Roger Waters contra la pared


Cómo fue que el líder de Pink Floyd dominó sus demonios, recuperó su legado y le dio nueva vida a una obra de arte…


POR Staff Rolling Stone México  



Cómo fue que el líder de Pink Floyd dominó sus demonios, recuperó su legado y le dio nueva vida a una obra de arte...

Cómo fue que el líder de Pink Floyd dominó sus demonios, recuperó su legado y le dio nueva vida a una obra de arte
Por Brian Hiatt

Roger+Waters+rogerwatersRoger Waters, el antiguo líder de Pink Floyd, ha encorvado su aún desgarbada figura de casi dos metros de altura para adentrarse en una limusina que lo llevará a un restaurante en Manhattan. Como es costumbre, resulta muy difícil leer esa gélida mirada gris que hace juego con su cabellera plateada y relativamente larga y la barba de profesor universitario pero al parecer ha tomado la decisión de dejarse entretener. En algo ha contribuido el hecho de que Waters acaba de tomar algunas copas de Montrachet, a manera de celebración tras una larga jornada laboral. Ha trabajado arduamente desde enero, dispuesto a perfeccionar la primera versión escénica auténtica de la obra que sin lugar a dudas coronó su carrera, The Wall y sus 23 millones de copias vendidas; la gesta épica lanzada en 1980 que gira en torno a Pink, una estrella de rock alienada y cuya biografía se parece bastante a la del propio Roger Waters, al menos hasta ese momento.

42wallbeingwideLa versión escénica original, con sus marionetas gigantescas, sus imágenes sincronizadas y su muro, construido ladrillo por ladrillo tan sólo para ser derribado durante el clímax del show, ejerció una influencia tremenda tanto en todos los espectáculos de rock que le siguieron, desde la gira Steel Wheels hasta Zoo TV. Pero Pink Floyd sólo se presentó en cinco ciudades alrededor del mundo y entre cada serie de conciertos, la banda descansó durante meses. Las filmaciones de aquellos tiempos jamás han sido lanzadas oficialmente, por lo que ahora esas presentaciones son recordadas vagamente como si fuesen una leyenda a excepción de las animaciones surrealistas de Gerald Scarfe, que también hicieron acto de aparición en la versión cinematográfica.

teacher-puppetLos conciertos supusieron cuantiosas pérdidas económicas –los boletos costaban sólo $12 dólares– y el grupo se estaba desmoronando. “Habían llegado al punto en el que no podían soportar la presencia del resto de los integrantes”, dice Mike Fisher, el arquitecto que diseñó las dos versiones de la gira (y que asimismo trabajó en el escenario espacial de la gira 360º de U2). “Les convino declarar que la experiencia no era más que un bodrio excesivamente caro; gracias a ese argumento lograron deslindarse de todo el asunto sin mayores complicaciones”. Marc Brickman, el director de iluminación, quien también trabaja en el nuevo espectáculo, fue contratado poco antes de que comenzaran los conciertos originales. “Lo que vi me voló los sesos y perdí el habla”, dice. “Era un montaje operístico, pero un contexto de rock. En 1980 nadie podía siquiera soñar con esa clase de espectáculo”. Para Waters, la idea subyacente a este teatro ‘masivo’ es francamente sencilla: “No es posible pedirle a la gente que vaya al circo si sólo has puesto unas cuantas pulgas sobre el escenario; los elefantes y los tigres deben estar ahí”. Quizá a causa de su descarada monumentalidad, The Wall se convirtió en el último grito de guerra de lo que las bandas de punk y new wave solían llamar rock setentero hecho por dinosaurios pero la gira actual es mucho más que una versión actualizada de un show tipo Jurassic Park. Waters ha decidido atiborrarlo todo con mensajes de índole político: anti-guerra, anti-opresión. La letra de “Mother”, por ejemplo, no ha cambiado, pero el video acompañante, con esas imágenes de una cámara de vigilancia que ostenta, gira en torno a los gobiernos represores y ya no alrededor de un pariente insufrible. “El espectáculo es básicamente igual, pero con un significado mucho más amplio”, dice Fisher. “Tuvimos que lidiar con el hecho de que una cosa era un hombre que en sus treintas canta acerca de su juventud, porque su adultez hasta ese punto apenas si podía ser algo más que un eco de su crianza. Pero es algo muy distinto si éste mismo hombre quiere seguir haciendo lo mismo cuando ya pasa de los sesenta años”.

008_watersEl show aprovecha los beneficios provistos por tres décadas de avances tecnológicos, sobre todo por lo que hace a los videos de alta definición que se proyectan a lo largo del gran muro. Waters cumplió 66 años y está seguro de que ésta será su última gran gira. “Es un proyecto monstruoso y al principio no estaba tan seguro de poder llevarlo a cabo”, dice, pero sin enfatizar mucho esta idea: en realidad, su actitud da a entender justo lo contrario, que sí podrá y que lo sabe muy bien.

scarfe_the-wall1Hace 33 años, durante una caótica presentación de Pink Floyd en un estadio en Montreal, un Roger Waters más joven y menos risueño tuvo un encontronazo con un extasiado fan. El concierto era la última parada en la gira de promoción del álbum Animals y desde el comienzo fue un desastre: el débil sonido emanado por el P.A. fue ahogado por los chiflidos y gritos de un público particularmente drogado y violento (en un disco pirata del concierto se puede escuchar a Waters gritando: “¡Dejen de arrojar fuegos artificiales y de gritar, estoy tratando de cantar!”). Al final, un chico logró trepar por la reja que separaba el escenario de la muchedumbre. Waters tomó ímpetu y le escupió en la cara. Horas más tarde, Waters seguía sacudido por el suceso. ¿Cómo había podido llegar tan lejos? ¿Qué le estaba ocurriendo? Tenía 33 años. Su matrimonio acababa de desplomarse y a su banda estaba a punto de ocurrirle lo mismo; él se encontraba enfrascado en una guerra contra la otra fuerza creativa de Pink Floyd, el guitarrista y vocalista David Gilmour. Era rico y famoso, pero estaba muy enojado y se sentía acosado por los problemas de su niñez; que comenzaron gracias a la ausencia de su padre, asesinado durante la Segunda Guerra Mundial, tan sólo un año después del nacimiento de su hijo. “Estoy seguro de que la gente me tenía miedo”, dice Waters. “Tendía a lanzarme sobre cualquiera”.

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