Archivo de la etiqueta: RS del mes 007

Campus RS febrero


Un espacio para la difusión de ideas universitarias.


POR Staff Rolling Stone México  



Foto por: Protoplasma Kid

Campus RS febrero

Mirar con esperanza

¿Cómo evadir el miedo? ¿cómo hacer para verla a los ojos y transmitirle paz cuando ni siquiera yo la siento?

Por Nadia Alexia Illingworth

LOGO ANAHUAC.jpg

Esa tarde mientras veía las noticias junto con mis papás y mi hermano, llegué a comprender que las cosas que nos rodeaban cambiarían, que por unos días existiría oscuridad e impaciencia. La impotencia que me habitaba era mayor al saber que no dependía de mí, ni de mi familia, ni de mi gente; sino del monstruo que llegó a nuestras vidas para abrir las ventanas de la realidad que nos rodeaba.

Fueron dos días en los cuales el simple hecho de salir de nuestras casas era algo inimaginable, la alacena estaba repleta de víveres y solamente nos teníamos a nosotros cuatro, deseando con toda la fuerza que existe en un ser humano, que el agua no llegara a meterse por la puerta de nuestra casa. El silencio la invadía, sin embargo, afuera del fraccionamiento, se podía ver cómo la calle principal se había convertido en un río con la fuerza necesaria para llevarse a todo lo que se le interpusiera. Momentos de angustia, incertidumbre y desesperación fueron los que se vivieron cuando Jova nubló el cielo y enfureció nuestro mar.

Jova dejó en Manzanillo suciedad, desesperanza, tristeza, impotencia y una sociedad con necesidades, la cual suplicaba ayuda sin gritos, lo hace con miradas de desconcierto. “El gobierno tiene la culpa’’ era lo que se escuchaba entre la gente que sacaba el lodo de sus casas o tiraba los muebles que ya no tenía caso conservar. Gente llorando por la pérdida de sus familiares o de su hogar, todo esto provocó en mí un resentimiento hacia la naturaleza ¿Por qué mi gente debe sufrir?

Lulú, era su nombre, una pequeña niña de Cihuatlán, un pueblo a 30 minutos de Manzanillo. Comparado con otras localidades, el lugar estaba devastado, el agua y el lodo habían alcanzado metro y medio de altura, las calles habían desaparecido y por supuesto la infraestructura y la cultura de las personas no ayudó para evitar el desastre. La gente había quedado enterrada en los montones de lodo, la comida y la ropa escaseaban. La alerta de peligro nunca significó nada para ellos, tan sólo fue una llamada de atención insignificante, una más de tantas y un desastre más que se desviaría.

El haber conocido a esta pequeña me hizo sentir lo que de verdad es el miedo, sólo fueron unos minutos en los cuales con una simple sonrisa tras el cubrebocas que utilizábamos; ya que el olor era insoportable y una caja de despensa, pudimos conectar, pude leer lo que su mirada trataba de decir “Ayuda”. Los damnificados lloraban en nuestros hombros, algunos de agradecimiento, otros de resignación al recordar como lo poco que tenían, desapareció en una noche. Pero los niños son diferentes, su inocencia ante la situación hacia lo inimaginable; olvidar por un minuto la tristeza que se respiraba en el ambiente.
Lulú no era como todos los niños, ajenos a la situación, ella tenía la mirada perdida, su casa nunca había sido un gran palacio ni mucho menos, era una pequeña choza hecha de palmas y lamina que se encontraba en las zonas más pobres de Cihuatlán y por consiguiente resultó ser de las más afectadas. Pero para ella y su familia era su hogar. Vivía con su mamá, una mujer soltera y trabajadora, que todos los días salía en busca de latas para poder vender y sacar para comer, para ellas dos y su hermano menor, su única familia y nadie más que los protegiera. Cuando me acerqué a ella, vio que en una bolsa transparente habían peluches, sus enormes ojos cafés detonaron un brillo que no podía ser ignorado, tardé unos segundos en darme cuenta que deseaba uno. “¿Quieres uno?”, le pregunté, y sin dejar de ver la bolsa, contestó: “¿Ahí tienes casas nuevas?”, no supe que contestar, no sabía qué decir. Me acerqué a ella, le acomodé su pelo lacio y despeinado, ante mi silencio sus ojos se inundaron en lágrimas, me tomó la mano y me guió por lo que algún día fue su casa. Ropa llena de lodo, trastes tirados, los muebles destruidos, las palmeras que servían como techo caídas y las laminas tiradas, su mamá buscaba cosas que pudieran servir y al notar mi presencia se limpió las manos con su ropa y me saludo, unas manos sucias y esperanzadas, no me importó tomársela y sonreírle como lo había hecho con su hija.

De regreso, iba en la caja de la camioneta, con el olor a mar invadiendo mis poros, y pensé, ¿Qué será de Lulú? Miles de historias me vinieron a la mente, sin embargo hasta el día de hoy no sé de ella, sólo se que me enseñó a mirar con esperanza.

____________________________________________________________

Tacones solitarios en las calles

Miles de mujeres en México se dedican y/o son explotadas para prostituirse

Por Mayra Verónica Gasca Rodríguez

univPanamericana-1

Foto por: Thomas Leuthard

Foto por: Thomas Leuthard

En la Ciudad de México hay zonas muy populares por estas meretrices y que la mayoría de los ciudadanos sabemos exactamente donde encontrarlas. Una de estas zonas es Tlalpan.

A lo largo de esta avenida, podemos encontrar un sinfín de mujeres de edades que varían entre los 15 hasta los 50 aproximadamente. Desde que empieza Tlalpan, aparecen ropas llamativas, diminutas y autos que disminuyen la velocidad en busca de placer a cambio de dinero y mujeres ávidas de plata que se ofrecen a quien esté dispuesto a contratarlas.

Un día por la tarde estuve caminando cerca de una hora (sin ser muy obvia) para ver cómo es que se comportaban y a quién me podía acercar para poder preguntarles de la vida tan peculiar que llevaba. Casi cuando me iba a dar por vencida y regresarme a mi casa, me senté en una parada de autobús en donde se encontraban dos de estas mujeres. Las abordé preguntando cómo le hacia para llegar a cierto lugar y ellas, amablemente, me ofrecieron su ayuda. Al acercarse, percibí un aroma muy fuerte de perfume barato mezclado con sudor. Nunca me dijeron sus nombres y no fue mi intención preguntarles, pero al estar hablando me percaté que una de “ellas” era hombre.

¿No se cansan con esos tacones?
H: Trabajo es trabajo [risas].
M: Claro que nos cansamos pero tenemos que sacar para la papa.

Ha de ser difícil estar paradas todo el día, yo no se si podría.
M: Para eso esta la banquita, ahí hasta comemos.
H: No se te ocurra hacerlo nunca. Todo mundo piensa que es fácil y no lo es.
No se ve fácil.
H: La gente cree que sí lo es. Creen que sólo es estar parada todo el día esperando clientes y si no hay te vas a tu casa, pero no. Si no llevamos cierta cantidad por día mejor ni llegues, mami. A ésta hasta le sacaron un diente de la madriza que le metieron el otro día.

¿Les da miedo denunciar?

M: Es más fácil que nos metan al bote a nosotras que a ellos. Quién le va a creer a una piruja. Y así te lo dicen, los mismos policías vienen en la madrugada y tienes que darles un buen servicio, porque si no, no sabes la que te espera.

A veces me pregunto cómo gente tan buena termina trabajando en esto.
MyH: [ríen].
H: No somos gente buena, al menos yo estoy aquí porque quise.

¿Cómo?

H: Desde chico empecé a drogarme y a los 17 ya no podía estar sin una inyección o la coca y no te creas yo iba a la escuela, tenía papá y mamá pero mírame, me salí de la casa porque a esa edad crees que no te quieren y los odias y no ves todo lo que hacen por ti. ¿Cuántos años crees que tengo?

No lo sé ¿40?

H: [risas]. Tengo 22.

La conversación siguió. La señora de 33 años tiene tres hijos y vive en Bucareli. Cuando le toca trabajar en la tarde, su vecina va por sus hijos a la escuela y les da de comer y cuando le toca trabajar en las noches los deja dormidos y apenas alcanza a llegar por las mañanas a bañarse y llevarlos a la escuela.
Esta es la realidad. Esto es México.

BANNER BAJA NUESTRA APP 165


Asuntos Internos: Impunilandia o el país de “los moches”


La corrupción se siembra desde la base de nuestra esctructura social hasta los políticos, aprovechando su poder, que velan por intereses personales logrando una perfecta impunidad en el Estado de Derecho. Ejemplos sobran y México se acaba a “mordidas”.


POR Staff Rolling Stone México  



La corrupción se siembra desde la base de nuestra esctructura social hasta los políticos, aprovechando su poder, que velan por intereses personales logrando una perfecta impunidad en el Estado de Derecho. Ejemplos sobran y México se acaba a “mordidas”.

Asuntos Internos: Impunilandia o el país de “los moches”

Por Enrique Hernández Alcázar.

Cualquier día entre semana, orillado en una de las avenidas más transitadas de una de las ciudades más grandes del mundo, un automovilista enreda un billete de 50 pesos en la palma de su mano. Estampado en lila sobre el papel moneda, “El Siervo de la Nación” (osea, el de la marca del arroz) es testigo mudo de cómo, muy discretamente, el conductor del vehículo lo entrega al despedirse en la mano del oficial de tránsito que lo detuvo por infringir alguno de los 48 artículos del Reglamento de Tránsito de la Ciudad de México y la Zona Metropolitana, claro, previa amenaza de llevarse su “unidad” al corralón y estropearle su ajetreado y productivo día.

Ese pequeño acto ocupa el escalafón más bajo en la estructura social de la corrupción y es la puerta de entrada (junto con robarse un chicle y no decir nada) al mundo del “cochupo”, la transa y, por ende, de la impunidad (porque ni el policía vial ni el automovilista terminaron ante un juez o en la cárcel).

La reproducción en masa de esa mordida, sus derivados y más sofisticadas ejecuciones han tenido a bien colocarnos en el lugar 103 de entre 174 países evaluados en el Índice de Percepción de la Corrupción 2014 realizado por Transparencia Internacional.

CONTENIDO 1 marzo