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Fallece el escritor Gabriel García Márquez


El escritor colombiano Gabriel García Márquez, falleció este jueves 17 de abril a la edad de 87 años, según confirmaron sus familiares.


POR Staff Rolling Stone México  



El escritor colombiano Gabriel García Márquez, falleció este jueves 17 de abril a la edad de 87 años, según confirmaron sus familiares.

Fallece el escritor Gabriel García Márquez

El escritor colombiano Gabriel García Márquez, falleció este jueves 17 de abril a la edad de 87 años, según confirmaron sus familiares.

El Premio Nobel de Literatura en 1982, estuvo hospitalizado desde el pasado 31 de marzo en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, debido a un cuadro de neumonía e infección de las vías urinarias, donde fue dado de alta el pasado de abril.

Tan sólo esta semana se dio a conocer que el autor de Cien Años de Soledad luchaba de nueva cuenta con un cáncer linfático que se le había expandido al pulmón, a los ganglios y al hígado. El lunes pasado, Mercedes Barcha, esposa de García Márquez, dio a conocer un comunicado en el que señaló que “su condición era estable, aunque muy frágil”.

El escritor de El Coronel no tiene quien le escriba y El Amor en los tiempos del Cólera fue uno de los autores más importantes del boom latinoamericano, un fenómeno editorial surgido en la década de 1960 y 1970 con representantes como Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes y Julio Cortázar. Fue uno de los escritores representativos del realismo mágico, el cual mezcla la realidad con fantasía narrativa. Cien años de Soledad narra la vida de siete generaciones de la familia Buendía en el pueblo de Macondo, novela que le valió el premio Rómulo Gallegos en 1972 y el Nobel de Literatura en 1982.

Descanse en Paz, Gabriel García Márquez


La Otra Cartelera


En La Otra Cartelera, ‘Frankenweenie’ y ‘Memoria de mis Putas Tristes’


POR Staff Rolling Stone México  



En La Otra Cartelera, 'Frankenweenie' y 'Memoria de mis Putas Tristes'

La Otra Cartelera

Por: @Arturo Aguilar

Frankenweenie (estreno 12 de octubre)

La leyenda sobre Burton cuenta que fue precisamente Frankenweenie (cortometraje de 30 minutos que realizó en 1984) el proyecto que provocó lo despidieran de Disney por considerarlo un corto demasiado oscuro y terrorífico para niños.

Más de 25 años después, y casualmente, de la mano de Disney, Burton cumple su sueño de llevar a la pantalla grande una singular revisita del mito de Frankenstein.
Tras mostrarnos la cercana e íntima relación que hay entre Victor y su perro Sparky, la amada mascota de la familia Frankenstein muere, en los primeros minutos de película, en una notable y nada melodramática secuencia que pone el tono de honestidad sin aspavientos o dramas, con naturalidad y sensibilidad.
La construcción de la premisa resulta enormemente empática. Todos alguna vez tuvimos una mascota por la que hubiéramos hecho lo que sea, y desde la inocencia de Victor, impulsada por una recién despertada curiosidad científica (otro de los puntos interesantes de la película), resulta natural abrazar la idea de traer de entre los muertos a la querida mascota.

Es quizás en ese lenguaje sencillo y directo, sobre estas ideas e impulsos humanos (en sus extremos: del sentimentalismo de querer mantener a alguien con nosotros, a la total experimentación de atrevernos a hacer algo nuevo y distinto –incluso como sinónimo de lo que la sociedad ve como negativo o malo- a través de la ciencia) con el que Burton construye la historia el mayor atractivo de este nuevo filme.

Pero la nueva versión de Frankenweenie tiene nuevas aproximaciones formales que también resultan atractivas. A diferencia del corto de 1984, que estaba realizado con actores y locaciones, el nuevo Frankenweenie es una animación en stop-motion (técnica en la que se utilizan figuras –tradicionalmente de plastilina- y pequeñas escenografías reales para registrar cuadro por cuadro cada acción de la historia) con una mayor variedad de personajes secundarios y una atmósfera que en 3D se convierte en una experiencia atractiva de texturas, distancias y proporciones. El juego de la maqueta que el director usa con cientos de muñecos para crear una historia, se traduce bien en el extra que ofrece –para ese efecto nada más- el 3D. No cambia la película, pero es posible apreciar mejor el juego espacial que se vive en un set de este tipo.

Burton está lejos de sus filmes más complejos y atractivos temática y formalmente, pero dentro de su filmografía, FrankenWeenie recupera varios de sus intereses y gustos personales y se nota en el resultado. Una película atractiva y entretenida, con ideas y propuesta, pero que tampoco lo redimirá ante los ojos de sus fans más recalcitrantes. Los que siguen creyendo que sólo vale la pena si vuelve a hacer un Ed Wood, un Edward Scissorhands o un Mars Attacks. Y se equivocan.

Memoria de mis putas tristes (estreno 12 de octubre)

Basada en la novela de Gabriel García Márquez, la cinta dirigida por Henning Carlsen recrea la historia de un viejo periodista apodado “El Sabio” quien decide festejar sus 90 años dándose un regalo que lo hará sentir todavía vivo: una jovencita virgen.

El supuesto regalo se transforma en absoluta obsesión y enamoramiento mientras recuerda su anti-romántico pasado y confronta con su presente, la idea auto-construida de quien ha sido en el pueblo por más de medio siglo: el erudito galán del lugar.

En su forma, esta película no queda a deber. La realización es adecuada, así como los demás elementos técnicos que la componen, de la fotografía o el diseño de producción a la música o las actuaciones (Emilio Echevarría, Geraldine Chaplin y Ángela Molina), sin embargo el fondo de la obra, las reflexiones y pausas del original literario, la vorágine emocional-sentimental del protagonista, esas no logran plasmarse plenamente en la pantalla.

Si bien algo del tono y ambiente de esos universos literarios de García Márquez logra llegar a esta adaptación, mucho se queda fuera, como la emotividad de ciertos pasajes, que van dando profundidad al personaje central. Innegable la falta de un ritmo más cinematográfico pero que quizás podríamos definir como un ‘problema’ de origen. La novela de García Márquez no es de acciones, y el cine funciona mucho a partir de ese punto, y esta película intenta avanzar así, cuando el eje de su trama transcurre en sus tiempos muertos y en las soledades de los personajes.

Aunque no plenamente lograda en la exploración de ese sentido narrativo, sin duda ofrece cosas interesantes en una historia emotiva y humana sobre el amor, el deseo y la obsesión después de los 90 años.


Invadiendo: La Vida Bohéme


Gracias a su música llena de cencerros y vivas melodías, La Vida Bohéme convierte cualquier lugar en una interminable verbena


POR Staff Rolling Stone México  



Gracias a su música llena de cencerros y vivas melodías, La Vida Bohéme convierte cualquier lugar en una interminable verbena

Invadiendo: La Vida Bohéme

Por @Jorge Ramis.

Hace más de 200 años en Caracas, Venezuela, nacía el Libertador de América: Simón Bolivar. Hoy esa nación congrega una serie de acontecimientos políticos y sociales bastante complejos. Sin embargo, detrás de las rejas de unos departamentos de la capital, cuatro jóvenes ambiciosos se juntaron para crear este proyecto nacionalista.

Hace un par de meses, justo antes de que los Arctic Monkeys subieran al escenario del Palacio de los Deportes, estos venezolanos fueron los encargados de incendiar su presentación. La Vida Bohéme se había posicionado bastante bien y, gracias a su música llena de cencerros y vivas melodías que convierten cualquier lugar en una interminable verbena, fueron bien recibidos por el público mexicano.

“Tenemos demasiada mierda encima, no hay ninguna otra manera de expresarla más que ¿con armas? Tal vez por eso somos uno de los países más violentos del mundo. Primero que nada, el disco se llama Nuestra. Creo que los latinos tienen muchas cosas en común. Si padecemos un yugo, padecemos uno bastante similar. Nuestra música es eso, porque crecimos en una ciudad en la que no teníamos espacios para ir a tocar, compartir discos, crecimos con la reja puesta. Todo se convirtió en una cultura bastante solitaria. Tenemos una ansia de comulgar juntos, no hay nada mejor que estar en un concierto saltando junto a cien personas que no conoces”, dice Henry, vocalista de la agrupación.

En “Radio capital“, por ejemplo, sus analogías se convierten en música movida, con cencerros y baterías de estirpe proveniente de The Rapture. Nuestra fiesta, se menciona en tanto a la lógica del discurso de los caraqueños: la unión de los pueblos. Y su discurso nacionalista pareciera que es aburrido, no obstante, en la cuestión musical La Vida Bohéme es diversión pura. “Yo creo que al artista de hoy le toca ser bastante cínico. No se puede competir con un monstruo como el reggaetón, pero entonces utilizas un arma, no es por nada pero ¿qué es Calle 13? Es algo que se pondrá en todas las estaciones de radio y va a hacer que estas personas agarren un libro de García Márquez o un disco de Rage Against the Machine. Eso es lo mejor. Los latinos tenemos que retomar nuestra cultura”, explicó Henry.

No sólo la música es lo más importante en el concepto de LVB, también el arte, ya que cuando el cuarteto sube al escenario está totalmente invadido de pedazos de pintura en todo el cuerpo. La influencia artística es notoria y se convierte en una pieza importante del rompecabezas de LVB.

Entonces los venezolanos empiezan a sentirse orgullosos de su tierra: es la primera vez que un grupo que no trate ritmos tradicionales y folklóricos recibe atención internacional. “Para crear historia, como Sodoma y Gomorra”, en “Calle Barcelona”, otro de sus otros sencillos, circunda la enseña de LVB: son una divisa intelectual de protesta, pero ausente de agresividad, sus ritmos pegajosos son cómplices de la compleja catarsis del nacionalismo latinoamericano. Sus letras, tajantes, su música, amigable.

Puedes conocer más del grupo en facebook.com/LaVidaBoheme