The Doors


Muchos ignoran que la legendaria banda liderada por Jim Morrison visitó tierras aztecas en 1969. Aquí, revivimos la experiencia con la crónica del alucinante suceso.


POR Staff Rolling Stone México  



La “intriga extranjera” había sido puesta en movimiento mucho antes de que The Doors pisara suelo mexicano para lo que se supondría sería una serie de al menos seis apariciones públicas –una “intriga” relacionada con dos revoluciones: La que The Doors representaba en EE UU y la que ocurría en México

Texto y fotografías de Jerry Hopkins
(Extraído de Rolling Stone 40, 23 de agosto de 1969)

Hacia el final de su estadía en el país, varios de los conciertos que habían sido planeados fueron cancelados, y la explicación no oficial fue que el año anterior los estudiantes mexicanos estuvieron muy cerca de derrocar al gobierno y, desde ese momento, lo más sensato era prevenir la concentración de jóvenes. Desde luego, nunca fue sugerido que The Doors constituyera una amenaza y ninguna de las personas involucradas en las negociaciones con la banda dio a entender que las cancelaciones obedecieran a un motivo político.

Todo fue, en cambio, un conjunto de promesas sin cumplir y permisos sin firmar. Varios aspectos resaltaron durante esta visita de cinco días. Más de ocho semanas antes, un decorador de interiores de 31 años de edad llamado Mario Olmos dijo que quería organizar un concierto de The Doors en la Plaza Monumental, un gigantesco recinto taurino en la Ciudad de México.
Los boletos para acudir a la arena de 48 mil localidades tendrían un precio de cinco a 12 pesos (de 40 centavos a un dólar) para permitir que la gente con menos ingresos pudiera asistir. Además, estaba planeado que The Doors tocara en una gala de beneficencia a nombre de las Naciones Unidas o de la Cruz Roja y también en un caro restaurante sin confirmar. La idea era que, en una sola visita, la banda pudiera tocar ante todos los sectores de la sociedad mexicana.

El viaje creó cierta expectativa y ansiedad mientras las firmas necesarias eran recabadas para obtener el permiso para tocar en la plaza de toros. Todas las firmas estaban ahí excepto la del regente de la ciudad. El regente se marchó inesperadamente y el concierto debió ser reprogramado.

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