Asuntos Internos: Ricardo Anaya, el voto útil y la generación ‘millennial’


Ricardo Anaya, “El niño maravilla”, tiene una larga carrera política y ahora va con todo por la presidencia.


POR Juan Manuel Becerril de la Llata  



Foto: Facebook Ricardo Anaya

Ya concluyeron hace unos días las precampañas de los partidos políticos para la elección presidencial de este 2018 (en ese muy bizarro contexto mexicano donde los tres principales candidatos, hacen una suerte de elección interna dentro de sus agrupaciones, siendo curiosamente los únicos aspirantes y además triunfan por unanimidad), y la mayoría de casas encuestadoras coinciden en algo sobre Ricardo Anaya: está en un claro segundo lugar a la fecha (de nuestro cierre editorial), con un buen margen de diferencia que lo separa del puntero Andrés Manuel López Obrador, pero a su vez separado él unos puntos del tercer lugar que es José Antonio Meade del PRI.

Entonces, lo que al inicio del proceso electoral parecía una suerte de elección dividida en tercios (Morena, PAN-PRD-MC y PRI en la pelea), hoy día parece más bien una competencia de los dos primeros partidos, con un tercer aspirante muy separado, dada la caída libre que se percibe ha experimentado el candidato del PRI y que francamente no se ve cómo pueda revertirse.

La desbandada en el PRI y PAN por sus esperadas listas de los legisladores de mayoría relativa y los plurinominales –posiciones tradicionalmente asignadas a los factores de poder para contar con su apoyo–, terminó de acrecentar las peleas internas y muchos de los usuales operadores políticos de esos partidos, han optado por “abandonar el barco” y sumarse a la candidatura de Morena, esperando encontrar ahí las posiciones o pactos que necesitan para su supervivencia política (verbigracia Elba Esther Gordillo y su familia, Napoleón Gómez Urrutia, Gabriela Cuevas, el CNTE, Germán Martínez, etc.). También sabe la clase política que “apostarle” al candidato equivocado, puede ponerlos en un entredicho en sus negocios o su libertad misma, dados los expedientes judiciales que pueden tenérseles bajo el archivero.

¿Y quién es Ricardo Anaya? Sus seguidores le solían decir “El niño maravilla”, pues desde muy joven incursionó en la vida política, teniendo diversos cargos relevantes, como diputado federal, coordinador de la bancada del PAN en la Cámara de Diputados, Presidente de dicho órgano legislativo y Presidente nacional de ese instituto político. Cuenta con una sólida formación intelectual, habiendo adquirido diversos grados académicos como Licenciado en Derecho (UAQ), Maestro en Derecho Fiscal (UVM) y Doctor en Ciencias Sociales (UNAM), todas con mención honorífica. A su juventud (apenas 39 años), se le sumaba el hecho de tener una apariencia que quizá le hacía ver aún menor de edad por su baja estatura y complexión delgada.

Pero esa percepción de inexperiencia que al principio reflejaba por su físico, pronto se convirtió en una grata revelación nacional cuando empezó a actuar en público. Tiene grandes dotes de orador y es muy articulado en sus ideas. Además de su formación profesional, domina el inglés y francés adicionales al español, lo que sirve mucho en un entorno mundial donde ya es muy común que los líderes de los países tengan bastante comunicación con presidentes de otros lugares, como Estados Unidos especialmente. Su momento cúspide le llegó en una suerte de debate con Manlio Fabio Beltrones que tuvo por televisión, donde francamente se llevó de calle esa pelea e hizo ver mal al experimentado político priista.

Logró inclusive algo que se veía complicado que era formar una alianza con el PRD y Moviminto Ciudadano, que al inicio parecía le darían a ese frente común juntar los votos necesarios para ser una opción seria en la carrera presidencial. Sin embargo, tiene algunos puntos negativos que le han ido dañando su imagen y le ha impedido terminar de consolidar su candidatura: la forma poco clara en que hizo su fortuna al amparo de sus cargos en el servicio público; el desquebrajamiento de la usual unidad panista al hacer de lado a fuerzas políticas importantes de ahí mismo y su participación activa en el Pacto por México al inicio del sexenio del Presidente Peña Nieto, con la aprobación de todas las reformas estructurales, incluidas ahí la reforma energética que trajo consigo el llamado “gasolinazo”. La salida del PAN de Margarita Zavala es una clara muestra de ello, pues aunque en menor grado, ella le resta votos del sector tradicional conservador o panista.

Ahora, se viene encima ya la época de campaña presidencial propiamente dicha, y me parece que tiene que parar la sangría de cuadros panistas que se han alejado de la política o de plano ido con el rival a vencer (AMLO). También le ayudaría mucho consolidar su liderazgo con todos y no sólo unos cuantos gobernadores panistas, así como le sería benéfico hacer un arreglo político para tener el apoyo de los ex presidentes del PAN, Vicente Fox y Felipe Calderón, que cuestionados o no, serían un activo político para su candidatura.

Existe la creencia, en buena parte de la población, de que esta elección ya está decidida por la sólida base electoral cautiva de que goza el candidato López Obrador y que se ha ido incrementado por los tránsfugas que del priismo tradicional se le han adherido. Yo tengo mis dudas al respecto. Si bien parece ser que hay alrededor de un tercio de la población decididamente inclinada a votar por él, quedan dos tercios de electores que opinan lo contrario. No olvidemos de que en el 2006, AMLO le aventajaba según la mayoría de encuestas serias hasta por 20 puntos de ventaja a Felipe Calderón y terminó en una cerrada votación perdiendo.

Ahora, la experiencia le ha enseñado al candidato puntero a ser mucho más cauteloso con sus declaraciones y actitudes, pero aún faltan muchos días para el día de la elección. Esas desafortunadas declaraciones de AMLO de semanas atrás con escritores famosos como Enrique Krauze, Denise Dresser o Jesús Silva-Herzog Márquez, dan cuenta de que los candidatos en cualquier momento pueden sufrir un traspié y reflejarse ello en la votación.

La clave será la estrategia de campaña por ganarse ese llamado “voto útil”, reflejado por todos aquellos que no desean a cualquier precio que repita el PRI y votarán por el candidato mejor posicionado en los números, o bien por los electores del partido político ubicado en tercer lugar (el PRI en apariencia), que a toda costa no quieren gane AMLO y estarían dispuestos a “sacrificar su voto” para sumárselo a Ricardo Anaya y su alianza opositora. Repito, ahí existe según las encuestas cerca de dos tercios del padrón electoral y ellos pueden definir la balanza.

Mención aparte juegan los llamados candidatos independientes. Al menos Margarita Zavala y “El Bronco”; ya es un hecho que paticiparán en la contienda y cuando menos la suma de ambos se estima rondará entre el cuatro y seis por ciento de votos. Ese número no es nada despreciable pues pueden jugar una especie de papel “bizagra” en la elección y definir el resultado final. La operación política que se haga con ambos candidatos y sus electores en busca de atraer ese voto útil, puede ser el impulso que necesite Anaya para ser competitivo.

Hay un sector poco aprovechado por Ricardo Anaya y donde él pudiera acomodarse inclusive, de mejor forma, que el resto de sus competidores y es la generación millennial. Tiene la juventud que le permitiría acercarse más a ellos que a sus rivales y conectarse con sus ideas y aspiraciones. Su buena oratoria le puede servir para alejarse del típico “acartonamiento” del político tradicional y generar una ola positiva de apoyo en esa sección de la población que participa en un mayor acceso a la información, toma decisiones con más impulso que análisis profundo y se comunica entre sí instantáneamente. No olvidemos que los jóvenes constituyen el mayor porcentaje de electores en el padrón electoral. Si alguien asegurara que esta elección ya está decidida a favor de AMLO (el cual es sin duda el candidato puntero), yo le invitaría a revisar las elecciones estatales de 2016, donde a todos tomó por sorpresa el triunfo del PAN en siete de 12 entidades federativas. Ni ellos mismos se lo esperaban, pero el elector a veces suele ser así y definirse a último momento. Lo mismo sucedió en Estados Unidos, donde al día de su última elección presidencial, las casas de apuestas pagaban siete a uno por el triunfo de Trump, de tan improbable que lo veían. Y ganó. Entonces, nada está dicho y como dijera una célebre frase beisbolera: “Esto no se acaba, hasta que se acaba”.



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