Una melodía para la diversidad sexual


El viaje del colectivo LGBTTTI para conseguir que se respeten sus derechos humanos, sexuales y reproductivos ha sido difícil pero constante.


POR Staff Rolling Stone México  



El viaje del colectivo LGBTTTI para conseguir que se respeten sus derechos humanos, sexuales y reproductivos ha sido difícil pero constante.

El viaje del colectivo LGBTTTI para conseguir que se respeten sus derechos humanos, sexuales y reproductivos ha sido difícil pero constante. Aquí, una actualización sobre el tema que nos lleva de las calles de San Francisco a las avenidas del “Gayfectuoso”.

Por Verónica Maza Bustamante.

Eran principios de los años noventa. 1993, para ser exactos. En México veíamos en pantalla grande a Tom Hanks –convertido en el abogado Andy Beckett– sufriendo por el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH).

Lleno de cicatrices, flaco, rapado, con ojeras y el cuerpo ocupado por el sarcoma de Kaposi, daba en la cinta Philadelphia una lección sobre el designio mortal del SIDA, la discriminación hacia los homosexuales y el ser diferente, mientras María Callas cantaba el aria “La Mamma Morta”, de Giordano. Las salas de los cines se vaciaban en medio de un silencio sepulcral. Muchos clósets se cerraban con fuerza.

La cinta de Jonathan Demme mostraba la realidad del colectivo LGBTTTI (lesbianas, gays, bisexuales, transexuales, transgénero, travestis e intersexuales) en los años noventa: El SIDA, catalogado “enfermedad de gays”, azotaba al mundo y se le consideraba un castigo divino.

El grupo se enfocó en la lucha contra la infección más que en la comprensión de sus deseos eróticos y amorosos, en las diferencias e igualdades. Un ghetto se construyó sobre el miedo, encima de la posibilidad de ser como se es, sin tener que fingir o callar. Eran días oscuros para la diversidad sexual. Pero, como diría un sabio contemporáneo, el sol sale para todos. Y aunque la lucha para conseguir el reconocimiento y respeto hacia la diversidad sexual ha sido dura, los tiempos han cambiado. Hoy en día, la canción del arcoiris tiene cada vez más voces en su defensa.

QUE SE ENTERE EL MUNDO

La Encuesta Nacional sobre Discriminación en México (Enadis) de 2010, realizada por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), indica que siete de cada 10 personas homosexuales consideran que en México no se respetan sus derechos y una de cada dos personas se siente discriminada constantemente por su orientación sexual. Pero, ¿qué es eso que muchos llaman “preferencia”, término que se usa en la Constitución? La orientación tiene que ver con el sexo hacia el que se inclina el deseo sexual y amoroso de cada persona. Es independiente del sexo propio y del género; por eso, ni todos los gays se sienten mujeres ni todas las lesbianas anhelan ser hombres. Las posibilidades en la diversidad erótica y sexual son infinitas, razón por la cual en su libro ¿Naces o te haces? La ciencia detrás de la homosexualidad, Fabrizzio Guerrero McManus se pregunta por qué es un fenómeno que debe ser explicado, mientras que la heterosexualidad no.

Este tipo de investigaciones ha aumentado con el paso de los años. Si bien no han conseguido que dejen de existir esos charlatanes que afirman “curar” la homosexualidad, sí han ayudado a que activistas, organizaciones no gubernamentales e instancias del Estado trabajen a favor de los derechos del colectivo. En 2003 se aprobó la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, la cual prohibe “toda distinción basada, entre otros motivos, en el sexo, opiniones, preferencias sexuales, estado civil”. Aún así, según la Enadis, cuatro de cada 10 mexicanos respondieron que no permitirían que en su casa habitaran personas homosexuales.

Tres años después se promulgó la Ley de Sociedades de Convivencia en la Ciudad de México, la cual otorga derechos a la parejas homosexuales, pero no los que lograría brindar la figura del matrimonio; esta iniciativa fue impulsada por el ministro Sergio Armando Valls, quien defendió sentencias tan relevantes como la que reconoce el derecho a la identidad de género (2008) y la que considera constitucionalmente válido el matrimonio entre personas del mismo sexo en el Distrito Federal (2010). Señala Estefanía Vela Barba, responsable del Área de Derechos Sexuales y Reproductivos del Programa de Derecho a la Salud del CIDE: “Lo extraordinario de estas resoluciones no estriba sólo en lo que apoyaron, sino en cómo lo hicieron: Con base en una concepción de los derechos humanos no tan común en el mundo jurídico mexicano”.

OPCIÓN NO PROHIBICIÓN

De las 25 millones 693 mil 584 familias que hay en México, casi 1% está conformado por parejas del mismo sexo (229 mil 473), de acuerdo con cifras del Censo de Población y Vivienda de 2010. Más de 172 mil son de parejas homosexuales con hijos. El activista y promotor de los derechos humanos, sexuales y reproductivos Ricardo Baruch, afirma en Homozapping que saber cuántas personas son LGBTTTI ayuda a convencer a los tomadores de decisiones de que se deben proteger y respetar los derechos de las personas no heterosexuales por ser una “minoría” significativa. A la vez, evidencia la dimensión del problema del no reconocimiento de las familias homoparentales.

Actualmente, sólo en Coahuila, Distrito Federal y Quintana Roo se reconoce el derecho a decidir casarse o no, vivir con hijos o sin ellos. Se tiene la opción, no la prohibición. El peso de la homofobia social, a pesar de los avances, sigue imperando, y se la piensan dos veces antes de dar ese paso”. Sus temores tienen sustento: El año pasado, la Comisión Ciudadana Contra Crímenes de Odio por Homofobia dio a conocer que de 1995 a 2013 fueron asesinadas 887 personas de la comunidad LGBTTTI.

Sin embargo, a las generaciones que nacieron después de 1990 les ha resultado menos complicado salir del clóset. Medina señala: “Este proceso se vive de una manera menos dramática entre otras cosas porque los avances del colectivo han permitido que se vea a quienes pertenecemos a esta población de una manera más auténtica, con menos prejuicios, más real. Antaño, el peso de lo cultural, de las representaciones negativas en los medios y el elemento religioso inundaban el imaginario social, por lo que salir con que eras gay no agradaba a nadie”.

EL FUTURO

En marzo de este año, el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México y la Conapred firmaron un convenio para fortalecer acciones a favor de la igualdad y contra la discriminación. El activista, sexólogo y cofundador de la Asociación Internacional de Familias por la Diversidad Sexual, Luis Perelman, explica que “la Conapred tiene como misión coordinar la política nacional contra la discriminación; en forma transversal, cada entidad del gobierno federal está comprometida a establecer sus propias políticas antidiscriminatorias.

Se busca que en cada entidad haya un consejo y una legislación similar. El que se coordinen servirá para no duplicar misiones y dar un eficiente servicio a la ciudadanía”. En cuanto a las familias diversas, el reto es luchar contra la homofobia, bifobia, transfobia, “que deshumanizan y satanizan a quienes no entran en el mol¬de impuesto por una convención social anticuada. Cuando se reconozca que la identidad de género consiste en poder ser feliz como se es sin afectar a otros, que la orientación sexual es tema de amor y gusto, entonces podremos realmente convivir. Pero los estados están muy reacios a pasar leyes de matrimonio igualitario a pesar de la constitucionalidad ya definitiva desde la Suprema Corte. Apenas algunas escuelas tienen políticas claras de inclusión de los hijos de padres del mismo sexo y casi ninguna que reconozca niños transexuales y los apoye. Socialmente estamos al 5%. Tener una orientación sexual diferente a la heterosexualidad debería ser tan cotidiano como ser zurdo o divorciado”.

Tania Espinosa Sánchez, Directora General del Centro Jurídico para los Derechos Humanos, opina que “el tema pendiente en México sigue siendo la igualdad, pero hay tabúes y estigmas fuertemente arraigados en una cultura machista que afectan particularmente a ese grupo y reproducen la exclusión. Lo que sigue es avanzar en la reforma consti¬tucional de derechos humanos de 2011, y sería prioritario progresar a lo estableci¬do en el Artículo 3, que se refiere a que la educación debe fomentar el respeto a los derechos humanos, estrategia a largo plazo que nos transformaría en una sociedad que da valor a la diferencia en vez de que la diferencia nos aleje a los unos de los otros”.

El “Protocolo de actuación para quienes imparten justicia en casos que involucren la orientación sexual o la identidad de género” fue publicado en agosto de 2014 por la Suprema Corte de Justicia. Habla sobre el libre desarrollo de la personalidad, el derecho a la igualdad y no discriminación. El documento es necesario, más en estos días, cuando tras la muerte del Ministro Valls se ha elegido como su sucesor a Eduardo Medina Mora, a quien el pasado 3 de marzo se le preguntó su opinión sobre los matrimonios entre personas del mismo sexo y se abstuvo de dar respuesta.

Necesitamos una educación en derechos humanos con perspectiva de género y de respeto a la diversidad. “Eso nos co¬locaría en un mejor lugar, y ello se vería reflejado en una menor violencia coti¬diana y reduciría las brechas que existen entre nosotros”, remata Tania Espinosa. Suena complejo, pero así ha sido toda la lucha LGBTTTI a favor de sus derechos. Y en esta canción, un final feliz es imperativo. Es tarea de cada uno comenzar a escribirlo.

APP 143 abril




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