Savages. La furia Sutil


Savages visitó la Ciudad de México. Jehnny Beth nos recibió en su cuarto de hotel


POR Staff Rolling Stone México  



Savages visitó la Ciudad de México. Jehnny Beth nos recibió en su cuarto de hotel

Savages visitó la Ciudad de México. Jehnny Beth nos recibió en su cuarto de hotel

Por Verónica Galicia

Es lunes por la mañana y la ciudad se siente en calma. El lobby del Hotel Camino Real del D.F. dice adiós a su mejor fin de semana del año: A todos los músicos que lo llenaron de misterio y extravagancia, a historias imborrables (e inconfesables), a groupies y fans implacables, al ruido y las fiestas en las suites. Se despide de toda la vida que le inyecta el festival Corona Capital.

Tomo el teléfono y marco el número 712. “Bonjour”, dice Jehnny Beth al otro lado, “¿te importaría venir a la habitación?”. Una noche antes, mientras firmaba mi copia del Silence Yourself, acordó charlar conmigo pese al poco tiempo que estaría en la ciudad. Al entrar al 712 me encuentro con Camile Berthomier, quien da pequeños sorbos a una taza blanca de café mientras termina de empacar sus maletas.

“El público mexicano es algo que nunca había visto en mi vida”, dijo sorprendida. A raíz de un comentario sobre la camiseta vieja que llevo puesta, le cuento de la prohibición sobre los conciertos masivos en nuestro país en los años ochenta. “Tiene completo sentido para mí, pensar que por generaciones han heredado esa emoción y entrega… viene de esta espera de ver por primera vez a una banda en vivo. Cuando fui con Romy (The XX) a ver a Queens Of The Stone Age le pregunté qué sintió cuando tocó en ese mismo escenario, me dijo que mucho miedo y nervios”. Jehnny Beth es originaria de un pequeño pueblo de Francia, y junto con Johnny Hostile, a quien conoció a los 19 años, intentó adaptarse a la escena musical parisina. Pero no fue hasta que llegaron a Londres que lograron hacer las cosas a su modo, en el dueto lo-fi bautizado como John & Jehn. Tras varios tropiezos, malas decisiones y algunos errores que desembocaron en peleas legales, lograron consolidar Savages con Hostile como productor y cofundador de la disquera Pop Noire. “Lo primero que cambiamos fue decir ‘no’ a todos los shows que eran basura. Decidimos no ser teloneros de nadie, sino tocar estratégicamente sabiendo dónde y cuándo: así fue como comenzamos a generar nuestra propia audiencia”.

En un muy corto plazo, Savages pasó de la escena underground londinense a recibir una nominación al Mercury Prize y a encabezar la mayoría de las listas de favoritos de 2013 con su único disco, Silence Yourself. “Creo que hoy estoy donde estoy porque no temí decir que no: Un mal generacional es el miedo a dar negativas, todos quieren ser famosos de alguna manera. Conozco lo rápido que se mueve el negocio en Reino Unido, la industria te presiona a hacer las cosas porque ahora es tu momento, pero siempre he luchado en contra de esa idea. Seis meses después de nuestro primer show no habíamos grabado nada, solo vendíamos camisetas y cosas que hacíamos nosotros mismos. Hicimos la banda para tocar en vivo, no para vender discos ni recibir premios”.

La experiencia de ver a Savages en vivo es intensa e interesante: Desde su postura hacia la tecnología y sus manifiestos, hasta la claridad con la que se expresan. Su música es cruda, directa y sin poses; post punk que se distancia del revival del género, imposible de ignorar por su nitidez y buena ejecución. Uno de los elementos clave de sus presentaciones en vivo es la agresividad: “Definitivamente es algo con lo que me gusta jugar”. Entre sorbos de café, apunta amablemente que “me interesan los personajes dominantes y dominados, las relaciones de poder con la gente y lo que conllevan. Supongo que eso hace difícil trabajar conmigo, porque estoy tan concentrada en las ideas que a veces me olvido de los sentimientos, y a veces no entiendo porqué la gente de pronto me da la espalda”.



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