Queens of The Stone Age: Regresa la tormenta


Josh Homme estuvo muy cerca de perder la cabeza al preparar el nuevo de Queens Of The Stone Age, que promete ser el éxito más grande del año


POR Staff Rolling Stone México  



Josh Homme estuvo muy cerca de perder la cabeza al preparar el nuevo de Queens Of The Stone Age, que promete ser el éxito más grande del año

Por Simon Vozick-Levinson

Queens of the Stone Age está por subir al escenario en cualquier momento para dar un show en Brooklyn, pero nadie encuentra por ningún lugar al frontman Josh Homme. Mientras tanto, el guitarrista Troy Van Leeuwen, el tecladista Dean Fertita, el bajista Michael Shuman y el baterista Jon Theodore desconectan instrumentos y se disponen a prepararse una bebida fuerte. Repentinamente, Homme aparece en la habitación . Todas las miradas en el cuarto se dirigen al vocal y guitarrista de la banda, a quien su energía exaltada y cortante, tatuajes en los nudillos y cuerpo musculoso le hacen parecer como un pequeño guerrero vikingo. “Al carajo”, anuncia, arrancando una copia del setlist de la noche con un a diabólica sonrisa y sirviéndose un gran shot de tequila. “Vamos a tocar el [nuevo] disco de principio a fin”.

Esa noche deslumbraron a todos los asistentes con los riffs malignos y grooves retorcidos de …Like Clockwork –material que había salido a la venta una semana antes– y todo el público explotó, levantando los puños al aire. Unos días después, el álbum debutó como Número Uno. Este es un truco realmente impresionante para ser su primer disco después de seis años; que también resulta ser el primero después de haber dejado a la disquera con la que duraron mucho tiempo, Interescope (“Como ratas abandonando el barco que se hunde”, dijo Van Leeuwen), a cambio de un trato independiente con Matador.

Homme ama hacer este tipo de cosas, cambiar el guión, dejando todo como una adivinanza. “Lo bueno de haber desaparecido por un tiempo es reaparecer ”, dice Homme el día antes del concierto, sentado en un sofá dorado, que parece un trono en su habitación de hotel en Manhattan.“Te apareces, tocas el hombro de alguien y: ‘¡Boo!’”. Da una larga jalada a un cigarrillo electrónico. “Estoy tratando de dejarlo”, dice el vocalista, quién cumplirá 40 años en mayo. “Es una pena ser controlado por algo”. La moderación es una, relativamente nueva actitud de Homme. La mayoría lo conoció en el 2000 como el hombre loco de mirada salvaje que gruñe palabras como “Nicotine, Valium, Vicodin, marijuana, Ecstasy and alcohol/C-c-c-cocaine!” una y otra vez en la emblemática canción de la banda,“Feel Good Hit of the Summer”.

Los siguientes años se vio envuelto en una nube de peleas en bares y problemas con otras bandas. En 2005, un juez le hizo asistir a una terapia de control de ira después de que supuestamente reventara una botella de cerveza en la cabeza de otro músico. “No aprendí nada”, contestó insolentemente a un reportero dos años después. Pero hoy es un feliz esposo y padre de dos niños. ¿Sigue dándole a la fiesta como solía hacerlo en ese entonces? “¿Te refieres a ir de fiesta como si fuera 1999?”, pregunta. “Pero si no es 1999”.

Aún así, el viejo animal del rock & roll no se ha ido del todo. Su irreverente sentido del humor sigue intacto; más tarde, esta noche, él entretendrá a sus compañeros de banda con una gran selección de bromas acerca de la anatomía femenina (“¿Sabían que pueden ver la Gran Muralla de ‘Gina’ desde el espacio?”). Hay una siniestra y amenazadora línea no tan lejos de la superficie.

Basta con preguntarle cómo se sintió después de darle la vuelta al mundo en el 2010 con Them Crooked Vultures, grupo que formó con su viejo amigo Dave Grohl (quien toca la batería en el material de separación del 2002) y el bajista de Led Zeppelin, John Paul Jones. “Para el final de las fechas por cumplir”, dice Homme, “empezaba a sentirme harto de todo. Musicalmente en quiebra”. Tampoco se podría decir, que su humor mejoró cuando por complicaciones de rutina en la cirugía de rodilla por la que pasó, lo forzaron a quedare en cama por tres dolorosos meses en su casa de Palm Springs, California. “Estaba muy amargado y enojado… Piensas, ‘Dios, desearía poder deshacerme de mí mismo’. Odié la música por un tiempo. Sólo parecía no tener importancia”.

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