septiembre 12, 2021

A 50 años de Avándaro: el día que la represión se hizo amor libre y los autos se cambiaron por guitarras

Cuando la juventud y el rock mexicano perdieron la inocencia.

Desde mediados de los años sesenta, el gobierno del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz, no buscaba establecer una comunicación con la juventud, y es que existe una denostación sistémica a los estallidos sociales, mismos que se demeritaron en los medios de comunicación. Bajo este contexto, la represión social se encontraba en un punto máximo de efervescencia.

En la capital, la mano dura del entonces regente, Ernesto P. Uruchurtu, acentuó la represión, para ese momento el rock, significaba perturbación a la paz pública, así como un insulto a las buenas costumbres; su plan de acción: oponerse tajantemente a cualquier manifestacion, cultural y musical.

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Se estaba viviendo uno de los primeros movimientos musicales conocido como la onda chicana, donde el rock, tenía un estilo muy apegado al estadounidense, ácido y psicodélico. Florecieron entonces centenas de bandas por todo el país, las cuales tomaban las explanadas universitarias, salones y cualquier lugar posible para expresar su arte.

Agrupaciones como Los Dug Dug’s, Peace and Love, El Ritual, La División del Norte, Javier Bátiz, entre otros, forman parte de este movimiento.

“Se llamaba Onda Chicana, porqué la mayoría de las bandas que tocábamos en esa época teníamos nombres gabachos, aparte ya compononíamos y cantábamos canciones originales en inglés. De hecho, todo el repertorio de Three Souls In My Mind, es en inglés”

Alex Lora

Era 1971 y en Valle de Bravo, una localidad situada en el Estado de México, se había hecho tradicional el llamado Circuito Avándaro, una carrera de autos que se organizaba desde finales de los años cincuenta, pero, a la que entonces planeaba dársele un giro pues en 1969, el piloto Moisés Solana, había fallecido y a manera de luto la carrera había sido cancelada; la idea de sus promotores era retomar el evento ofreciendo una noche mexicana con la participación de los grupos de rock más importantes del momento.

“Esto (el festival), sólo se pensó como una convivencia previa para los pilotos participantes y sus familias. Los organizadores no tenían idea de qué podrían presentar y me buscaron. Querían dos grupos para amenizar el evento, al primero que busqué fue a Bátiz, pero rechazó la oferta»

Armando Molina

Los encargados de organizar la carrera no estaban realmente vinculados al medio musical, sino al deportivo: Eduardo y Alfonso López Negrete, así como Justino Compean, eran jóvenes dedicados al negocio del automovilismo, junto a Luis de Llano Macedo, quién a su vez, era el director de promoción del entonces Telesistema Mexicano, iniciaron la logística contratando a Armando Molina, manejador de grupos musicales, él, sería el encargado de la curaduría el evento. Finalmente el cartel quedó integrado por doce conjuntos, cambiando la idea original de sólo presentar dos.

Considerado como el Woodstock mexicano, el Festival de Rock y Ruedas de Avándaro, iniciaría la noche del sábado 11 de septiembre y terminaría la mañana del domingo 12, dando paso a la carrera de autos. Sus organizadores, no imaginaban entonces como aquella convocatoria replicada una y otra vez en los medios de comunicación, lograría atraer a miles de jóvenes, sólo se esperaba la llegada de los 40 mil boletos vendidos, pero, el aforo se vió por encima de los 300 mil asistentes.

Tal fue la magnitud, que las autoridades del municipio vieron en peligro la seguridad del evento, por esa razón el secretario de gobierno en turno, Ignacio Pichardo, obligó a los hermanos López Negrete permitir el libre acceso de aquellos que no contaran con entrada, con la finalidad de evitar actos de irrupción violenta.

De aventón, en camionetas y sobre el techo de vehículos, iban llegando, otros tantos hicieron una cadena humana, desfilando sobre la carretera para llegar al pequeño poblado. En los parajes cercanos al lugar se instalaron casas de campaña, donde la multitud juvenil iba por el rock, así que al final la carrera terminó cancelándose. Todo lo políticamente correcto cesó ese día, todas las palabras reprimidas se dijeron como un canto libre, donde el corazón juvenil latió en armonía; no hubo alborotos ni violencia alguna, sólo la libertad desfogándose sin distinción.

Los platos rotos después de Avándaro

El miedo a una represión por parte del gobierno era latente e inevitable, el acto opresivo llegó días después de la celebración: una feroz campaña en los medios de comunicación para desprestigiar y desvirtuar el festival acaparó las primeras planas de la prensa, el rock se denostó gravemente durante el resto del sexenio, todos los espectáculos referentes al género fueron cancelados y se prohibieron a futuro.

Acto seguido, el presidente Luis Echeverria procedió a disolver el movimiento de la Onda, las reuniones masivas quedaron vetadas, canciones de éxito de Avándaro y otras más fueron prohibidos en la radio, junto a la suspensión de Félix Ruano Méndez  y Agustin Mesa de la Peña, locutores de Radio Juventud, una de las estaciones más influyentes de ese entonces. Justino Compean tuvo que abandonar el país por algunos años y la emblemática revista Piedra Rodante, fue sacada de circulación para 1972. Fue la expresión más pura y legitima de la contracultura, México tuvo que ver desde lejos la década dorada del rock.

Esta censura se postergó durante 10 años, terminando de manera parcial en 1981, cuando Queen ofreció dos presentaciones en el país, sin incluír al Distrito Federal. Ya para 1985 inició el movimiento Rock en tu Idioma, encabezado por exponentes latino e iberoamericanos antes que nacionales, lo que dejaba ver el rezago en la escena, pero avanzando a una mayor fluidez y libertad.

«Los artistas más valientes se fueron a los hoyos funky, que eran lugares espantosos. Llegaron ahí porque les quitaron la televisión, la radio, sus fuentes de trabajo. Avándaro acabó con la carrera de muchos».

Armando Molina

El material gráfico que se había compilado por parte de Telesistema Mexicano, fue extraviado y las únicas ocho horas que recrean el histórico evento, son las realizadas en formato súper-8 por el cineasta Alfredo Gurrola, quién acompañado por los fotógrafos Héctor Abadie, Sergio García y David Celestino, grabaron el festival para la programación de la recién fundada cadena Cablevisión. A pesar de ello, el Festival de Rock y Ruedas Avándaro, quedó como una de las manifestaciones musicales y culturales más importantes del rock mexicano.

En este articulo: Avándaro
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