Una mirada a la atracción


Sofia Coppola, dirige el remake de ‘El seductor’.


POR Daniela Nuño  



Foto: cortesía Universal Pictures

Ser hija de Francis Ford Coppola es una gran responsabilidad, convertirse en la directora ganadora de la Palma de Oro a la Mejor Dirección en el Festival de Cannes en su edición 70 con el remake de una historia basada en un libro de Thomas Cullinan, es otra. Pero con ambas cosas ha sabido lidiar bastante bien Sofia Coppola que con su nueva película, situada en la época de la Guerra Civil de Estados Unidos, El seductor (The Beguiled) llega a las pantallas mexicanas.

“Cuando Anne Rose, mi directora de producción, me dijo: ‘Tienes que ver esta historia y hacer una versión’, yo le dije: ‘No, nunca he hecho un remake’, pero literalmente la historia me sedujo, era algo que nunca había visto, me pareció muy interesante tocarlo, hacerlo a mi manera, explorar un tema tan seductor, entendí que podía cambiar el punto de vista. ¿Por qué una historia con tantas mujeres (en su primera versión) se contaba desde el lado masculino? Y ahí estaba el reto: mostrar la otra cara”, dice la reconocida directora. Así que sin más, se lanzó a cumplirlo, pues asegura que mostrar la fuerza femenina de esta historia la conquistó desde el primer momento. “Me molestó el hecho de que se tergiversara la relación de poder masculino-femenina del libro. Había que darle voz a las chicas”, señaló enfática, pero tranquila.

La primera adaptación de la novela se realizó en 1971, el año en que Sofía nació, fue dirigida por Don Siegel y protagonizada por Clint Eastwood, por lo que el elenco debía ser bastante bien cuidado, por ello eligió a Nicole Kidman, Kirsten Dunst, Elle Fanning y en el rubro masculino a Colin Farrell. “Lo importante es la relación entre este hombre y un puñado de mujeres de distinta edad que de diferentes formas se sienten atraídas por él”, argumentó.

Sofia heredó el buen gusto italiano y cuando explora un tema femenino pone de manifiesto sus raíces, logra una tensión sexual pero siempre con gran exquisitez en la estética. Lo que más la sedujo, además del hecho de que fuera una película de género, es que sucede en otra época y eso hace aún más perturbador y reservado el relato.

“La atmósfera era muy distinta hace dos siglos. Esas tradiciones, el viaje a otro tiempo, las maneras… Son elementos exóticos que me hacían aún más llamativo el proyecto”. En el proceso de producción, Coppola pudo inspeccionar sus propios prejuicios, su naturaleza femenina y compararla con el universo masculino dándose cuenta que las mujeres, de cualquier edad, se sienten atraídas por las dosis exactas de rudeza, bondad, masculinidad y ternura. “En todas hay una mutua seducción, pero las relaciones con cada una de ellas son absolutamente distintas, a ellas les afecta la inclusión de este elemento exterior”.



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