mayo 25, 2020

Bradley Nowell: vida después de la muerte

Dos meses previos al lanzamiento del mejor álbum de su banda, Bradley Nowell se clavó una jeringa en el brazo y murió. En los 18 meses desde que pasó, Sublime se ha convertido en el acto de rock más grande de 1997.

La historia de Sublime está llena de vuelcos tristes y extraños, pero esta es, tal vez, la más extraña: desde que el líder Brad Nowell sufrió una sobredosis antes de que su banda se convirtiera en un fenómeno, antes de que tuviera la oportunidad de convertirse en una auténtica estrella de rock, su muerte ha sido, extrañamente, libre del mítico impacto de muchos fracasos de estrellas de rock. El éxito de Sublime ha llegado como una sorpresa forjada lentamente, en lugar de un luto precipitado, y está basada en el dulce funk que Nowell cocinó durante su muy corta aventura de 28 años con el punk, hip-hop, reggae y cualquier otra música en la cual él pudiera poner sus manos. Bradley Nowell murió el 25 de mayo de 1996 en una habitación de hotel de San Francisco, después de inyectarse heroína mucho más potente que el alquitrán café mexicano del que él estaba acostumbrado. Su muerte vino siete días después de su boda con Troy den Denkker, quien había dado a luz a su hijo, Jakob, 11 meses antes; dos meses antes del lanzamiento de Sublime, el álbum que haría a su banda famosa. La muerte de heroína del tecladista de gira de Smashing Pumpkins, Jonathon Melvoin, obtuvo más atención en la prensa. De hecho, muchos de los admiradores de Sublime no saben que Nowell ya no está. “Aún nos llegan muchas cartas para él”, dice Jim, el padre de Brad, quien maneja su herencia. “Tengo una caja llena de ellas en mi oficina”.

Al menos, una caja llena. Para abril de 1997, un poco menos de un año antes después de la sobredosis de Nowell, Sublimehabía entrado el Top 20 de Billboard, y el primer sencillo del álbum, el maravilloso y alegre “What I Got”, se fue al Número Uno en la lista de Rock Moderno. Y ese era solo el comienzo. A través de 1997, Sublimeprodujo éxito tras éxito, y el álbum ha vendido más de 2 millones de copias a la fecha. El seguimiento de “What I Got” era la balada teñida de reggae “Santeria”; después vino el evasivo ska de “Wrong Way” y el sencillo sabor a dance hall “Doin’ Time”, el cual Nowell construyó alrededor de la melodía del estándar de Gershwin, “Summertime”.

Dieciocho meses después de la muerte de Nowell, Sublime vende alrededor de 40 mil discos cada semana; en noviembre, MCA lanzó Second-Hand Smoke, una colección de canciones tempranas, material sin publicar, remixes y tomas alternas. Los miembros sobrevivientes de Sublime recientemente firmaron un trato para lanzar al menos tres álbumes más de material archivado durante los siguientes años. Increíblemente, la banda que ya no es una banda se ha convertido en quizás el acto de rock americano más grande de 1997.

Estas son algunas de las cosas que Brad Nowell amaba: el surf; comer; drogas; su perro, Louie; su hijo, Jakob; su esposa, Troy; y la música —tal vez la música, sobre todo. Creció dotado e inclinado musicalmente: su madre era una cantante de tono perfecto, y a su padre le gustaba tocar canciones folk en la guitarra. En navidad, las guitarras acústicas aparecían y Brad pasaba horas tocando y cantando con su padre, abuelo y tío. Él devoraba sonidos, y podía coger una melodía en la guitarra después de escucharla una sola vez. Para cuando tenía 13 años, empezó su propia banda, Hogan’s Heroes.

Nowell tenía 10 años cuando sus padres se separaron. Él vivió con su madre, Nancy, durante cuatro años antes de mudarse de nueva cuenta a la casa de su papá en Long Beach, California, en 1981. Era un chico inteligente que obtenía buenas notas y tenía el cerebro para hacer que su hermana, Kellie, hiciera su tarea cuando él no quería hacerla. “Él era, probablemente, el doble de inteligente de lo que yo soy”, ella dice, “pero no tenía una mentalidad escolar”. Los consejeros escolares tenían un nombre para lo qué estaba mal con los niños como Brad, que fallaban en cumplir con su obvio potencial — desorden de déficit de atención— y una droga para ello, también: Ritalin.

Contrario a los más ricos y más blancos suburbios del Condado Orange, donde la mamá de Brad vivía, Long Beach es un vibrante y viejo pueblo portuario de 450 mil habitantes, donde las comunidades acomodadas de la bahía — Belmont Shore y Naples — y barrios latinos, afro-americanos y del sudeste asiático más al interior. Con rentas más baratas que en Hollywood, y mucho más espacio disponible, Long Beach tenía un próspero arte underground en los años ochenta, así como una escena musical en la cual las culturas del punk, surf y hip-hop se enfrentaban y se mezclaban libremente.

Nowell era un maestro en fusionar estos sonidos en algo nuevo. Desde las primeras grabaciones de Sublime, su combinación de ska, dub, punk, funk, rap, reggae y heavy metal parecía menos una síntesis que un producto natural de la cultura juvenil de Long Beach. A pesar de que había algunos bares dónde tocar, las fiestas caseras brindaban un par de cientos de dólares cada fin de semana —lo suficiente para comprar toda la cerveza, marihuana y gasolina que la banda necesitaba. En 1990, un semestre antes de graduarse de la Universidad Estatal de California en Long Beach con un título en finanzas, Nowell renunció para dedicar todo su tiempo a la banda. Para entonces, Sublime era bien conocido arriba y debajo de la costa; desde San Diego hasta Santa Bárbara, los pueblos de playa eran su territorio.

En fotografías de este periodo, Nowell luce como el prototipo de una rata de surf del sur de Caifornia: cabello decolorado por el sol, gafas de sol envolventes y camisas hawaiianas. Con su cara redonda y sonrisa relajada, el angelical cantante emitía una calma desconcertada. Pero detrás del suave exterior, Nowell estaba turbado. “Siempre había una parte de él que no estaba satisfecha”, dice su viuda, Troy Nowell. Sentada en el patio de la casa del papá de Nowell, mirando las calmadas aguas de la Bahía de Alamitos, ella recuerda su vida de tres años con Brad. “Por más feliz que era el 80 porciento del tiempo, había un 20 porciento de él que no podía ser feliz, y eso lo consumía”.

Nowell luchó con su adicción durante la mayor parte del tiempo que Troy lo conoció, comenzando cuando su trato con MCA estaba en el horizonte, en 1994, y de nuevo cuando Troy se embarazó un año después. Pero sus amigos dicen que él nunca podía estar cómodo sin la droga. Troy culpa al Ritalin que le dieron como niño por haber creado su antojo por las drogas, pero también culpa otra cosa: “Él quería ser una estrella de rock. Él decía que eso era muy rock & roll. Perry Farrel y Kurt Cobain, y todos esos tipos se drogaban, y Brad quería ver cómo era eso. ¡Y después comienzan a pensar que escriben mejor música!, Robbin’ the Hood [el segundo álbum de Sublime] fue escrito cuando Brad estaba en su peor momento de estar colgado. Es un gran álbum, pero es todo acerca de su abuso de la heroína: ‘Ahora tengo la jeringa/Puedo dejarlo pero no puedo respirar/Adelante y quiero más, más/Un día, perderé la guerra’”.

Sublime era una banda de fiestas. Tocaban en fiestas caseras, fiestas de playa, fiestas de fraternidad; y si no había una fiesta, llevaban una consigo. Eran, la gente te dirá, adorables, pero también eran, la misma gente testificará, fuera de control. Amaban hacerse mierda, y amaban hacer las cosas mierda, y tenían muchas maneras de hacerlo. A veces, Nowell empeñaba los instrumentos de su banda antes de una tocada con el fin de pagar su hábito. Otras veces, la banda iría de fiesta un día antes de un gran concierto y arruinaban una oportunidad de oro. Por ejemplo: 17 de junio de 1995 — Sublime fue invitado a tocar en el KROQ Weenie Roast en Los Ángeles, al lado de Bush y Hole, en ese tiempo no tenían más que dos álbumes independientes y un éxitoso sencillo local, “Date Rape”. Imprimieron 40 pases de backstagepara sus amigos, familia y perros. Para el final del día, Louie, el amado dálmata de Nowell, ya mordió a la pequeña niña de un ejecutivo de disquera, y uno de sus amigos había vomitado encima de Kennedy, de MTV, mientras ella entrevistaba a la banda.

Aquí está la última variante: en septiembre de 1997, Eric Wilson y Bud Gaugh — el bajista y baterista de Sublime — vuelan a Nueva York para los MTV Video Music Awards. La banda había sido nominada para el mejor video alternativo. El dúo ha estado bebiendo durante la mayor parte de la noche, y para cuando su categoría aparecia, Gaugh estaba derretido en su asiento y Wilson estaba chupando un vodka tonic en el bar del lobby.

Representantes de MCA los acorralan justo antes de que ganen, y los avientan al escenario, seguidos por Troy Nowell y Marshall Goodman, el DJ del grupo. Aturdido por la el centro de atención, Gaugh hace un pequeño baile y balbucea algunos agradecimientos a amigos y familia. Luego, el pesado Wilson levanta la brillosa estatuilla de la banda, levanta un puño e incongruentemente deja escapar, “¡Lynyrd Skynyrd!” Gaugh, dándose cuenta de que el comentario de su compañero necesitaba aclaración, agrega, “por escribir la melodía ‘Workin’ for MCA’”. En el medio de su espectáculo, Goodman llega al rescate, puntuando muy sobriamente, “todo esto es para Bradley Nowell —paz”.

Un mes después, Wilson y Gaugh están en ambientes más familiares —sentados con sus novias alrededor de una mesa de picnic en Long Beach Sport Fishing, una tienda de pesca, restaurante de mariscos y operación de alquiler de botes que luce como como si hubiera estado encaramado en este muelle oxidado desde mucho antes de que las refinerías de petróleo salpicaran el paisaje.Vistiendo gafas de sol envolventes, una playera holgada, shorts que revelan bastantes tatuajes, y un corte de pelo fresco, Gaugh está ansioso por explicar las metidas de pata en el escenario de él y Wilson en Nueva York.

“Todo empezó con el tequila,” Gaugh comienza. El día anterior al show, el baterista había estado pescando con su novia en Cabo San Lucas, un pueblo de fiesta en la punta de la Peninsula Baja de México, y compró una botella de tequila de $85 dólares como un regalo para su papá. Pero para cuando se encontró con Wilson al día siguiente en Nueva York, la botella lucía muy bien como para guardarse. Así que los dos decidieron “tener un pequeño shot de victoria”, como dijo Gaugh. “Pensamos, ‘Como sea, aunque no ganemos, hay que tomarnos esta mierda’. Así que para el momento en que nos subimos al escenario, hombre, estábamos ahogados”. Él mira hacia los botes pesqueros mecerse cerca del muelle. “Supongo que olvidamos agradecer a un par de personas”.

Wilson, agarrando una margarita, se estremece ante el recuerdo. “Mira, ya estábamos bastante borrachos en el hotel cuando le dije a Bud, ‘Sabes, si ganamos, deberíamos decir “¡Lynyrd Skynyrd!”’, Bud había mencionado algo acerca de la canción que hicieron acerca de trabajar para MCA. Así que cuando nos subimos, estaba tan estupefacto que solo dije ‘¡Lynyrd Skynyrd!’. Eso era todo lo que podía decir”.

La conversación se deja llevar hacia los recuerdos de los primeros días de Sublime. “Era muy divertido para nosotros cuando viajábamos en una van y dormíamos en los pisos de la gente”, Wilson dice melancólicamente. Estos días, Wilson y Gaugh comienzan la mayoría de las mañanas con un toque en una bonga y continúan fumando hasta la noche. La destrozada casa victoriana de dos pisos de Wilson en Long Beach es su sede central y el espacio de prácticas de su nueva banda, los Long Beach Dub All-Stars. Tiene la emoción de un centro de reunión universitario, con un revolvente elenco de personajes holgazaneando en los sillones y sillas, botellas de cerveza cubriendo cada espacio plano, bongas en el final de las mesas y tres Rottweilers que ladran agresivamente y rechinan sus dientes ante recién llegados.

Wilson y Gaugh, quienes sus familias vivían cruzando un callejón la una de la otra, han sido amigos desde la infancia, cuando comenzaron a tocar música juntos y surfeando en la cercana playa Seal. Cuando las bandas punk como the Minutemen venían al pueblo, Gaugh y Wilson siempre estaban en el borde del escenario. (de hecho, la letra de Minutemen “punk rock cambió nuestras vidas” fue sampleada en la primera línea del debut de 1992 de Sublime, 40 Oz. to Freedom.)

El papá de Wilson, Billy, un baterista que iba de gira con grandes bandas en su juventud y tocaba en un crucero durante la Gran Depresión, fue el maestro de batería de Gaugh. A pesar de que Billy Wilson era mucho más viejo que los padres de los amigos de Eric, él también era mucho más genial; fue él quien introdujo a su hijo a la marihuana. “Supongo que le gustó cuando se juntaba con todos esos gatos jazz”, dice Eric de su padre. “Fumaba de vez en cuando, y para esconder el olor cargaba una botella de Binaca”.

Wilson tocó la trompeta por un tiempo, pero dice que no era bueno en ello y se cambió a la guitarra, y después al bajo. Cuando estaba en sexto grado, conoció a Nowell.  Los dos comenzaron a tocar música juntos antes de que Nowell se fuera a Santa Cruz, a comenzar la universidad en la Universidad de California. Durante una de las vacaciones de Nowell, Wilson le presentó a Bud Gaugh, y los tres comenzaron a tocar juntos. Después de grabar muchos cassettes caseros y venderlos en conciertos, Sublime entró en un estudio de Long Beach en 1992 para grabar 40 Oz. to Freedom.El álbum, el cual la banda lanzó bajo su propio sello, Skunk, triunfó en un nivel de boca a boca.

Pero para aquel entonces, Nowell ya había comenzado a experimentar con drogas duras, y para cuando Sublime comenzó a trabajar en el siguiente, Robbin’ the Hood —del cual la mayoría fue grabada en una casa donde se vendía crack — su adicción estaba fuera de control. Gaugh intentó llegar a su compañero de banda — pero usualmente, lo hacía de maneras destructivas. “Quería darle una paliza”, recuerda Gaugh, quien había estado enganchado en speed y heroína durante años. “Ósea, yo también había estado ahí y aún estaba batallando con eso. Así que fui todo lo que pude durante ese tiempo. Intenté ser su consciencia; intenté ser su enfermero. Incluso intenté ser su amigo de drogas; digo, nos drogamos juntos un par de veces”.

Nowell conoció a Troy en 1993, en un concierto de Sublime en San Diego. “Al principio eramos solo amigos, y nos mantuvimos como amigos durante mucho tiempo”, dice. “No fue hasta 1995 que comenzamos a salir”. Mientras que Nowell estaba enajenado con sus amigos, compañeros de banda y su familia, Troy era la única persona con quien podía hablar. “Él ya le había prometido a todos que dejaría de hacerlo y había pedido ayuda”, ella dice. “La gente lo ayudaba y luego él los lastimaba. Así que cuando llegué yo, aún no había sido engañada por él”.

La posibilidad de firmar con una disquera grande era algo importante para Nowell, así que cuando Sublime comenzó a hablar con MCA, en 1994, él estaba verdaderamente determinado a estar limpio. “Él mismo decidió que quería ir a rehabilitación”, dice Troy. “Él sabía que tenía que limpiarse antes de que lo de MCA pudiera suceder”. Nowell sí estuvo sobrio por un tiempo, pero en febrero de 1996, cuando la banda viajó a Austin, Texas, para comenzar a grabar Sublime en el Estudio Pedernales de Willie Nelson con el productor Paul Leary de los Butthole Surfers, Nowell regresó a la heroína más vigorosamente que nunca. “Son los chicos más dulces, pero el estudio era un caos”, dice Leary. En días buenos, se presentaban a las 9 de la mañana con margaritas en una mano e instrumentos en la otra y comenzaban a trabajar; en días malos, casi quemaban el lugar. “Había momentos en los que alguien tenía que ir al baño a ver si Brad seguía vivo”, dice. El uso de drogas de Nowell se convirtió tan intenso que Leary lo regresó a Long Beach antes de que el disco estuviera completo. “Le tomó tres días regresar a la realidad”, Jim Nowell recuerda. “Fue lo peor que alguna vez lo ví”.

El cielo de Long Beach está despejado hoy, y Troy Nowell está tumbada en una silla lounge en el patio de la casa de sus suegros, una modesta casa amarilla de dos pisos en un buen barrio. Tiene cabello largo, con mechas rubias y está vestida con shorts de ejercicio negros y una blusa blanca que parcialmente expone un tatuaje de una rosa en su brazo derecho. Cuando ella habla, su voz tiene un filo áspero, malgastado por el cigarro. “¿Viste el tatuaje en mi espalda?”, pregunta, volteándose para revelar dos caracteres chinos. “El de arriba significa ‘estar de luto’, y el de abajo significa ‘esposo’”. Se ríe y prende otro Marlboro mientras el pequeño Jakob de dos años corre en una pequeña camiseta con Big Kahuna garabateado en el frente. “Esta mañana, fue muy malo en el supermercado”, dice. “Ahora está actuando mucho mejor, ¿verdad, Jake?” Jakob asiente enérgicamente, y puedes ver a Brad en su casa y a Troy en sus ojos de media luna. “A veces, Jake dice algo que quiero que Brad escuche”, ella dice, “pero no puede, porque ya no está aquí”.

Troy den Denkker nació y fue críada en una vivienda de San Diego donde las drogas y el alcohol siempre estaban presentes. Su madre estuvo enganchada al speed durante la infancia de Troy, y su padre era un motociclista que hacía fiestas frecuentes en su casa. “Eran gente maravillosa”, Troy subraya. “Los amaba a todos. Ellos eran reales”. Troy te mirará directo a los ojos y te dirá exactamente por qué estaba atraída a Brad Nowell. “Amo a los drogadictos”, ella dice. “Fui a ver esa película Boogie Nights la otra noche, y, yo conocía a todas esas personas. Cuando se acabó, me volví hacia mi amiga y eso fue lo que le dije: ‘amo a los drogadictos’. Supongo que son el tipo de gente con la que estoy acostumbrada a convivir. Son geniales; están locos”.

Troy, quien está estudiando para ser una consejera de abuso de sustancias, dice que ella y Brad pasaban mucho tiempo hablando de sus problemas. “Yo era muy comprensiva”, dice. “Y Brad era muy abierto al respecto. Lo utilizaban como un medio para obtener atención. Eso es lo enfermo de los adictos a la heroína. Son como, ‘Cuídame’. Son como cachorros. Y supongo que yo quería cuidar de él”. Ella también estaba más que lista para que él estuviera limpio cuando decidió regresar a rehabilitación en 1995, poco después de que Troy supo que estaba embarazada.

“Al principio yo aceptaba su comportamiento, pero después había mucho más en riesgo”, dice. “Habíamos comprado esta hermosa casa, tuvimos a nuestro hermoso hijo, estábamos a punto de casarnos y me estaba volviendo loca. Sentía que no tenía a nadie con quién contar. Toda su actitud era como, ‘Mira todo lo que tenemos, puedo tener una recompensa de vez en cuando’. Él quería recompensarse a sí mismo. Era como ‘No estoy lastimando a nadie, solo lo estoy haciendo este día’”.

Pero un día se convirtió en una semana, y pronto Brad estaba en problemas de nuevo. “Me asustó mucho”, dice Troy. “Y lo que era tan horrible es que cuando estaba drogado, él se ponía tan feliz y eufórico. Yo decía, ‘¿Por qué no puedes estar así de feliz cuando no estás drogado?’”. Ella pausa y mira hacia otro lado. “Se puso muy feo,” por fin dice, “y eso lo destruyó”.

“Sabes, lo que me tranquilizó más después de que Brad murió”, continúa, “fue cuando su primer amor, Eileen, vino conmigo y me dijo, ‘él hizo todo lo que él quiso hacer, y luego se fue a dormir. Estaba cansado y se fue a dormir’. La manera en que lo puso era exactamente verdad. Brad estaba tan cansado — él en verdad lo estaba. Estaba cansado de decepcionar a todos, de decepcionarse a sí mismo; estaba cansado de intentar estar sobrio, cansado de todo”.

Aunque Nowell murió muy pronto como para experimentar el éxito de su banda, para Troy, su muerte fue el capitulo final de un largo y exhaustivo viaje. “Brad había logrado todo lo que él quería”, dice. “Él siempre quiso tener un bebé: ‘Debemos tener un niño’, él dijo. Quería recuperar a su familia, porque los había lastimado tanto con su uso de drogas. Y lo hizo. Quería escribir este álbum, y quería que fuera el mejor que había escrito. Y lo hizo. Quería que su banda obtuviera gloria. Y lo hicieron”.

Ella prende otro cigarro. “No estoy diciendo que está bien que Brad haya muerto, porque no está bien. Han pasado tantas cosas que desearía que él pudiera ver — Sublime siendo nominado a premios y sus videos siendo presentados en MTV y sus canciones siendo tocadas en la radio. O cosas que pasan conmigo, y la primera persona a quien le quiero contar es a Brad, porque éramos mejores amigos. Quiero ver su reacción ante todo esto. Lo que sí está bien es que ya no hay más lucha, no más guerra. Esa lucha tomó mucha de nuestra energía y nuestro tiempo, y fue horrible. Él está en paz ahora”.

Jim Nowell y su segunda esposa, Jane, están echando un vistazo a un álbum de fotos que muestra a Brad desde su nacimiento, a través de sus años de adolescencia y universidad, sus demacrados años de droga, y su boda, un espectáculo de tema Hawaiiano en Las Vegas, cuando ya se había llenado de nuevo y había obtenido un poco de color en su cara. Jim, un tipo corpulento y amable, era un contratista, hasta que se retiró para manejar los asuntos de Sublime. El último Cuatro de Julio, él y Jane hicieron una gran carne asada en su patio e invitaron al viejo grupo de Brad. Los Long Beach Dub All-Stars tocaron la mayor parte de la tarde. Cuando comenzaron a tocar las canciones de Brad, Jim y Jane se estremecieron y tuvieron que entrar [a la casa] — no querían que su duelo arruinara la diversión de nadie.

La primra vez que conoció a Brad, dice Jane, estaba asombrada ante su buen comportamiento. “Recuerdo que le dije a Jim ‘Dios, hiciste algo muy bueno con este chico. Nunca había visto a un chico tan respetuoso e interesado en sus mayores’. Incluso cuando entró en la adolescencia, siempre te ofrecía su silla”. Ella amó a Brad desde el primer día, ayudándolo a través de sus mejores años como estudiante y músico, así como en sus peores años como drogadicto. Jane defendió la decisión de su hijastro de hacerse un tatuaje — incluso cuando su padre se opuso. “Era algo como un diseño Azteca que iba desde la rodilla hasta su tobillo”, dice, recordando el día que llegó a casa con el. “Jim estaba sentado ahí mirándolo, y le dice a Brad, ‘Así que, ¿qué tanto tiempo estará ahí esa cosa?’”.

“Yo dije, ‘si se lava, ¿verdad?’”, Jim agrega.

Jane ríe. “Brad y yo solo nos vimos el uno al otro porque estábamos pensando, ‘está bromeando’. Y luego miramos a Jim y vemos que no está bromeando. Así que yo dije, ‘Jim, ese no es el tipo de tatuajes que se lavan’. Y Jim dice, ‘¿no lo es?’, digo, ¡era un tatuaje enorme!”. Para probar su lealtad ante su hijastro, Jane levanta la pierna de su pantalón y me muestra su propio tatuaje nuevo. Es la imagen del sol de la portada de 40 Oz. to Freedom.

Hay una fiesta en la casa de Eric Wilson, la cual está en la orilla de uno de los barrios de más mala fama de Long Beach. Wilson y los Dub All-Stars están tocando una vieja melodía de Skatalites cuando Jim Nowell llega de visita. Antes de que pase mucho tiempo, Nowell toma una guitarra acústica y se une, tocando y cantando. Mientras el grupo se mueve de Skatalites a una boba versión de “Puff the Magic Dragon” y luego a una canción espontanea, todos en la casa — incluyendo un par larguirucho que había estado jugando billar en el cuarto de enfrente, un par de tipos que acababan de regresar de comprar cerveza, y Opie Ortiz, un artista del tatuaje sin camiseta que había estado trabajando en un cliente más temprano — llenan el cuarto, escuchando intencionalmente el profundo, cálido y suave canturreo de la voz del Nowell mayor.

En un punto, Wilson, encorvado sobre su bajo en una camiseta de Surf and Sail y zapatillas disparejas, se voltea hacia Nowell y sonríe. “Hey, Jimbo”, dice, “toca una de esas viejas canciones que te sabes. ¿Qué tal ‘Minnie the Moocher’?”. Durante la siguiente hora, el grupo repasa un set de éxitos pop, folk y country, como “Ain’t She Sweet?”, “Smoke Gets in Your Eyes”, y “Okie From Muskogee”. Para el final, la genialidad de este grupo de patinetos punk tatuados, se ha convertido en una dichosa, borracha y vertiginosa exuberancia.

Luego, de repente, el ambiente se torna nostálgico. “Hey Jimbo”, pregunta Jack Maness, quien ha estado tocando la guitarra acústica principal, “¿qué tal ‘Sunny’?”, se está refiriendo a la vieja canción de Bobby Hebb que Jim y Brad solían tocar juntos en las fiestas de jardín en la casa de los Nowell. “Recuerdo que un día Brad te dijo, ‘quiero tocarla así, papá’, y tú le dijiste, ‘sí, hijo, pero así, es como va’”.

Todos en el cuarto estallan en carcajadas. El tipo de carcajadas que trae lagrimas. Es una risa que ha conjurado positivamente el fantasma de Brad Nowell — aquí y ahora, en la madrugada de una mañana de octubre en Long Beach. Momentos antes de que la sociable novia de Wilson, Kat Rodriguez, rompe el silencio: “Así era Brad — en pocas palabras”, dice. “Él iba a hacer las cosas de su manera o no habría manera. Es por eso que ninguna otra banda jamás sonará como Sublime”.

Esta historia apareció en la edición de Rolling Stone del 25 de diciembre de 1997.

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