De cómo The Beatles conquistó América


50 años de la conquista de The Beatles a América. La mayor explosión en la historia del Rock & Roll


POR Staff Rolling Stone México  



50 años de la conquista de The Beatles a América. La mayor explosión en la historia del Rock & Roll

Hace 50 años, Los Fabulosos Cuatro aterrizaron en un país que estaba en duelo por la muerte de John F. Kennedy teniendo que hacer frente tanto al desdén mediático como a una disquera que no les entendía. La verdadera historia detrás de la más grande explosión jamás vista por el rock.

Por Mikal Gilmore

John Lennon se volvió cada vez más silencioso conforme el vuelo avanzaba. En el mismo sentido, Paul McCartney –quien había declarado que comenzó a creer fielmente en el éxito de The Beatles desde aquel momento, en diciembre de 1962, cuando el sencillo debut de la banda, “Love Me Do”, apareció en las listas británicas– tenía sus propios temores, a pesar de que aún se atrevería a negarlo. Era un viernes, 7 de febrero de 1964, y tan sólo unas cuantas horas antes The Beatles habían dejado atrás Inglaterra en pos de sus primeras presentaciones norteamericanas, incluyendo su debut televisivo en el inmensamente popular programa dominical de Ed Sullivan. Había tenido que pasar más de un año desde los incipientes éxitos musicales de The Beatles para que por fin llamaran la atención en Norteamérica, pero las cosas habían cambiado dramáticamente a lo largo de las últimas semanas.

El 17 de enero, mientras cumplían con las presentaciones que una residencia de tres semanas en París les exigía, Lennon, McCartney, el guitarrista George Harrison y el baterista Ringo Starr se encontraban reunidos en su suite luego de un concierto, cuando el manager Brian Epstein les comentó que había recibido un telegrama de Capitol Records: Su primer sencillo para la disquera, “I Want to Hold Your Hand”, acababa de alcanzar el Primer Lugar en Cashbox con un cuarto de millón de copias vendidas en Estados Unidos a los tres días de su lanzamiento. “Los muchachos enmudecieron… sólo tomaron asiento en el suelo, como gatitos alrededor de los pies de Brian”, dijo Dezo Hoffman, fotógrafo de la banda.

El arreglista y productor Quincy Jones se encontraba también en París y tanto él como Epstein y McCartney apostaron que la banda conquistaría América. Lennon (quien había fundado el grupo y años más tarde se convertiría en su destructor), Harrison y Starr apostaron contra este posible destino. En septiembre de 1963, Harrison había visitado a su hermana Louise en Benton, Illinois. “No saben quiénes somos”, les dijo más tarde a sus camaradas. “Será una tarea muy dura”.

The Beatles volaban a Estados Unidos, “I Want to Hold Your Hand” ocupaba el primer sitio en la lista de sencillos Hot 100 de la revista Billboard y su primer álbum para Capitol, Meet the Beatles!, encabezaría la lista de long plays el 15 de febrero. Lennon, Harrison, McCartney y Starr se habían comportado con vivacidad en el avión, charlando con sus amigos y compañeros, entre ellos Epstein y el productor Phil Spector. “Ya que América siempre lo ha tenido todo”, le comentó McCartney a Spector, “¿qué razón tendrían sus habitantes para invitarnos a hacer un poco de dinero? ¿Acaso podríamos ofrecerles algo con lo que no cuenten ya?”. Lennon, sentado a un lado de su esposa Cynthia, era –y seguiría siendo a lo largo de su vida– una mezcla de ansiedad y arrogancia. “Durante el vuelo pensaba: ‘Ah, no nos irá bien’… Pero una parte de mí es así”, dijo años más tarde en entrevista con Jann S. Wenner, de Rolling Stone. “En realidad sabíamos que éramos capaces de aniquilarte si las condiciones eran propicias”.

Mientras el vuelo aterrizaba en Nueva York, en el Aeropuerto John F. Kennedy –que poco antes había sido rebautizado con este nombre para honrar la memoria del presidente estadounidense recientemente asesinado– el piloto comentó a los pasajeros que podía apreciar una muchedumbre en espera. La banda estaba acostumbrada a las aglomeraciones. En Gran Bretaña, durante más de un año, la gente joven llegaba gritando a sus conciertos; en noviembre, el Daily Telegraph, con sede en Londres, comparó la intensidad de los fans con las marchas y reuniones masivas de la Alemania nazi. Sin embargo, mientras el avión se aproximaba a la puerta, los tripulantes se sintieron confundidos por un sonido apabullante. “Escuchábamos un rugido ensordecedor”, dijo Cynthia Lennon tiempo después. “Creíamos que se trataba de las máquinas, pero no era más que el clamor de los admiradores”. Mientras desembarcaban, McCartney atisbó el tumulto y preguntó: “¿A quién esperan?”. The Beatles detuvieron su paso en la escalerilla del avión a fin de apreciar la vista –cuatro mil jóvenes extasiados, saludando jubilosamente, agrupados detrás de las ventanas de cristal, colgados de los balcones de la terminal, reunidos en las azoteas de los edificios aledaños, sosteniendo letreros que daban la bienvenida a la banda, mientras los policías formaban vallas para controlar al explosivo gentío. Tom Wolfe – quien había sido enviado allí por el New York Herald Tribune a fin de cubrir el arribo de The Beatles– informó que “algunas de las chicas intentaron arrojarse por encima del muro protector”.

McCartney –quien poseía un talento inigualable para controlar y sincronizar sus gestos con el propósito de generar efectos diversos– parecía idiotizado. “En una escala del uno al diez”, dijo tiempo después, “eso fue un 100 en lo tocante al shock generado”.

El trascendental debut norteamericano de The Beatles en el programa de Ed Sullivan, dos noches después, el 9 de febrero de 1964, abrió de par en par las puertas de los años sesenta y creó nuevas fronteras para una era y una generación distinta a lo largo y ancho del país. Elvis Presley nos había mostrado algo acerca de la implementación de un estilo rebelde como medio para un cambio, pero The Beatles contribuirían a incitar algo mucho más poderoso en la juventud norteamericana esa noche –algo que comenzó como un consenso, como un gozo compartido, pero que con el tiempo semejaría un prospecto de poder. Su impacto tenía que ver con algo ajeno a la celebridad o la moda: Giraba en torno a un reclamo por una novísima clase de mandato juvenil. Sin embargo, América no prestó atención a The Beatles sino casi hasta el último minuto; de hecho, a principios de 1964, Norteamérica, en su mayor parte, había dejado atrás el rock & roll. Buddy Holly había muerto, Jerry Lee Lewis y Chuck Berry habían sido añadidos a la lista negra, Elvis se había enlistado en el ejército y el DJ pionero Alan Freed había sido despedido –todos estos sucesos neutralizaron el espíritu tempranero del rock entorpeciendo su futuro.



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