Robert Downey Jr. Superestrella y hombre de acero


Sentado en una silla de nylon en un paraje desolado, cerca de la playa de Venice, Robert Downey Jr. de 45 años, descarga su intempestiva energía cada vez que sufre una crisis de verborrea…


POR Staff Rolling Stone México  



Sentado en una silla de nylon en un paraje desolado, cerca de la playa de Venice, Robert Downey Jr. de 45 años, descarga su intempestiva energía cada vez que sufre una crisis de verborrea...

More-robert-robert-downey-jr-3915211-800-995Sentado en una silla de nylon en un paraje desolado, cerca de la playa de Venice, entre una cerca repleta de estudios de tatuajes y el impersonal y grisáceo océano, Robert Downey Jr. de 45 años, descarga su intempestiva energía cada vez que sufre una crisis de verborrea. Sobrio y exitoso, el pilar de las billonarias franquicias de Sherlock Holmes e Iron Man se muestra cuando menos tan vibrante y ciclónico como el drogado modelo de las portadas de tabloides que hace una década solía ser. Una conversación con él es como una tormenta de partículas en lo más recóndito del espacio exterior, un paréntesis dentro de un paréntesis, una digresión tras otra, un desbordamiento cósmico no lineal y, sin embargo, bastante coherente. Downey se rehúsa a seguir los lineamientos de un guión, nunca se le puede enfocar del todo y siempre está como en pos de la siguiente idea. He ahí la esencia de su mente y espíritu, y, con toda seguridad, de su genialidad histriónica.

robert-downey-jr-ironmanSu necesidad de iluminación y liberación se torna un poco más inteligible en cuanto logras aceptar que su dialecto privado y la cosmología que hay detrás de éste son un tipo de música mental más que un sistema lineal y razonado. “Si en este instante logras poner en ceros tu consola”, dice, y yo asumo que con “consola” se refiere a algo parecido a una consola de grabación, o tal vez al marcador interno que la gente utiliza para registrar sus triunfos y fracasos en la vida, “todo es posible”. En el mismo tenor –elusivo y sin embargo evocador– describe una fase de su carrera por la que atravesó tras años de autoinmolarse en una llamarada interna; una fase previa a esta era de escrutinio y perfeccionamiento perpetuos: “Iba por un mundo como de Joseph Campbell, en el que no es permisible seguir el camino allanado por los demás, y ahí estaba, inmerso en el verdor y la abundancia, pero creo que en realidad no equivalía más que a una jungla en la que uno tenía que mantenerse con vida a toda costa”.

phgxgjgkd7cnjn_mTraducción, o algo parecido: Downey estaba dando una vuelta. Y de pronto se aburrió. El tao de downey es confuso y enigmático, pero si sus principios son aplicados con esmero, los resultados no se hacen esperar. Una vez limpio y con su consola en ceros, Downey se preparó para la siguiente fase: el cambio dimensional que lo ha convertido en lo que actualmente es, la estrella de una secuela acerca de un superhéroe, una película que seguramente tendrá un estreno millonario e histórico. Pero también se ha transformado en el presidente de una compañía productora cada vez más importante (su personal contesta el teléfono de la siguiente manera: “Equipo Downey”) y en el dueño tanto de un edificio ultramoderno de oficinas en Venice, California, como de un rancho edénico y gigantesco con vista al océano de Malibu –y todo lo ha logrado mediante la realización de ejercicios para la flexibilidad, aderezados con una pizca de magia blanca y ceremonial–.

elton-john-robert-downey-jr-i-want-love_01“Por lo que respecta a mi carrera, pasé un tiempo preparándolo todo”, dice al referirse a los años anteriores a su despegue meteórico. “Un poco de Zodiac, un poco de Fincher, un poco de Shaggy Dog. Todo ello me ayudó a pagar los seguros, y luego, ¡una explosión!”. La explosión no es otra cosa que su papel estelar en Iron Man, que sin remilgos Downey confiesa que deseó desde el primer momento.

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