The Strokes en otras bandas –estoy teniendo un déjà vu en este momento–, Franz Ferdinand también tuvo mucha influencia en otros artistas. A veces escucho algo de nuestro sonido en otros músicos, pero igual no sé cómo responder eso, siento que es vanaglorioso creer que has tenido esta influencia o decir ejemplos de artistas que se han visto influenciados por ti. Me gusta la idea de pensar que hemos sido importantes para alguien.

¿Qué cambio has visto desde que empezaron como banda hasta la fecha?
Creo que el rock dejó de ser el “gran” género para darle más exposición a otras corrientes como el hip hop que se ha vuelto tan masivo y tiene nuevas mutaciones como lo que hizo XXXTentacion, Tekashi69 y demás. No sé si eso se sigue llamando rap o es música para fiesta, pero ahí es donde siento que sigue habiendo anarquía y creo que de eso se trataba el rock, de empujar en contra y ahora hay otras formas de música que están haciendo eso. Rock puro como tal ahora, están Arctic Monkeys, Queens of the Stone Age…

¿Cuál dirías que es la característica única que Dave Fridmann le impregnó a este álbum?
Creo que si vas con él con hoyos grandes en tu música, él puede rellenar esos hoyos. Si vas con él sin hoyos en tu música, puede ayudarte a hacer que se convierta en lo mejor que estás tratando de hacer. A nosotros nos ayudó a mejorar el sonido que le llevamos. No importa cuántas tomas sean necesarias, él consigue eso. Como banda es fácil decir “es una buena toma”, pero él escucha otras cosas y puede decir “no, no, no, otra vez” o vamos a hacer esta canción un bpm más rápido o un bpm más lento. Así que tiene muchísimas aportaciones de ese tipo. Habla todos los lenguajes de la música, cualquier idea que tengas la entiende y eso es de gran ayuda cuando estás grabando un disco porque él comprende lo que quieres decir.

¿Cómo crees que ‘Marauder’ será recordado en el futuro?
No lo sé, pero creo que lo que hicimos es bueno, único y diferente con respecto a lo demás que está sucediendo actualmente. Es crudo. Sólo son músicos en un cuarto, tocando, directo a la cinta, sin millones de capas de audio o 50 guitarras y 500 voces. Son una o dos voces, la guitarra de Daniel, mi guitarra, el bajo, la batería y ya. Hay algo deslumbrante que hace Dave Fridmann, pero la gran mayoría es tan crudo y simple como puede ser. No creo que suene simple, pero los ingredientes que tiene son como cuando vas a un restaurante elegante y hay papas y frijoles perfectamente preparados, pero no necesitas más porque hicieron esas cosas sencillas de la manera correcta.



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