Viaje al lado oscuro de Pink Floyd


Roger Waters y David Gilmour desmenuzan las razones por las cuales la colaboración que generó la obra maestra de Pink Floyd estaba destinada al fracaso.


POR Staff Rolling Stone México  



Roger Waters y David Gilmour desmenuzan las razones por las cuales la colaboración que generó la obra maestra de Pink Floyd estaba destinada al fracaso.

Roger Waters y David Gilmour desmenuzan las razones por las cuales la colaboración que generó la obra maestra de Pink Floyd estaba destinada al fracaso.

Por Brian Hiatt

David Gilmour, rasguea una progresión de acordes descendentes mientras entona, sin palabras, una melodía melancólica. Sentado sobre un amplificador en el cuarto de consolas de su ostentoso “estudio flotante”, en las afueras de Londres, algo que podría ser una nueva canción de Pink Floyd, claro, si la banda fuera algo más que un simple recuerdo o más que una relación empresarial meramente cordial. “La estoy inventando mientras toco las cuerdas”, dice. La ventana contra la que su silueta se recorta nos permite ver el Támesis, rizadas sus aguas debajo de cielos grises y prematuramente otoñales.

“Hace algunos años”, añade Gilmour haciendo gala de su nítido acento británico de alta alcurnia y mostrando una terrible incompetencia en materia de cronología, “me encontraba haciendo exactamente lo mismo en la sala de grabación número tres de los estudios Abbey Road y entonces salió esto”. Cambia la pisada y toca la introducción de “Wish You Were Here”, tema de 1975. “La compuse y grabé con esta guitarra. Y es que tienes que estar atento, porque las cosas salen súbitamente”.

Wish You Were Here” es un caso muy raro en lo concerniente al catálogo de Pink Floyd, una colaboración directa e indiscutible entre Gilmour y Roger Waters (bajista y letrista de la banda, así como la fuerza creativa durante el periodo más exitoso de Pink Floyd). “Roger dijo, ‘Esa idea posee algo distintivo y a mí se me ocurre esta otra cosa’”, dice Gilmour, “y luego compusimos juntos los versos y el coro. Las letras son suyas”.

Aunque comparten créditos en otro clásico de Pink Floyd, “Comfortably Numb”, así como en algunos otros temas, Gilmour y Waters jamás constituyeron una auténtica mancuerna de compositores, al estilo Lennon-McCartney. Tal y como Waters declaró en una entrevista para Rolling Stone, realizada en 1987, poco después de su cáustica salida del grupo, “Nunca pudimos ver de la misma forma las dinámicas internas del grupo, ni lo correcto o equívoco del papel que cada uno desempeñaba”. A lo largo de las décadas, estas mismas dudas no han generado más que vagas y precarias respuestas.

Pero las relaciones son lo suficientemente cordiales actualmente como para que Gilmour, Waters y el otro integrante aún con vida, Nick Mason, hayan podido acordar cuál podría ser su último esfuerzo conjunto: un exhaustivo proyecto consistente en la paulatina reedición de todo el catálogo del grupo. Cada uno de los discos de estudio han sido remasterizados, y el trío más célebre y popular – The Wall, de 1979, Wish You Were Here, de 1975, y su obra maestra, The Dark Side of the Moon, lanzada en 1973 y a la fecha un auténtico fenómeno con más de 40 millones de copias vendidas– ostentará cajas de lujo, con todo y tomas inéditas, tracks en vivo y videos. “Nos hemos alejado de nuestra propia pedantería”, dice Gilmour. “Antes nos rehusábamos a lanzar cosas que considerábamos de ínfima calidad. Ahora, todo saldrá, de una u otra manera”.

Para conmemorar estos lanzamientos, que este mes han sido puestos en marcha con la caja de Dark Side of the Moon, Gilmour, Mason y Waters han aceptado realizar entrevistas por separado para Rolling Stone. “Es lo más cercano a Live 8”, dice Mason entre carcajadas. Se refiere al concierto de beneficencia ofrecido en 2005 con la alineación completa, que incluía al tecladista Richard Wright, quien muriró en 2008. Waters y Gilmour tocaron un set acústico el año pasado, durante un evento de caridad para los niños de Palestina. Esto, a su vez, permitió que Gilmour hiciera acto de aparición en el concierto que Waters dio en Londres durante su gira de The Wall. Mason, por cierto, les acompañó tocando el pandero, en ambas reuniones, los integrantes incluso se atrevieron a darse un abrazo.

Gilmour coloca la guitarra en un estante, donde ya cuelgan otras seis, y desplaza su masa muscular de 65 años hacia una silla ergonómica que se encuentra frente al área de controles de la sala. Lleva puesto el uniforme que le sirve para toda ocasión: un saco sport color negro, una camiseta a todas luces cara y unos jeans negros, además, zapatos de gamuza. Tal vez no se muere de ganas, pero al menos está listo para pasar un buen rato hablando acerca de Pink Floyd y The Dark Side of the Moon. “Es muy difícil sumergirse en una vida paralela tan añeja. Hay cosas cuyo sólo recordar me incomodan de sobremanera”, dice.

Rolling Stone Noviembre



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