Una voz inolvidable


Chris Cornell ha partido pero nos quedan su música y palabras.


POR Ricardo Duran  



No todos los días nace un hombre con la voz de Chris Cornell, ni un compositor capaz de dar luz a joyas como “Hunger Strike” (al frente de Temple of the Dog), “Black Hole Sun” (junto a Soundgarden) o “Like a Stone” (con Audioslave). Y sobretodo, no todos los días podemos hablar con una de las voces más grandes del rock.

Por más de tres décadas Cornell dejó una huella muy profunda en nuestra historia; a mediados de los años ochenta ya estaba al frente de Soundgarden abriendo camino a una escena que –acabando con los infames ejércitos del glam– se comió el mundo en la primera mitad de los noventa y devolvió al planeta la fe en el verdadero rock & roll. Con ellos, con Pearl Jam, Nirvana y Alice In Chains, logramos recuperar la confianza que habíamos perdido en medio de tanta pestañina cursi. Hace poco hablamos con él a propósito de su visita a Colombia y este es un extracto de aquella conversación.

¿Recuerdas la primera vez que oíste música y fuiste consciente de
 que te gustaba lo que estabas escuchando?
Nací en 1964, había mucha música, y la que había en la radio era bastante loca… La primera vez que me interesó algo fue The Monkees; quizá tenía tres años. Recuerdo que no me gustaban, no entendía; me tomaba todo literalmente y obviamente no entendía las metáforas. Creo que la primera vez que oí a The Monkees había algo en ellos… había más guitarras, más melodías que se parecían a las de The Beatles… eso me gustó a una edad muy temprana, parecía algo diseñado para cautivar tus oídos y me llevó a oír a The Beatles.

Lo que me pareció interesante acerca de la música rock siendo tan joven, particularmente de las canciones de The Beatles es que eran muy sofisticadas, incluso para los estándares actuales de composición. Además, no tenía ninguna identidad adherida a ella; creo que los jóvenes siempre tratan de relacionar la música con su identidad; es lógico porque representa gran parte de la vida y es también lo que te atrae, pero yo no tenía eso durante los primeros años, me interesaba solo por la música, no por lo que representaba.

¿Cómo describirías a Seattle cuando comenzaste a tocar con Soundgarden?
Era una escena musical muy pequeña; todo era indie, había punk, punk alternativo y post punk. Y lo que pasó es que toda esa escena se convirtió en algo como “puedes hacer lo que quieras, siempre y cuando no sea ostentoso, que sea diferente a lo que se oye en la radio todos los días”. Se adoptó eso mucho más que otras ciudades. También había mucha diversidad, más de lo que la gente creía porque desde afuera solo se enfocaban en un puñado de bandas, pero para la época en que Soundgarden empezó en 1984, habían más bandas de las que imaginaban, y queríamos ser parte de ese tipo de expresión.

Seattle perdió a personajes muy talentosos como Kurt Cobain, Layne Staley y Andy Wood, entre otros, ¿cómo lograste sobrevivir a esos años tan tormentosos?
Mmm, no lo sé (risas), es una pregunta extraña… De cierto modo estaba viviendo mis sueños desde el comienzo, cuando encontré gente como yo que quería tener una banda y hacer estas cosas. A nosotros en Soundgarden, a diferencia de Nirvana o Pearl Jam, por ejemplo, nos tomó muchos años desde que empezamos a ensayar y escribir la primera canción hasta que nos volvimos conocidos a nivel mundial con Superunknown.

Fueron 10 años de un camino largo y empinado, y personalmente creo que ese camino fue bueno para mí, porque no tuve que sentir de un día para otro el peso del mundo sobre mis hombros o lidiar con ser un éxito comercial en todo el mundo.

Hay una crisis de identidad que viene con eso, no creo que todo el mundo esté preparado para eso. Tal vez exista gente que nace para eso, si uno es Elton John o David Lee Roth es porque nació para eso, de algún modo no lo sorprende volverse estrella de la música, pero eso no es muy frecuente.

Creo que la mayoría de gente que se vuelve famosa con la música sufre una crisis de identidad, eso cambia la forma de percibir el comportamiento humano, particularmente cuando uno está en televisión. La primera vez que Soundgarden apareció en televisión, en cuestión de 12 horas la gente me veía diferente, pero yo seguía siendo la misma persona, porque sabíamos lo que se sentía eso en una escala más pequeña.

Éramos celebridades en la escena local indie, en la radio universitaria; después las giras, cuando aparecimos en televisión, sabíamos lo que realmente significaba eso.

Creo que si eso te golpea súbitamente en la cabeza será difícil afrontarlo. Personalmente, y estoy hablando solo por mí, si hubiera tenido éxito de la noche a la mañana a los 20 años, seguramente no estaríamos teniendo esta conversación… muchas cosas habrían podido suceder. Me hubiera podido creer todo ese alboroto, hubiera podido creerme el más grande, y dedicar mi carrera a ser un cabrón… pero eso no ocurrió porque las cosas sucedieron de forma lenta y continua. Siempre sentí que tenía esa responsabilidad con los fans y estaba obsesionado con la idea de mantenerme el a mí mismo. Siempre he tenido en mente que no todas mis ideas son geniales, cuando uno tiene eso bien claro se esfuerza y trabaja por todo.

Después de todos estos años, ¿qué pasa por tu mente cuando tocas canciones como “Black Hole Sun”, “Hunger Strike” o “Like a Stone”? ¿qué imaginas cuando tocas esas canciones en vivo?
Esas canciones han llegado a tener vida propia, siento que cuando toco canciones viejas me remonto al momento en que las escribí y lo que significaban para mí; todos esos recuerdos llegan a mi mente cuando las toco, y a veces hay algo completamente nuevo, porque las canciones están evolucionando constantemente y siempre hay una sensación de frescura al tocarlas. Creo que siempre será un éxito encontrar un nuevo sentimiento dentro de ellas…

Siento que cada vez que escribo una canción estoy buscando algo, cuando grabo un demo es como el comienzo de la búsqueda, es el primer paso. Puede parecer que saqué algo que tenía adentro y que ya está lista la canción cuando está grabada, pero no es así. Dos años después, tocándola en vivo se convierte en lo que quería que fuera desde el comienzo, simplemente no era capaz de lograrlo.

Una canción necesita ser tocada, ensayada, interpretada de distintas maneras… todo eso para descubrir el potencial que tiene. Es una evolución, una composición musical es algo vivo, tiene su propia vida, es una cosa orgánica que no puedes controlar.

Creo que eso es lo interesante de la música, y eso me mantiene inmerso en ella todos los días, como cuando era niño. Muchos músicos y compositores piensan diferente y consideran que el día que grabaron la canción terminó todo, no permiten que cambie… pero ese no es mi caso, para mí es una evolución constante.



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