Un final de película


Emma Stone, protagonista de ‘La La Land’, dejó atrás una infancia llena de ansiedad en Arizona para convertirse en la más libre y auténtica de las actrices estelares de Hollywood.


POR Staff Rolling Stone México  



Por Jonah Weiner

El lugar favorito para comer sushi de Emma Stone está en el Sunset Boulevard de Los Ángeles y no tiene ningún tipo de publicidad afuera. Un espacio pequeño, escondido entre una clínica de depilación láser y un local de mensajería. Apenas nos sentamos cuando empezó a hablarme sobre su hernia hiatal. “No puedo comer picante”, dice Stone. El problema es que parte de su estómago sube hacia su esófago, lo que suena bastante grave pero en realidad es algo manejable, a pesar de que incrementa el reflujo y la acidez. “Nací con eso”, asegura con una sonrisa. Separa sus palillos y dice: “Era como un señor pequeño cuando era niña”.

Conocí a Stone hace aproximadamente 11 minutos, pero me da la sensación de estar con un viejo amigo. Se acerca hacia la mesa y se burla conspirativamente de chistes que hemos dicho hace apenas un segundo, pero que parecen bromas que compartimos desde hace años. Echa la cabeza para atrás y me pide que examine sus fosas nasales porque está segura que tiene una partícula desagradable. Durante la cena, dos tipos toman asiento cerca de nosotros. Stone los mira fijamente y después me dice en un susurro: “¡Por Dios, creo que el ex novio de Paris Hilton se acaba de sentar ahí! Es el que parece un imitador de Elvis Presley”. Señala con el pulgar hacia la izquierda fracasando en su intento de ser discreta, mientras dirige mi mirada hacia un hombre muy bien parecido. Puede que sea alguna conquista de Paris Hilton o puede que sea otra persona totalmente distinta. Me vuelvo para ver a Emma quien posiblemente es la persona más famosa del restaurante, y está sonriendo con un aire de complicidad. “Es él, ¿verdad?”, me pregunta.

Stone es descabelladamente amable y cualquier persona que la haya visto actuar podría inferirlo. Es una estrella totalmente humana, del tipo que de cierta forma te engaña cuando actúa y se te olvida que es una estrella. “No es pretensiosa, no miente y es eléctricamente inteligente”, asegura Jonah Hill, actor con el que Emma Stone protagonizó su primera película, Supercool.

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