Un sentido del humor punzante


Isabelle Huppert, legendaria intérprete francesa, vuelve a colaborar con Michael Haneke, director austriaco, en ‘Un final feliz’, un corrosivo retrato de la aristocracia francesa.


POR Óscar Uriel  



“Me encanta México. Estuve en el Festival de Cine de Morelia y fue realmente sensacional. Daniela [Michel, directora del festival] me sigue invitando pero mi problema es el tiempo”, nos cuenta de manera cordial Isabelle Huppert al presentarnos en la entrevista. Huppert estuvo en el Festival de Cine de Cannes del año pasado para amparar Un final feliz de Michael Haneke, título que participaba dentro de la competencia oficial.

Las expectativas son altas después de haber ganado la Palma de Oro, presea máxima del evento, por una película como Amour, por lo que Un final feliz se enfrentó a una ola de críticas sustentadas en la premisa que se trataba de un trabajo menor de Haneke. Nos encontramos con una película enigmática sobre la indiferencia de cierta burguesía moderna con respecto a asuntos como la migración y la explotación de ilegales.

Después de que Haneke colaborara en trabajos como La pianista y Amour entre otros títulos, Huppert vuelve a ponerse en sus manos para crear otro contradictorio personaje. En esta ocasión, la gélida Anne Laurent, quien maneja la empresa sostén de la acaudalada familia.

Michael y yo llevamos una relación de amistad fuera del set. Creo que nos caemos bien mutuamente. Considero que algunos de mis mejores trabajos los he conseguido gracias a él. La sorpresa sería no seguir trabajando juntos. Es una persona muy obsesiva respecto a los detalles técnicos de la cinematografía. El asunto con Haneke es que siempre trata de buscar la veracidad en el cuadro que está retratando. Insiste siempre en encontrar la verdad en la escena. Detesta la mentira. La secuencia más complicada para mí en esta película es donde mi personaje le rompe un dedo al niño. Evidentemente esto no sucedió pero fue complejo realizarla”.



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