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CD: Pink Floyd- ‘The Endless River’


El último viaje de Pink Floyd: Un disco principalmente instrumental que honra su legado psicodélico.


POR Staff Rolling Stone México  



El último viaje de Pink Floyd: Un disco principalmente instrumental que honra su legado psicodélico.

CD: Pink Floyd- ‘The Endless River’

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Pink Floyd
The Endless River

Columbia

Por David Fricke

The Endless River es la espléndida despedida que Gilmour y el baterista Nick Mason le hacen a Rick Wright –quien murió en 2008– construida a partir de música inédita que los tres hicieran para The Division Bell (1994).

Estados de ánimo y fragmentos –en su mayoría instrumentales–fluyen como un réquiem a través de ecos familiares. “Skins” es un viaje de vuelta a la secuencia telegráfica de “A Saucerful of Secrets” de 1968; el piano en “Anisina” es una majestuosa variación de la memorable introducción de Wright en “Us and Them” de The Dark Side. El efecto es inevitablemente cinemático, un fluido regreso a las primeras bandas sonoras de Floyd.

Una pieza de una tensión penetrantemente electrónica y una guitarra elegantemente mordaz, está correctamente titulada “It’s What We Do”. “Louder Than Words”, track vocal que cierra el disco, está socavado por el slang de las primeras líneas. Pero cuando Gilmour canta “The beat of our hearts/Is
louder than words”
, se siente, de nueva cuenta, como un aferre. Wright era la majestuosa unión en las exploraciones de Floyd, y este álbum es un epitafio inesperado y bienvenido.

Destacadas: “It’s What We Do” y “Anisina”.




Pink Floyd: El Final


David Gilmour y Nick Mason hablan de por qué su nuevo LP es, seguramente, el manifiesto final de Pink Floyd


POR Staff Rolling Stone México  



David Gilmour y Nick Mason hablan de por qué su nuevo LP es, seguramente, el manifiesto final de Pink Floyd

Pink Floyd: El Final

Por Andy Greene

David Gilmour ha pasado la mayor parte de los últimos 20 años tratando de que Pink Floyd sea cosa del pasado. La banda rompió récords de taquilla con la gira en apoyo a The Division Bell en 1994, pero Gilmour se cansó de la vida de rockstar. “Todo se estaba volviendo más grande de lo que me gusta”, dice. “No estaba disfrutando la falta de conexión con el público”. El cantante y guitarrista enfocó su energía en criar a sus propios hijos y grabar el álbum solista ocasional. Pero había una parte sin terminar de Pink Floyd: Sus últimas sesiones de grabación, que datan de 1993.

La banda –que, en ese punto, llevaba casi 10 años sin su fundador y compositor principal, Roger Waters– editó 20 horas de grabaciones para un disco de música ambiental que sería incluido en The Division Bell, plan que luego fue cancelado. Un par de años atrás, Gilmour encontró las cintas y se vio gratamente sorprendido. “Me di cuenta de que algo bueno podía salir de todo esto”, recuerda.

Para sorpresa del equipo de Pink Floyd, Gilmour decidió resucitar el material. Él y Nick Mason grabaron partes nuevas y convirtieron el viejo material en un disco nuevo, el mayormente instrumental The Endless River (que saldrá a la venta este 10 de noviembre). Gilmour jura que el disco marca el fin de Pink Floyd. “Todo lo que teníamos de valor está en este disco”, agrega. “Tratar de hacerlo de nuevo significaría usar material de segunda mano y eso no es suficientemente bueno para mí”.

Los fans no podrán esperar una gira para apoyar The Endless River –no sin su tecladista Rick Wright, quien murió de cáncer en 2008. “Sin él, es imposible”, comenta Gilmour. “Estoy disfrutando mucho mi música y mi vida. No hay lugar para Pink Floyd. El sólo pensar en hacer algo más me causa escalofríos”.

De muchas maneras, The Endless River es un tributo a Wright. Sin voces, su órgano se escucha al frente de casi cada track. “Roger y yo siempre hicimos mucho ruido en los discos y en la prensa, Rick tendía a estar un poco olvidado”, recuerda Gilmour. “Pero él era tan vital en esto como todos nosotros. Creó un paisaje sonoro completo en todo lo que hacíamos. Es algo que no puedes reproducir en ningún lado”.





Jean-Benoit Dunckel, de Air, habla sobre el nuevo disco del grupo


El integrante del dúo frances Air, Jean-Benoit Dunckel, habla sobre su nuevo disco Le Voyage Dans La Lune y la sensualidad de su música


POR Staff Rolling Stone México  



El integrante del dúo frances Air, Jean-Benoit Dunckel, habla sobre su nuevo disco Le Voyage Dans La Lune y la sensualidad de su música

Jean-Benoit Dunckel, de Air, habla sobre el nuevo disco del grupo

El integrante del dúo frances Air, Jean-Benoit Dunckel, habla sobre su nuevo disco Le Voyage Dans La Lune y la sensualidad de su música

Por Juan Carlos Villanueva

Según Bowie, el alucinado Mayor Tom compró un boleto sin retorno a la luna. Quizá se extravió en aquel lado oscuro del que tanto hablan Waters y Gilmour. Pero seguro, fue a la fiesta de cumpleaños del conejo que ahí habita. Andy Kaufman, según R.E.M., también andaba por ahí. Pero, ¿cómo poder darse una vuelta por aquel satélite y comprobar esos festines? Mejor aún, ¿cómo hacer el amor a la luna? “Es sencillo, sólo basta con dejarse ir, cerrar los ojos y entregarse al viaje”, dice Jean-Benoit Dunckel, integrante de Air. “Hemos inventado un nuevo método para llegar a la luna”, advierte con su tono exquisitamente francés. “Consiste en poner play al disco Le Voyage Dans La Lune (A Trip to the Moon) y perderse en sus ondas. Es un disco hipnótico, seductor y psicodélico. Es una experiencia cercano a un estado onírico. Entendiendo que la luna es un ente femenino, es el arte de acariciarla, besarla y llevarla al éxtasis”.

El álbum al que se refiere Dunckel es la nueva creación del proyecto francés de música electrónica Air, basado en la cinta homónima de Georges Méliès, de 1902. Para celebrar la reedición de este clásico de la ciencia ficción, los integrantes de Air crearon una banda sonora que cuenta con la colaboración de Au Revoir Simone y Victoria Legrand (Beach House). “Tenemos una fascinación por la luna desde hace años, cuando hicimos en 1998 el disco Moon Safari. Así que ahora tuvimos toda la rienda suelta para explorar ese territorio y descubrimos su la lado femenino. Hay un sentido erótico y sensualidad en este disco. Hay un escena muy apasionada en este relato, cuando el astronauta pasa una noche en la luna y, desde las estrellas en el cielo, las deidades observan cómo el navegante espacial duerme en los brazos del astro. Es un momento muy hermoso. Es erótico y conmovedor”.

Jean-Benoit Dunckel y Nicolas Godin de Air crean lo que llamarían música sofisticada de elevador e, incluso, música para tener pasión. Ambos crecieron en Versalles, y se conocieron en el colegio. Empezaron a grabar como Air en 1995 y obtuvieron popularidad en el ambiente de clubes cuando hicieron sencillos para sellos como Mo Wax y Source. En el 2000, el dúo hizo su primer soundtrack llamado The Virgin Suicides para el debut fílmico de Sophia Coppola.

Ahora, compusieron 11 cortes entre los que destacan “Seven Stars” y “Parade”. “El sonido del disco pareciera un tributo a Jean Michel Jarre, Vangelis o Isao Tomita. Tiene el sonido de la música electrónica de los años setenta, ya que usamos sintetizadores de esa época. Utilizamos melotron y teclados antiguos. Procuramos hacer canciones sencillas con letras nada rebuscadas, simplemente la idea es llevar al escucha a emprender el vuelo”, dice Dunckel.

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Viaje al lado oscuro de Pink Floyd


Roger Waters y David Gilmour desmenuzan las razones por las cuales la colaboración que generó la obra maestra de Pink Floyd estaba destinada al fracaso.


POR Staff Rolling Stone México  



Roger Waters y David Gilmour desmenuzan las razones por las cuales la colaboración que generó la obra maestra de Pink Floyd estaba destinada al fracaso.

Viaje al lado oscuro de Pink Floyd

Roger Waters y David Gilmour desmenuzan las razones por las cuales la colaboración que generó la obra maestra de Pink Floyd estaba destinada al fracaso.

Por Brian Hiatt

David Gilmour, rasguea una progresión de acordes descendentes mientras entona, sin palabras, una melodía melancólica. Sentado sobre un amplificador en el cuarto de consolas de su ostentoso “estudio flotante”, en las afueras de Londres, algo que podría ser una nueva canción de Pink Floyd, claro, si la banda fuera algo más que un simple recuerdo o más que una relación empresarial meramente cordial. “La estoy inventando mientras toco las cuerdas”, dice. La ventana contra la que su silueta se recorta nos permite ver el Támesis, rizadas sus aguas debajo de cielos grises y prematuramente otoñales.

“Hace algunos años”, añade Gilmour haciendo gala de su nítido acento británico de alta alcurnia y mostrando una terrible incompetencia en materia de cronología, “me encontraba haciendo exactamente lo mismo en la sala de grabación número tres de los estudios Abbey Road y entonces salió esto”. Cambia la pisada y toca la introducción de “Wish You Were Here”, tema de 1975. “La compuse y grabé con esta guitarra. Y es que tienes que estar atento, porque las cosas salen súbitamente”.

Wish You Were Here” es un caso muy raro en lo concerniente al catálogo de Pink Floyd, una colaboración directa e indiscutible entre Gilmour y Roger Waters (bajista y letrista de la banda, así como la fuerza creativa durante el periodo más exitoso de Pink Floyd). “Roger dijo, ‘Esa idea posee algo distintivo y a mí se me ocurre esta otra cosa’”, dice Gilmour, “y luego compusimos juntos los versos y el coro. Las letras son suyas”.

Aunque comparten créditos en otro clásico de Pink Floyd, “Comfortably Numb”, así como en algunos otros temas, Gilmour y Waters jamás constituyeron una auténtica mancuerna de compositores, al estilo Lennon-McCartney. Tal y como Waters declaró en una entrevista para Rolling Stone, realizada en 1987, poco después de su cáustica salida del grupo, “Nunca pudimos ver de la misma forma las dinámicas internas del grupo, ni lo correcto o equívoco del papel que cada uno desempeñaba”. A lo largo de las décadas, estas mismas dudas no han generado más que vagas y precarias respuestas.

Pero las relaciones son lo suficientemente cordiales actualmente como para que Gilmour, Waters y el otro integrante aún con vida, Nick Mason, hayan podido acordar cuál podría ser su último esfuerzo conjunto: un exhaustivo proyecto consistente en la paulatina reedición de todo el catálogo del grupo. Cada uno de los discos de estudio han sido remasterizados, y el trío más célebre y popular – The Wall, de 1979, Wish You Were Here, de 1975, y su obra maestra, The Dark Side of the Moon, lanzada en 1973 y a la fecha un auténtico fenómeno con más de 40 millones de copias vendidas– ostentará cajas de lujo, con todo y tomas inéditas, tracks en vivo y videos. “Nos hemos alejado de nuestra propia pedantería”, dice Gilmour. “Antes nos rehusábamos a lanzar cosas que considerábamos de ínfima calidad. Ahora, todo saldrá, de una u otra manera”.

Para conmemorar estos lanzamientos, que este mes han sido puestos en marcha con la caja de Dark Side of the Moon, Gilmour, Mason y Waters han aceptado realizar entrevistas por separado para Rolling Stone. “Es lo más cercano a Live 8”, dice Mason entre carcajadas. Se refiere al concierto de beneficencia ofrecido en 2005 con la alineación completa, que incluía al tecladista Richard Wright, quien muriró en 2008. Waters y Gilmour tocaron un set acústico el año pasado, durante un evento de caridad para los niños de Palestina. Esto, a su vez, permitió que Gilmour hiciera acto de aparición en el concierto que Waters dio en Londres durante su gira de The Wall. Mason, por cierto, les acompañó tocando el pandero, en ambas reuniones, los integrantes incluso se atrevieron a darse un abrazo.

Gilmour coloca la guitarra en un estante, donde ya cuelgan otras seis, y desplaza su masa muscular de 65 años hacia una silla ergonómica que se encuentra frente al área de controles de la sala. Lleva puesto el uniforme que le sirve para toda ocasión: un saco sport color negro, una camiseta a todas luces cara y unos jeans negros, además, zapatos de gamuza. Tal vez no se muere de ganas, pero al menos está listo para pasar un buen rato hablando acerca de Pink Floyd y The Dark Side of the Moon. “Es muy difícil sumergirse en una vida paralela tan añeja. Hay cosas cuyo sólo recordar me incomodan de sobremanera”, dice.

Rolling Stone Noviembre