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Sangre en las manos


‘Demente y alma’: un espacio íntimo para compartir paranoias.




Sangre en las manos

@AlexCarranco

En el momento en que el director de cine, Jordan Peele presentó una de las primeras escenas con sus personajes Chris Washington (Daniel Kaluuya) y Rose Armitage (Allison Williams) de la recomendable cinta, Get Out (¡Huye!, 2017) no supo que aquel tema musical que se escuchaba de fondo le cambiaría el futuro a Childish Gambino. La canción era “Redbone”, de su álbum “Awaken, My Love!” (2016).

Conocido como Donald Glover (de 34 años de edad), su rap y hip hop también han tenido buenos comentarios en el resto de sus producciones –Camp (2011) y Because the Internet (2013)– con rimas llenas de severas críticas de su entorno que alcanzaron nuestra atención. El también actor, director y productor ha ganado premios Grammy, Golden Globe y Emmy. Pero no cabe duda que el mainstream mexicano le abrió sus brazos gracias a Get Out. Actualmente, “Redbone” tiene más de 434 millones 720 mil reproducciones en Spotify.

¿Qué seguiría para Childish Gambino? Tendría que sorprender con una buena canción. Y lo hizo.

“This is America” es su más reciente lanzamiento y el tema se revuelca en un punto de vista sobre las crisis sociales que están atravesando nuestra sociedad, principalmente en la fácil adquisición de armas de fuego. El impacto musical ha sido un golpe contundente gracias al video que acompaña al sencillo.

El clip fue dirigido por Hiro Murai, talentoso cineasta japonés que ha trabajado con Chet Faker, David Guetta, St. Vincent, Flying Lotus, Death Cab for Cutie, Usher, The Shins, Massive Attack, Bloc Party, Spoon y Queens of the Stone Age, entre otros.

Sus planos secuencia acompañan al carismático Glover con gestos y movimientos para enfatizar una burla y confundir al espectador entre la inocencia y crueldad. El ritmo del tema se presta para analizar esa analogía entre el dicho político “Todo está bien, estamos mejor que antes” y la realidad cotidiana.

No te dejes engañar por la primera escena con unos melódicos coros (“Yeah, yeah, yeah, yeah, yeah, go, go away”) y las cuerdas de una guitarra acústica mientras que Childish mueve su torso desnudo… ¡Pum! ahí está el pan del despiadado.

Un video que se centra en la danza de Gambino pero que su entorno es caótico y violento; la distracción de ver al artista moverse (inspirados por esos acontecimientos malvadamente planeados para la sociedad) cuando el verdadero día a día está a su alrededor (es decir, esas omisiones de la gente que nos gobierna o de las actuales “propuestas” de los candidatos para resolver esos vacíos).
La gran sonrisa falsa del cantante brilla ante la alegría de un coro góspel para simplemente desvanecerlos con plomo. Ahí la verdadera respuesta ante la ilegalidad, corrupción, intolerancia y desconsideración de algunas esferas de poder.

Childish Gambino incluyó colaboraciones de SZA, Chance the Rapper, Offset, Problem, BlocBoy JB, Quavo, Young Thug, 21 Savage y Big Sean para este tema.
Y sí, nuevamente Donald Glover está en la mira pero no de una arma de fuego; sólo está corriendo con las manos ensangrentadas a través de la oscuridad para huir.

Aquí el video de “This is America”, pero cuidado, hay escenas fuertes. Se recomienda discreción:


“Yo soy la madre de Adam Lanza”, una reflexión sobre las enfermedades mentales


Los asesinatos en masa siempre levantan la interrogante sobre la legalidad de las armas de fuego en Estados Unidos. Sin embargo hay un tema de igual relevancia que es pocas veces discutido: las enfermedades mentales.


POR Staff Rolling Stone México  



Los asesinatos en masa siempre levantan la interrogante sobre la legalidad de las armas de fuego en Estados Unidos. Sin embargo hay un tema de igual relevancia que es pocas veces discutido: las enfermedades mentales.

“Yo soy la madre de Adam Lanza”, una reflexión sobre las enfermedades mentales

Por: @RominaPons

Asesinatos en masa como la tragedia ocurrida el pasado viernes en Newtown, Connecticut, siempre levantan la interrogante sobre la legalidad de las armas de fuego en Estados Unidos. Sin embargo hay un tema de igual relevancia que es pocas veces discutido: las enfermedades mentales.

En nuestro vecino del norte, hay 45 millones de adultos con alguna enfermedad mental, de los cuales 11 millones son considerados graves. Además, el presupuesto para este tipo de salud se ha visto reducido en 4.35 millones de dólares de 2009 a 2011.

A raíz de los recientes sucesos, la madre de un enfermo mental compartió la siguiente carta en el blog The Anarchist Soccer Mom, la cual fue después publicada en The Huffington Post y nos da otra mirada sobre cómo prevenir este tipo de tragedias. A continuación, la carta de la mamá de Michael.

Tres días antes de que Adam Lanza, de 20 de años de edad, matara a su madre y abriera fuego contra una clase llena de niños de kinder en Connecticut, mi hijo de 13 años de edad, Michael (he cambiado su nombre), perdió su autobús porque llevaba pantalones del color incorrecto.

“Sí puedo usar estos pantalones”, me contestó en un tono cada vez más agresivo, mientras lo negro en sus pupilas comenzaba a tragarse lo azul de su iris.

“Son azul marino”, le dije. “El código de vestimenta del distrito dice que pantalón negro o caqui solamente.”
“A mi me dijeron que podía utilizar estos”, insistió. “Eres una perra estúpida. Yo puedo ponerme los pantalones que yo quiera. Vivo en Estados Unidos, tengo derechos!”

“No puedes ponerte los pantalones que quieras”, le dije, con tono razonable. “Y definitivamente no puedes llamarme una perra estúpida. Estás castigado. Nada electrónico durante el resto del día. Métete al coche, te voy a llevar a la escuela.”

Vivo con un hijo que padece una enfermedad mental. Lo amo, pero me aterra.

Hace un par semanas, sacó un cuchillo y amenazó con matarme y luego suicidarse, sólo porque le pedí regresar los libros que había rentado en la biblioteca y que ya se le habían pasado de fecha de entrega. Sus hermanos de 7 y 9 años de edad ya conocen el protocolo de seguridad – corrieron al coche y cerraron la puerta antes de que yo se los pidiera. Me las arreglé para quitarle el cuchillo a Michael, y luego, metódicamente, fui recogiendo todos los objetos punzantes de la casa y los metí en un solo recipiente Tupperware que llevo conmigo siempre. Él seguía gritando, insultándome, amenazando con matarme y lastimarme.

Ese conflicto acabó cuando tres policías y un paramédico se llevaron a mi hijo en un costoso viaje de ambulancia a la sala de emergencias. No habían camas disponibles en el hospital psiquiátrico aquel día, pero Michael fue tranquilizándose en la sala de emergencia, por lo que nos mandaron de regreso a casa con una receta médica para tomar Zyprexa y una visita de seguimiento con un psiquiatra pediátrico local.

Todavía no sabemos qué tiene Michael. Autismo, déficit de atención dispersa con hiperactividad y trastorno negativista desafiante o explosivo intermitente han sido algunos de los diagnósticos debatidos en diversas reuniones con agentes y trabajadores sociales, consejeros, maestros y administradores escolares. Ha tomado montones de medicamentos antipsicóticos y para estados de ánimo; prácticamente una novela rusa de planes conductuales. Nada parece funcionar.

Al comenzar séptimo grado, Michael fue aceptado en un programa avanzado de matemáticas y ciencias. Su coeficiente intelectual está por las nubes. Cuando está de buen humor, goza de platicar sobre temas que van desde mitología griega, las diferencias entre la física de Einstein y la de Newton, hasta Doctor Who. Está de buen humor la mayor parte del tiempo. Pero cuando no es así, hay que tener cuidado. Además, es imposible predecir qué es lo que lo desencadena.

Semanas después de entrar en su nueva secundaria, Michael comenzó a exhibir conductas cada vez más extrañas y amenazadoras en la escuela. Así, decidimos trasladarlo a uno de los programas conductuales más restringentes del distrito, un ambiente escolar donde niños que generalmente no “encajan” en aulas normales pueden gozar de una “guardería pública y gratis” de 7:30 a 2 pm de lunes a viernes hasta que cumplan los 18 años.

La mañana del incidente de los pantalones, Michael siguió discutiendo conmigo de ida a la escuela. Se disculpaba de vez en cuando y parecía estar arrepentido. Antes de entrar al estacionamiento me dijo: “Mamá, lo siento mucho. ¿Puedo jugar videojuegos hoy?”. “De ninguna forma”, le dije. “No puedes actuar como lo hiciste esta mañana y esperar que te regrese tus privilegios electrónicos así de rápido”.

Su rostro se volvió frío y sus ojos, llenos de rabia. “Entonces me voy a suicidar”, dijo. “Voy a saltar de este coche ahora y me voy a matar.”

Eso fue todo. Después del incidente del cuchillo, le dije que si volvía a escucharlo hablar así, lo llevaría directo al hospital psiquiátrico, nada de peros. No respondí, excepto para cambiarme de carril, girando a la izquierda en vez de a la derecha.

“¿A dónde me llevas?”, preguntó preocupado. “¿A dónde vamos?”
“Ya sabes a dónde vamos”, le contesté.
“¡No! No puedes hacerme eso! Me estás llevando al infierno! Me estás llevando al infierno!”

Me detuve en la puerta de entrada del hospital, y llamé frenéticamente la atención de uno de los médicos que se encontraban afuera. “Llama a la policía”, le dije. “Date prisa”.

Para esto, Michael se encontraba en completo ataque de crisis, gritándome y golpeándome. Lo abracé para que no pudiera bajarse del coche. Me mordió varias veces y me clavó los codos en la caja torácica. Aún soy más fuerte que él, pero no lo seré por mucho tiempo más.

La policía llegó rápidamente y se llevó a mi hijo, gritando y aventando patadas, dentro de las entrañas del hospital. Mientras llenaba los papeles empecé a temblar y llorar – “¿Hubo alguna dificultad con … ¿qué edad tenía su hijo cuando … ¿hubo algún problema con .. Su hijo ha experimentado .. tiene su hijo … ”

Por lo menos ahora tenemos seguro médico. Hace poco tiempo tomé un puesto en la universidad. Tuve que renunciar a mi carrera como freelancer, por que cuando tienes un hijo como Michael, necesitas las prestaciones y los beneficios. No existen planes individuales de seguro para cubrir este tipo de cosas.

Durante los siguientes días, mi hijo insistía que yo me lo había inventado todo para deshacerme de él. Cuando le hablé por primera vez para ver cómo se encontraba, me contestó: “Te odio y me voy a vengar de ti tan pronto salga de aquí.”

Para el tercer día, ya había vuelto a ser el mismo muchacho tranquilo y dulce, con todas las disculpas y promesas de mejorar. Las he oído durante años y ya no me las creo. En el formulario de admisión del hospital recuerdo mi respuesta ante la pregunta : ¿Cuáles son tus expectativas sobre el tratamiento? – “Necesito ayuda”.

Sí la necesito. Este es un problema demasiado grande para lidiar con él yo sola. A veces no existen buenas opciones. Sólo puedes rezar y esperar que en retrospectiva, todo tendrá sentido.

Comparto mi historia por que soy la madre de Adam Lanza. Soy la madre de Dylan Klebold y de Eric Harris; soy la madre de James Holmes; de Jared Loughner y de Seung-Hui Cho. Estos chicos y sus padres necesitan ayuda. Tras esta nueva terrible tragedia nacional, es fácil echarle la culpa a las armas. Yo pienso que es hora de hablar sobre la enfermedad mental.

Según Mother Jones, desde 1982, han habido 61 asesinatos masivos en el país. De estos, 43 de los asesinos fueron hombres blancos y sólo una era mujer. Mother Jones se enfocó en averiguar cómo habían adquirido sus armas y resultó que la mayoría las consiguió de manera legal. Pero las señales visibles de enfermedad mental deberían llevarnos a considerar el número de personas en EU que como yo, viven en constante miedo de sus familiares.

Cuando le pregunté al trabajador social que trabaja con mi hijo cuáles eran mis opciones, me respondió que lo único que podría hacer sería lograr que Michael fuera acusado de un crimen. “Si entra al sistema, comenzarán a llevarle un registro. Ésa es la única forma en la que vas a lograr algo; nadie te va a prestar atención a menos de que ya tenga cargos en su contra.”

No creo que mi hijo pertenezca en la cárcel. Un entorno caótico solo exacerba la sensibilidad de Michael a los estímulos sensoriales y no se ocupa de su patología subyacente. Pero parece que nuestro país está utilizando la prisión como solución para las personas que sufren enfermedades mentales. Según la organización Human Rights Watch, en las cárceles de nuestro país, el número de reos con enfermedades mentales se cuadruplicó de 2000 a 2006 y sigue creciendo. De hecho, la tasa de enfermedades mentales en presos es cinco veces mayor (56 por ciento) que en la población que no está presa.

Mientras que las clínicas públicas de tratamiento y los hospitales se encuentran cerrados al tema, la cárcel es ahora el último recurso para los enfermos mentales – Rikers Island, la cárcel del condado de Los Ángeles y la Cárcel del Condado de Cook en Illinois fueron los centros más grandes de tratamiento mental en nuestro país durante 2011.
Nadie quiere enviar a la cárcel a un genio de 13 años que ama a sus juguetes y a Harry Potter. Pero nuestra sociedad, con su estigma por la enfermedad mental y su roto sistema de salud, no nos proporciona otras opciones. Y luego surge otra alma torturada que dispara en un lugar de comida rápida; o un centro comercial; o un aula de kinder. Y nosotros nos entristecemos y comentamos “Tenemos que hacer algo.”

Estoy de acuerdo. Es hora de tener un verdadero debate a nivel nacional sobre cómo tratar la salud mental. Ésa es la única manera en la que realmente podremos sanar.
Que Dios me ayude. Que Dios ayude a Michael. Que Dios nos ayude a todos.

Es muy reduccionista pensar que un problema de tal magnitud se resuelve únicamente con la prohibición de armas. Es necesario una estrategia integral para dar fin a este tipo de masacres.